En España mueren más mujeres jóvenes por violencia machista

 

 

 

El Ministerio de Sanidad recoge desde 2003 las estadísticas de mujeres asesinadas por la violencia machista. Como se puede observar, cada año se producen más de cincuenta víctimas y el máximo registrado ha sido de setenta y tres. Al atender a la edad de las mujeres asesinadas y sus agresores, se aprecia la subida en el tramo de edad de la treintena. Sin embargo, también se registran casos durante la adolescencia y los niveles crecen enormemente hasta su punto más alto durante la veintena. En la madurez y en edades posteriores los niveles decrecen pero muestran un número de casos similares a los producidos durante la juventud. Por tanto, la gráfica resulta una parábola invertida.

 

Jagody goji natomiast mają powodu by się

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Estudiar puede salir muy caro

Hoy en día existe un gran número de alumnos universitarios que optan por buscar dinero fácil durante el curso para poder pagarlo, normalmente por falta de tiempo para trabajar. Pero, ¿realmente estos jóvenes hacen lo correcto?

Donando óvulos o esperma, o trabajando algunas horas como gogó son algunas de las salidas que se les ofrece a jóvenes estudiantes. Salidas por las que reciben grandes cuantías de dinero de manera fácil, pero en algunos casos bastante sacrificadas.

Uno de los principales detonantes de estas “novedosas” salidas económicas ha sido el denominado periodo de “La crisis española”, el cual ha marcado un antes y un después en la juventud actual. Debido a los recortes salariales, ayudas gubernamentales y el aumento desmesurado de precios, las familias se han visto obligadas a reducir gastos de manera considerable, siendo la educación universitaria una de las principales damnificadas. En el 2012 el número de solicitantes de becas en la UMH aumentó vertiginosamente a una cifra de 13.596 ,cuando en el 2009 era apenas de 9.252, dato que demuestra cómo los estudiantes  con el paso de los años han tenido que recurrir al Estado para poder ejercer su derecho a la educación, en repetidas ocasiones vulnerado, al existir una alta tasa de becas denegadas, o por la disminución de la cuantía total de las ayudas.

Los estudiantes más desfavorecidos se han visto obligados a recurrir a este tipo de prácticas, en mayor o menor medida, un tanto perjudiciales para su imagen o salud. El dinero fácil suele ser un reclamo magnífico para aventurarse en el mundo de “actividades bochornosas”.

Se puede hacer una clasificación dentro de estos trabajos calificados como denigrantes, según el grado de perjuicio sobre uno mismo. Hay casos, como la donación de esperma y/o óvulos, en que los riesgos son mínimos y no afectan a la reputación del estudiante. Sin embargo, hay casos más extremos en los que muchos se ven forzados a comerciar con su cuerpo o tentar a la ley. Ejemplos de esto pueden ser: hacer masajes eróticos, recurrir a la prostitución o “trapichear” con las drogas. En esta ocasión, la salud del estudiante puede resultar afectada por los riesgos que conlleva este ejercicio y no solo aflige al organismo, sino que puede causar trastornos psicológicos: estrés post-traumático, disminución de la autoestima, depresión…

Existen otras medidas un poco más difíciles y laboriosas para recaudar dinero pero no tienen ningún efecto negativo sobre el estudiante. Se trata del conocido crowdfunding o financiación colectiva de un proyecto. Es un método novedoso pero mucho menos utilizado por la complejidad del sistema y por el excesivo tiempo que se tarda en recibir el ingreso económico.

Al final, la opción más rápida en darte beneficios para cubrir tus gastos es la más demandada y utilizada  aunque para ello pongas en peligro tu integridad física y mental.

 

 

Valentina Guzmán M.                                                                                                                            Nuria Morilla L.                                                                                                                            Marta García R.                                                                                                                                     Jose Luis Larrosa M.

