Al servicio de la precariedad

El sector terciario concentra más de la mitad de los accidentes laborales en Alicante, según la estadística oficial del Ministerio de Trabajo

En las empresas, tanto las sugerencias como las quejas se esconden tras las puertas de las oficinas. Se mantiene el silencio y el inmovilismo ya característico en la sociedad española. Solo se escucha el claxon a la llegada del camión con la mercancía pertinente, pero nada de denunciar las condiciones laborales. Se instala el miedo a la repulsión, a quedarse sin trabajo, sin ingresos, pero también la indignación. Cada vez son más los jornaleros y sindicatos que advierten de la baja inversión en prevención y seguridad. Medidas obsoletas, mayores riesgos. Una cuestión alarmante en la comarca alicantina dada la siniestralidad laboral en un sector, el de los servicios, y en un oficio concreto, el de repartidor, que ha registrado un total de 1.575 accidentes en los ocho primeros meses del año, según los últimos datos suministrados por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

La precariedad y la accidentalidad derivada de ella llevan ya un tiempo instaladas en España. Es un hecho. El deseo de las organizaciones por un mayor beneficio económico resulta más interesante que el interés por la seguridad y salud de sus funcionarios. La ecuación se resuelve con el siguiente resultado: trabajo temporal a bajo precio. Silvia Catalán, secretaria de Salud Laboral y Medio Ambiente en Comisiones Obreras del País Valenciano (CCOO-PV), asegura que las compañías rehúyen al tema y las autoridades se aferran a la “mal llamada crisis” para justificar el aumento de la inestabilidad laboral.

Desde el sindicato se muestran dos contundentes argumentos para confirmar la presencia de malas condiciones en el trabajo. El número de afiliados a la Seguridad Social ha disminuido en 2.321 en el mes de septiembre aunque hubo 15.421 contratos profesionales más en ese mismo periodo. Una mayor cantidad de convenios para menos personas representa la corta duración de dichos acuerdos. Y la mencionada temporalidad conlleva un retroceso hacia unas situaciones gremiales más inseguras, es decir, se incumplen medidas de seguridad básicas y, en consecuencia, hay un incremento en el número de accidentes en jornada laboral.

“Las empresas han abandonado las normas de prevención de riesgos profesionales debido a la mal llamada crisis. Una excusa para retroceder a las condiciones más inestables donde se encuentran los conflictos de seguridad básicos como aplastamientos, amputaciones o electrocuciones. Todo ello, unido a una mayor precariedad a causa de la eventualidad, hace que la profesión de repartidor sea una de las más dañinas para la salud”, denuncia la secretaria de Salud Laboral de CCOO-PV.

En cuanto a los percances en el trabajo en estos primeros ocho meses, el sector más perjudicado en la provincia alicantina es el terciario que, con 6.168 casos, representa un 64,9% sobre el total de los accidentes en los diferentes grupos económicos. Y, en este caso, el empleo más damnificado es el de repartidor con un total de 1.575 incidentes. Dato que confirma que el número de accidentes que han causado baja en dicho oficio ha aumentado un 9,4% respecto al año 2015. Este fatídico crecimiento se debe a la poca atención de las empresas en materia de confort, según explica Silvia Catalán. Y reitera: “Se deberían exigir condiciones mínimas de seguridad estructural y de los lugares de trabajo antes de expedir una licencia de apertura”. Otro motivo que agrega la administrativa es el escaso gasto que realizan las sociedades en medidas de prevención, ya que “si los dirigentes hicieran números, les saldría rentable invertir en protección, pero no quieren ni plantearse esa cuestión”.

La siniestralidad sigue desbordada en la región y las compañías se mueven entre cortinas de humo. Permanecen estáticas ante los riesgos a los que se enfrentan los repartidores. Un oficio que conlleva el peligro de caídas, lesiones, robos y el escollo de tratar con sustancias nocivas. Amenazas que, como en tantas otras profesiones, no tienen en cuenta las entidades.

Cuestión de innovar en precaución

La desatención de las corporaciones hace que las condiciones laborales del distribuidor no mejoren y se mantengan las antiguas y obsoletas normas de seguridad. Aquí entra en juego la importancia del cuidado de la vestimenta y elementos que utilizan a diario. Así lo afirma Emilio Aracil, quien labora como repartidor de Logista España. En el aspecto que atañe al atuendo, el asalariado aclara que se utilizan guantes de alta calidad y deportivos con refuerzo de hierro en puntera y talón, pero rápidamente se desgastan y se ensucian por el empleo continuado de ambas cosas. Además, hay que tratar con especial cautela la ropa como es el polo o bien la chaqueta, que carecen de, por ejemplo, hombreras o protectores de rodillas integrados capaces de reducir el daño que conlleva el peso de los distintos cargamentos.