Carne sonrojada

El anuncio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la carcinogenicidad del consumo de carne roja y de la carne procesada fue muy discutido. Sin duda. Un batiburrillo de alerta, indignación y escepticismo infectó, de forma generalizada, a la población. Las asociaciones vegetarianas parecían regocijarse con la noticia y los carniceros afilaban sus cuchillos con cara de Chucky. El gracejo de las redes sociales también tuvo su dosis de protagonismo. Recordadas serán las pinceladas del tipo “la OMS declara cancerígeno el primer objeto que veas a tu derecha” o “creo que solo se referían a la carne del Mercadona”.

Así, el 26 de diciembre, con la resaca de la fiesta de Jesucristo, se cumplirán dos meses desde que todo el mundo sabe diferenciar los colores de la carne (en resumidas cuentas: que la roja de la ternera es mala y la blanca del pollo es buena). Pero, ¿qué ha cambiado?, ¿ha modificado la población sus hábitos alimenticios? La respuesta parece clara: no. Las ventas de embutidos, solomillos y patas de jamón no han decaído en exceso y el tofu sigue siendo tofu. Ante esta situación conviene debatir si somos rematadamente tontos por no cuidar nuestra dieta ni con los avisos de las autoridades sanitarias o si la OMS ha perdido su credibilidad. Puede que sean las dos cosas.

La efímera alarma social que creó el anuncio es comparable a la que surgió con el ébola, la gripe aviar o las vacas locas. En todos los casos, y quizá por el instinto de supervivencia del ser humano, está marcada por el nacimiento de un estado de preocupación irracional que se alimenta de las opiniones de los demás y que desaparece con el paso del tiempo. Por tanto, internet juega un papel muy importante en la difusión y exageración de los acontecimientos morbosos. Pero eso ya lo sabíamos. Y que las salchichas Frankfurt no son demasiado recomendables para el correcto funcionamiento del organismo, también. Desde hace años.

Un aspecto que dio pie a la exaltación del personal fue la consideración de la carne procesada como perteneciente al mismo grupo nocivo que el tabaco, el asbesto y las emisiones de diésel. No obstante, la contundencia del mensaje tuvo que ser rectificada, horas después, por la propia OMS: “Las clasificaciones realizadas describen la fuerza de la evidencia científica sobre un agente de ser una causa de cáncer, más que de evaluar el nivel de riesgo”. Es decir, que comerse una butifarra nunca va a ser tan perjudicial como fumar. De hecho, uno de cada cinco cánceres está provocado por el tabaco mientras que uno de cada 33 se puede atribuir al consumo de carne procesada o roja.

En definitiva, se puede sintetizar el asunto en un problema de comunicación. La sociedad está cada vez menos capacitada para analizar, objetivamente, la información que recibe. Por otro lado, entidades cambiantes como la OMS, que trataba hasta el año 1990 la homosexualidad como una enfermedad psiquiátrica, no encuentran la forma de moderar el alboroto desmedido que generan sus descubrimientos. Es lo malo de quedarse en un titular llamativo.

Por Ismael Samain Ul Alam Quesada y Alberto Pascual Selva.

El paraíso de las farmacéuticas, los bancos y los turistas

Después de recomendar a la mujeres que tengan precaución con la violencia machista en lugar de tomar medidas legales para frenarla, al Gobierno de Rajoy sólo le falta emitir una lista con recomendaciones para dirimir el estrés generado por la crisis económica, ya que vemos que no se emprenden las medidas pertinentes para desahogar los hombros del trabajador.
Y sobre los hombros un estrés perenne que no cambiará mientras los cabezas de familia no tengan la certeza de que podrán proporcionarles un plato caliente a sus hijos el día de mañana. Estrés que quita el sueño literalmente, pues se calcula que al menos el 12,2% de la población española toma algún tipo de somnífero de forma habitual. Cifra ésta que se ha sextuplicado en sólo 10 años,  desde antes de comenzar la depresión económica, cuando en 2005 tan sólo un 2% de la población consumía estas drogas legales.
Quizás el consumidor de somníferos lo hace más por la posibilidad de soñar que por la de dormir, viendo que las esperanzas de muchos españoles descansan en el “voto por el cambio” o en un número de lotería. Pero de sueños tampoco se come y hay que hacer algo si el único sustento que puedes aportar a la economía familiar es el de tu impotencia y amargura. Ahí entran en juego los tranquilizantes y el alcohol. Desde 2005 los consumidores habituales de tranquilizantes han pasado de ser un 2,7% de la población a un 7,9% y los consumidores de alcohol han pasado del 64,6% a representar el 78,3% de los españoles.

Y es que con más de cien desahucios diarios y setecientos cincuenta mil hogares sin ingreso alguno cualquiera tiene la valentía de tranquilizarse. España se convierte en una ruleta rusa en la que en cualquier momento puede caer un familiar, amigo o incluso uno mismo. Un escenario doliente conociendo la gigantesta cifra de 3,4 millones de viviendas vacías y con una legislación que no contempla la dación en pago como forma de saldar la deuda hipotecaria. Quizás ésta termine pagándola tu aval, que a su vez termine con una borrachera de ansiolíticos tanto o más grave que la tuya, si por casualidad no se encontrase ya en una situación similar. Y ya de paso perderás el contacto con tu aval, que quizás era tu familiar o amigo cercano.
Toda una bacanal esta de los ansiolíticos que no querían perderse algunas empresas, pues con más de una décima parte de la población española drogada por la vía legal imaginen el pelotazo de las farmacéuticas, las empresas que más rentabilidad han encontrado a la depresión económica. Les tocaba turno después de a los bancos, por si todavía no teníamos claro cuáles eran los agentes económicos de más relevancia.
Y así varios millones de españoles como en un gallinero de explotación intensiva: sin dormir, confinados entre los alambres de los pagos por hacer, con medicación constante para evitar la enfermedad por estrés y con unos matarifes trajeados que si hace falta te desplumarán hasta que tu patrimonio sean tus manos desnudas y los decenios de trabajo que tardes en pagar la deuda de unos bienes que ya no posees, como esa sencilla vivienda que compraste con tu pareja en unas condiciones hipotecarias maravillosas.
El Estado, especialmente durante la administración Rajoy, ha pasado de ser el respiro a ser el suspiro, pues cuando menos se requería no faltaba la subvención pertinente, pero cuando ha sido necesario los tijeretazos en sanidad han ajustado el caudal monetario destinado al tratamiento y prevención de las drogas y el alcohol, dejando a los nuevos “drogadictos” de la crisis económica bajo el amparo vacío del un eslogan político falto ya de toda legitimidad. Quién diría que la siguiente oleada de drogadicción desde los 90 tendría una raíz de tipo político y estuviese bien regulada con impuestos.
Espiral de consumo, esta de los ansiolíticos, que se agudiza de forma proporcional a la bajada del empleo, la precariedad laboral y la acumulación de deudas bancarias. Situación que parece no tener soluciones rápidas pero a la que podemos atribuir varios culpables, y es que teniendo que pagar los contribuyentes los más de cuarenta mil millones de euros anuales que nos cuesta la corrupción política en España, causa asperezas ver cómo se han recortado terriblemente nuestros derechos y prestaciones sociales, sabiendo que los impuestos no han hecho más que subir y que no se toman medidas para evitar la corrupción política. Pesan ahora los colocones de derroche que supusieron algunos proyectos faraónicos como la Ciudad de la Luz, Terra Mítica, l’Oceanogràfic, los aeropuertos fantasmas y las cientos de carreteras y rotondas a ninguna parte.
“Donde fueres haz lo que vieres” decía la dicha, y así debe de ser en el tercer país con mayor número de turistas del mundo, pues muchos de ellos, venidos de Europa, han encontrado en España un lugar donde encontrar la tranquilidad drogándose entre caudales de alcohol y otras sustancias mientras destrozan el mobiliario urbano y suben sus hazañas a la red. La paradoja es que ellos lo hacen por diversión y nosotros para seguir adelante y defender nuestros derechos.