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Miguel Fernández utiliza la carretilla manual durante la jornada laboral / Lorena García

Por otra parte, se ha de lidiar con la falta de nuevas tecnologías y maquinarias. El gusto por lo antiguo y tradicional no deja indiferente a nadie en España y la ausencia de alternativas se convierte en un sufrimiento para el repartidor. Para Miguel Fernández, trabajador veterano de Repsol butano, este se trata de un viejo problema que lleva algunos años instalado en la sociedad. Bien es cierto que la mayoría de empresas se ayudan de grúas horquilla para almacenar la mercadería en los diferentes camiones, pero una vez se disponen a descargar las existencias utilizan carretillas portapaquetes, que demandan el esfuerzo físico del repartidor y, en consecuencia, esto da lugar a posturas forzadas. En este sentido, cada vez son más los médicos que piden el uso de cuerdas para repartir el peso y que le cueste lo menos posible transportar materiales, pero la compañía se obstina en mantener la tradicional forma de bajar la mercancía. Y por ello, mucho más temprano que tarde, la salud física de los jornaleros se verá afectada.

La salud física en el punto de mira

Tanto Miguel Fernández como Emilio Aracil aseguran que sus trabajos les exponen a pequeños accidentes y les ocasionan grandes sustos. Muchos de ellos han sufrido caídas y derrumbamientos de envases y paquetería encima, pero también delitos en los que se emplea la violencia o intimidación, ya que algunos repartidores cuentan con grandes cantidades de dinero en efectivo. Aunque la preocupación aumenta cuando se trata del gran deterioro que puede causar a la larga sobre todo en el físico.

La visita al médico se convierte en rutina tras el paso de los años y la mayoría de los distribuidores ya han notado los estragos. El distribuidor de butano confirma que ha estado de baja más de una vez por problemas físicos en la espalda, hombros y piernas producidos por el esfuerzo laboral, y Emilio Aracil apostilla que ha acudido a distintas sesiones de fisioterapia por molestias lumbares.

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Emilio Aracil acumula más de 10 años de experiencia en transporte de frutas, hortalizas, entre otras mercancías / Lorena García

Los continuos dolores musculares, derivados de la manipulación manual de cargas, llevan a este tipo de trabajador a citarse con el médico para realizarse unos análisis cuyos resultados más frecuentes le diagnostican sobrecargas musculares o, ya en un caso más grave, desgaste del hueso o de la articulación debido al excesivo embalaje, según comenta Francisco José Pardo, fisioterapeuta de la mutua MAZ.

El descanso juega un papel importante en la recuperación pero también el tratamiento llevado a cabo. El especialista en lesiones traumáticas explica que suelen aplicar procesos de masoterapia y máquinas de calor en el caso de que sufran afectaciones musculares u osteoarticulares. Tras esto, como rehabilitación durante mínimo 20 días, se aplicarían sesiones musculares y de impacto. Y puntualiza: “Los repartidores deberían realizar una flexión de rodilla con el tronco erguido, ya que muchos realizan una flexión de tronco cuya consecuencia es la lesión articular”. Molestias que, según su gravedad, pueden causarles una baja temporal corta  o larga.

“Los repartidores deberían efectuar trabajos de fuerza muscular, puesto que el músculo sirve de protección de las articulaciones de manera que se evitarían contusiones innecesarias”, declara Francisco José Pardo, fisioterapeuta de la mutua MAZ.

El problema de no contratar

A su vez, los eventuales accidentes que padecen dichos empleados desembocan en una mayor carga de faena para sus compañeros. Así lo afirma Miguel Fernández que relata: “Mi empresa contaba con 40 asalariados en 1980 hasta los 15 trabajadores actuales que se encargan del reparto de gas butano en Elche, Santa Pola, Torrellano, Matola, El Altet y Arenales del Sol. Si alguno sufre un percance, su tarea recae en otro operario. No contratan a nadie”.

La falta de funcionarios es evidente para la mayoría de los jornaleros que no entienden como el paro aumenta, sobre todo, tras los meses de verano. En este sentido, el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) informaba de que el número de desocupados en el sector terciario de la provincia de Alicante había aumentado un 2,7%, hasta situarse en los 105.031 parados el pasado mes de septiembre. Aun así, se mantiene el convencimiento de que no se necesita nada, ni nadie.

Al llegar a casa, Miguel Fernández siente ‘enfriamiento’ en los huesos, como tantos trabajadores de su gremio. Pero se resisten a abandonar su puesto, ya que, al fin y al cabo, ha sido la tarea que ha ocupado un gran tiempo en sus vidas. El organismo del distribuidor parece haberse acostumbrado al escaso reconocimiento y a la gran exigencia cuantitativa por parte de la industria, al ruido continuo de la mercancía en el camión, al constante ajetreo del vehículo, al subir y bajar tanto cajas, como envases o bombonas, a las excesivas cargas, al daño muscular. El repartidor, al servicio de la precariedad.

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