La cirugía como problema

Se habla de sobreindicación en el mundo de la medicina cuando se prescriben más remedios de los necesarios para un problema que en realidad no necesita tanto trabajo. La sobreindicación surge sobre todo de los avances de la medicina moderna y de los recursos con los que contamos, ya que tenemos remedio para todo: remedios inmediatos para una sociedad inmediata.

El traumatólogo Alfonso Cort, doctor en medicina y cirugía, pone como ejemplo las hernias discales. Cuenta cómo hace unos años todas las hernias discales eran operadas, porque se tenía los recursos para ello y se creía la solución más rápida y óptima pese a conllevar cierto riesgo. Sin embargo, pronto se observó que cinco años después de la operación los pacientes estaban exactamente igual que los que no habían sido intervenidos. Más tarde se supo que el mejor remedio para las hernias discales era el ejercicio y la terapia fisiológica. La actividad, el ejercicio y la terapia continuada: los remedios de largo alcance que mejoran la salud general frente a las intervenciones quirúrgicas de riesgo o algunos materiales caros para corregir músculos o articulaciones que realmente se pueden corregir gratis y sin peligro. El mismo Cort critica la sociedad anestesiada de hoy en día que, por su poco aguante al dolor, está dada a “la solución rápida o la pastillita” antes que al esfuerzo diario y la prevención.

Esto se aplica a otros problemas, como lesiones musculares o articulares que varias veces se tratan con materiales ortopédicos que se podrían evitar con el desarrollo y la formación del miembro dañado, como con la prevención cuaternaria. La prevención cuaternaria, surgida de uno de los dichos más antiguos de la medicina y la fisioterapia (primum non nocere – lo primero es no hacer daño-) es una de las opciones más dadas a esta sobremedicación, ya que apuesta por evitar remedios invasivos si hay soluciones a largo plazo que responden mejor, además de la prevención para evitar que el problema derive a algo más grave.

La Medicina Deportiva en este aspecto es una buena alternativa para material ortopédico o una cirugía que podría postrar al paciente durante meses. Todo indicado por una protocolización que puede causar más problemas que solucionarlos, en vez de un tratamiento personalizado y centrado en las verdaderas necesidades del paciente.

Una colaboración entre traumatología, fisioterapia y la medicina del deporte podría ser una buena opción para estos casos: una cadena de expertos a los que derivar al paciente para confiar en su máxima recuperación con los conocimientos de los tres campos, evitando así costes innecesarios y asegurando la mejora del paciente mediante la rehabilitación, la prevención y la fortificación de su estructura interna.

Un estudio en Navarra desarrollado desde 2012 hasta la actualidad ya ha demostrado cómo nonagenarios recuperan masa muscular y alivian dolores y lesiones leves (para las que habitualmente se recomienda reposo o artículos ortopédicos de mejora de la movilidad) por medio del ejercicio continuado como alternativa a cirugías u otras medidas, para así además prevenir riesgos de caídas o futuras inconveniencias.

Si unos ancianos pueden evitar el riesgo de la sobreindicación por medio del ejercicio y la vida sana, ¿no podemos hacerlo todos?

Trabajo realizado por: Gloria Molero, Neus Martínez, Jorge García y Carolina Ibarra.

Tolerancia social ante intolerancias alimentarias

Sanidad informa de que hasta el 50% de los casos atendidos de urgencia por anafilaxia (reacción alérgica) en España son producidos por alimentos cuyos organismos rechazan. El número de celíacos en España es cada vez mayor según datos de la Federación Española de Celíacos (FACE) ¿El motivo? Lejos de un aumento de la enfermedad, un avance en la ciencia; que permite diagnosticar antes los casos. Con el aumento de afectados aumentan también los falsos mitos sobre las intolerancias, esas grandes desconocidas…

Hay quien cree que “sin alérgenos” quiere decir más sano, y otros piensan que está de moda consumir alimentos sin gluten. Ante toda esta desorientación informativa, el sector hostelero se encuentra totalmente perdido. Muchas empresas incluyen comida sin gluten en sus cartas como una estrategia “fácil” de captar nuevos clientes a cualquier precio, lejos de la necesidad real de ayudar y ofrecer igualdad a los enfermos. Yolanda Sanahuja López, miembro de la Asociación Valenciana de Celíacos, asegura que otros muchos restaurantes tienen miedo de servir comida para intolerantes porque la elaboración es muy delicada. Es cierto que la manipulación y preparación de los alimentos para celíacos es mucho más costosa y delicada en su elaboración, pero todos debemos tomar conciencia de que se trata de un tipo de enfermedad que no se elige, se nace con ella, y lo que es peor; no tiene cura. La única solución que tiene el enfermo con esta patología es restringir los componentes que el organismo no tolera, es decir, limitar su alimentación. Aunque el único tratamiento es abstenerse de comer ciertos componentes, padecer una intolerancia en la actualidad, todavía te obliga a someterte a otra serie de injusticias que debes aceptar.

La realidad es que un solo miembro celíaco o con cualquier otro tipo de intolerancia en la familia, triplica el precio del carro de la compra anualmente. Nadie debería pagar un sobrecoste en un producto básico de alimentación por tener una intolerancia, por estar enfermo. Una persona que puede comer de todo tiene la opción de comparar y elegir entre diversas marcas en las cuales los precios fluctúan con bastante diferencia. Esto no deja de ser un tipo de discriminación y abuso hacia los intolerantes; que deben aceptar si quieren alimentarse.

Los fabricantes de alimentos deben asegurar una distribución de alimentos básicos en todos los casos, trabajando sobre patologías específicas, que tienen muy complicado el acceso a los alimentos aptos, bien porque no los hay o porque no se especifican correctamente los ingredientes en el empaquetado.

No somos conscientes, no existe el respeto cuando no se conocen los problemas de cerca, y se ha perdido la compasión por las enfermedades cuyo diagnóstico no suena terminal. Pero detrás de los más de 500.000 casos solo en España según FACE, existen personas que sufren fuertes dolores de barriga, vómitos continuos, lesiones en el intestino, problemas en la piel o enfermedades paralelas producidas por intolerancia al gluten o cualquier otro tipo de trazas en los alimentos. Personas limitadas a la hora de cosas tan simples como salir a cenar con su familia o disfrutar de una empresa de comida rápida un viernes por la noche. Niños celíacos excluidos de los cumpleaños de sus amigos, personas frustradas ante cada comida, al fin y al cabo; personas enfermas, en mayor o menor gravedad, pero personas que no han elegido ser enfermas ni exigen comida sin gluten por innovar o por moda, sino por supervivencia.

 

Amanda Sánchez Nova

María Sales López

 

 

Nuestro cuerpo no es un basurero

Imagine que quiere ir a ver la nueva peli de “Star Wars”, tomar una caña con los amigos, ir al gimnasio, visitar a su primo, sacar a pasear al perro, comer en el nuevo restaurante que han abierto en la ciudad y mandar foto de todo ello a los siete grupos que tiene en Whatsapp. Además, desea dormir las ocho horas recomendadas y comer sano para mantener la línea. Todo ello en el poco tiempo que le han dejado las horas de trabajo y estudio.

Uno de esos días en los que, por suerte, mi jornada laboral no había resultado del todo estresante pude reencontrarme con un gran amigo que había pasado un año en Polonia. Nos pusimos al día y hablamos de lo que nos esperaba el próximo curso. Entre la lista interminable de objetivos estaba, sin sorpresas, el deporte. Yo me quería apuntar al gimnasio y él quería buscar un “box” en Alicante para practicar CrossFit, deporte que había descubierto en tierras polacas. Para mí todo eso del “box”, del “Crossfit” y muchas palabras más que no recuerdo, era algo completamente nuevo, pero él sólo me contó maravillas, como si se hubiese contagiado por todo ello. La curiosidad se despertó en mí e investigué hasta que descubrí que el CrossFit es algo más que un método para ponerse en forma. Es, al fin y al cabo, un estilo de vida que une a una comunidad y cuya principal ventaja recae en su efectividad a corto plazo.

No es casualidad que gran parte de los ‘crossfiteros’ que pueblan este planeta sean devotos de la “dieta paleo”: tal y como hicieran nuestros ancestros, sólo comen verdura, carne, pescado, huevos, frutos secos, semillas, aceites y hierbas; y evitan el azúcar y otros granos procesados como la harina, el trigo o el maíz. Según los “paleonívoros” se pierde peso y se gana en salud, ya que se previenen gran parte de las enfermedades que causa el estilo de vida moderno.

Hace unos días descubrí el blog de dos hermanas que practican CrossFit y que se hacen llamar “Fitsters”, y me puse en contacto con ellas de inmediato. Lo que me contó Alba –la mayor– me dejó anonadada: “Sigo la dieta ‘paleo’ desde hace cuatro años y sólo he estado enferma una vez”. Pero, ¿cómo puede ser posible? Ante mi estupefacción, ella respondía: “Nuestro cuerpo no es un basurero, y cada vez que abrimos la boca para meternos un “Bollycao” aumentan las posibilidades de que padezcamos cáncer en el futuro”. De esta forma, entendí la relación “paleo-crossfitera”. Es una simbiosis: al hacer Crossfit y al alimentarse bien se consigue el ejercicio completo; no existen una cosa sin la otra. Para los ‘crossfiteros’ esa unión es la más asequible en cuanto estilo de vida a largo plazo. Pero es precisamente algo a largo plazo lo que no se busca hoy en día entre el común de los mortales. Lo queremos aquí y ahora. “Es más fácil dar una pastilla que construir una vida sana”, me dijo el entrenador de CrossFit ALC Miguel Borrazás cuando le pregunté sobre los peligros del Crossfit.

Ahora, tras haber descubierto todo esto y siendo plenamente consciente de mi tiempo, tan sólo pienso en el eslogan de las Fitsters: “Lamentarás no haber empezado antes”.

Por: Alicia Sánchez Dáz-Hellín | Macarena Sogorb Zaragoza | Roberto Torres Belmonte

Macro-peligro

“Pierde 5 kg en dos semanas” o “Dieta milagro” nunca ha inspirado confianza a la hora de ponernos a régimen. Nuevas dietas surgen cada día y las personas que las prueban confirman sus resultados a través de revistas, redes sociales o televisión. Pero, ¿una misma dieta puede ser efectiva para distintas personas? ¿Sabemos al riesgo que nos exponemos en cada una?

Cada vez son más los que se suman a la dieta macrobiótica. Este tipo de alimentación originario en la filosofía zen que se basa en el consumo exclusivo de productos de origen vegetal, eximiendo de manera paulatina los de origen animal. Los nuevos adeptos a este modelo nutricional se apoyan en la idea de que este tiene la ventaja de aconsejar sobre qué alimentos son los más peligrosos para algunas patologías.

Numerosos deportistas y prestigiosos famosos se han declarado partidarios de la dieta macrobiótica en los últimos meses, como es el caso de Isabel Preysler, que como dice ABC está “estupenda gracias a la dieta macrobiótica”. Esto le ha hecho adquirir una creciente popularidad y en consecuencia un aumento masivo del número de seguidores en todo el mundo con el objetivo de adquirir una vida en completa armonía.

Pues bien, no cabe duda de que se trata de otra moda pasajera y, además, peligrosa. La tendencia a alimentarse sano pero esta vez llevada a sus extremos y, por supuesto, un estilo de vida que supone una completa falta de alimentación. Y es que, la dieta macrobiótica está vendiendo más un estilo de vida basado en el principio filosófico oriental del Yin y el Yang que un tipo de nutrición.

En el año 2013, la dieta mediterránea fue considerada Patrimonio de la Humanidad inmaterial por parte de la comunidad científica por ser de las más variadas y saludables. A diferencia de la dieta mediterránea, la dieta macrobiótica no está avalada desde un punto de vista científico, por lo que principalmente se dedica a promulgar un estilo de vida libre de estrés propio de la religión budista.

Esta nueva dieta “milagrosa” atesora 10 niveles, que van enumerados del -3 al 7, sin pasar por el 0. Se comienza por el -3, nivel en el que puedes comer de casi todo, y conforme se avanza de nivel se van prohibiendo determinados alimentos con un aporte vitamínico fundamental. Primero se eliminan los postres, luego las frutas, después las carnes y finalmente los vegetales, hasta llegar al nivel 7, donde la alimentación se basa al 100% en el consumo de cereales.

Los nutricionistas obligan a llevar a cabo dietas variadas ya que son las más saludables, y está claro que la dieta macrobiótica deja muchas deficiencias a la hora de considerarla un estilo nutricional ya que por ejemplo alimentos como la fruta y la carne forman parte de los nutrientes necesarios y esenciales en toda alimentación. No hay que encumbrar por este estilo de vida tan peligroso, pues puede propiciar daños saludables a causa de las enormes deficiencias nutricionales que ostenta la dieta macrobiótica.

‘Fogueres’: no propaguen las llamas

El olor a pólvora, el color de las calles, el ruido de las ‘mascletás’,  las emociones, los detalles, la ironía… Este conjunto de elementos crea la magia de ‘Fogueres de Sant Joan’, las fiestas oficiales de Alicante. A falta de medio año para que se celebren, en la capital de provincia trabajan ya con el fin de evitar errores pasados. Recientemente se nombró un nuevo e ilusionado presidente del gremio, además de una junta directiva de la Asociación de Hogueras Especiales que ha puesto en marcha un reglamento en favor de la transparencia económica.

Parte del gremio de artistas y algunas comisiones fiesteras se han venido tirando los trastos a la cabeza en los últimos tiempos: los primeros denuncian impuntualidad en los pagos, lo que dificulta la correcta realización de la hoguera; los segundos, las exigencias económicas y la poca profesionalidad de los creadores. Además, las piruetas que se realizan para etiquetar en la categoría especial a hogueras que no cumplen los requisitos, para sacar tajada de la situación, son otro foco abierto. Los famosos vacíos legales. Toda fiesta es susceptible de ser transformada en un negocio y las Hogueras no son una excepción. Muchas de estas y otras irregularidades las pagan unos ciudadanos que, o son ajenos a la información necesaria hasta que descubren el pastel y ya es tarde para remediarlo, o su intervención queda limitada de cara a evitar problemas.

A la millor terreta del món acuden miles de turistas cada año en busca de sensaciones únicas que solo estas fiestas pueden crear con ambiente idílico, programación ininterrumpida, buena gastronomía, clima propicio, tradición y participantes que lo hacen posible, los cuales son puros ejemplos de entrega, emoción, alegría y, sobre todo, sentimiento por las Hogueras.

Pero este encantador ambiente se resquebraja por momentos cuando el egoísmo supera al entusiasmo. Los problemas entre artistas y comisiones empiezan a notarse en las calles. Se requieren soluciones y el gremio de artistas está dispuesto a ejecutarlas. Un cambio en la directiva y algunas medidas para limar asperezas y evitar cualquier tipo de problema entre estos y las comisiones constituyen la fórmula para buscar la hazaña: reducir las quejas a cero para el año 2016.

Lo que está claro es que sin artistas y sin inversión no hay plantás. Y cualquier belleza o dama ‘del foc’ quiere tener lista y plantada una figura que haga justicia a su gente. Después de un año de espera, no hay mayor decepción para muchos que la de ver cómo una hoguera queda fuera de plazo o mal acabada. Esto es lo único que consiguen las peleas y el incumplimiento de contratos. En definitiva, las luchas de intereses.

La lógica y el honor, unido al cumplimiento de las nuevas iniciativas de  la federación de hogueras especiales y del gremio, deberían imperar para que en 2016 se celebren unas fiestas, como poco, dignas y equilibradas. A todo participante se le presupone el amor por su tierra y distrito, por tanto, comisiones, artistas y demás responsables fiesteros: hagan por darle una alegría su gente.

 

Realizado por María Borredà, Áurea Martínez y Óscar Ato.