As-salam aleikom Elche

Una nave abandonada, aparentemente. Cinco veces al día decenas de hombres y niños atraviesan el arco de herradura que hay en la entrada. Túnicas, pies descalzos, el sonido del agua que corre y un canto grave y vibrante conforman este ritual diario. Toda una población congregada en el número 81 de la Avenida Ausiàs March, en el barrio de Carrús. La Mezquita Al-Rahman es el centro de culto de la población islámica de Elche, su nexo común. La ciudad guarda en su interior la esencia de la población musulmana. Gentes de Marruecos, Argelia, Túnez, Níger o Mauritania corren por todas sus calles, regentan negocios y siguen el latido de la metrópolis. Están, aparentemente, integrados.

Miembro de la Comunidad Islámica / Alfredo Teja

Miembro de la Comunidad Islámica / Alfredo Teja

La antropología social y la sociología han estudiado desde hace tiempo el fenómeno de la inmigración. Y el resultado de estos estudios es el desarrollo de la interculturalidad, el modelo que debe regir las actuales políticas de integración social. Sin embargo, en muchos casos se apuesta por la multiculturalidad, que provoca tolerancia en vez de aceptación, y segregación en guetos en lugar de la convivencia entre culturas.

El número 90 de la calle Ginés Garcia Esquitino coincide con un portal grafiteado en tonos oscuros y con dibujos de apariencia mística y motivos árabes. Una gran puerta verde, gruesa y de metal duro bloquea la entrada. No hay ventana que permita intuir el interior. Allí se encuentra el centro Al-Taufik, un lugar en pleno corazón -otra vez- del barrio de Carrús donde musulmanes e ilicitanos se sientan uno junto a otro, de igual a igual. Allí se da cobijo y alimento a todo aquel que lo necesite, además de otros servicios como clases de español y árabe, o ayuda en las gestiones burocráticas. Ahmed Ben Mohamed, el director de este centro, subraya que: “el 95% de los comensales de nuestro comedor social son españoles“. Y añade que allí tienen contratadas a dos españolas. Para Ben Mohamed, estos son dos claros ejemplos de la convivencia entre españoles e inmigrantes. Sin embargo, admite que en alguna ocasión han sufrido actos discriminatorios.

Resalta que el islam es la segunda religión mayoritaria por detrás del catolicismo.

El motivo por el que los dos grandes centros de cultura islámica se hallen en Carrús es que este barrio acoge casi al 25% de la población árabe de Elche. Un dato muy significativo si se tiene en cuenta que el 8’6% de la población total ilicitana pertenece a esta misma etnia. También resalta que el islam es la segunda religión mayoritaria solo por detrás del catolicismo.

Sin embargo, tanto Ahmed Ben Mohamed como El Haj Mounir Chafi, vicepresidente de la Comunidad Islámica de Elche, coinciden en que el agrupamiento entre compatriotas es un fenómeno natural, no se debe a ningún plan premeditado por parte del gobierno local. “Carrús es el barrio más barato, si un inmigrante viene a ganarse la vida es normal que vaya a ese barrio”, razona Mounir, y añade: “Además, aquí tienen la mezquita, la escuela islámica. Si vas a vivir a algún sitio te quedarás donde más cómodo te sientas”.

“Un buen musulmán respeta a su vecino. Es uno de los puntos del Islam”, predica Mohamed Aajoud, iman de la Comunidad Islámica. Una taqiyah o gorra de oración -blanca, corta y redondeada- corona la cumbre de su cabeza. De entre su blanca barba emanan palabras casi susurradas en un solemne árabe. Su dedo índice siempre subraya o enfatiza sus palabras. La túnica cubre holgadamente su cuerpo hasta los tobillos. Sus pies acarician la alfombra a cada paso mientras sigue con su discurso: “Nosotros pretendemos que nuestros hijos sean de aquí y de allí, que avancen con este país”. Pero aunque los niños y mujeres se integran con más fácilmente, los hombres mayores tienen más dificultad. El primer obstáculo es el idioma: “A veces son muy vagos”, reconoce Ben Mohamed. Mounir Chafi casi bromea: “Ningún español adulto quiere hacerse un amigo árabe”.

El Haj Mounir: “Los ilicitanos no se interesan por nosotros. Nos llaman ‘moros’ para insultarnos pero para nosotros no es ofensivo, es una parte de nuestra historia; los moriscos”.

El despacho de El Haj Mounir está junto al haram, la sala de oración de la mezquita. Entre sus palabras se cuelan los “as-salam aleikom” de los hombres que acuden al rezo de las 19:20. Él, afeitado y con camisa, habla un alegre castellano con un marcado acento árabe. Abalanzado sobre el escritorio se atreve a esbozar casi con timidez -pero siempre con su sonrisa-  una teoría acerca de por qué la población árabe no encaja en esa sociedad: “Los ilicitanos no se interesan por nosotros. Nos llaman ‘moros’ para insultarnos pero no saben que para nosotros no es ofensivo, es una parte de nuestra historia; los moriscos”. Recostado en un asiento más bajo, con la mirada en la pared pero los oídos en cada palabra, Chiuti Boutayeb, secretario de la Comunidad Islámica, critica expresivamente -no con las palabras, sino con el gesto de la cara- la poca ayuda del Ayuntamiento de Elche: “No existen proyectos efectivos. Están mal diseñados, no se centran en la raíz de los problemas”. El Ayuntamiento destina 75000 euros a distintas asociaciones. La Comunidad Islámica, junto a la Agencia de Mediación para la Integración y la Convivencia Social (AMICS) desarrolló un proyecto de 6500 euros, pero solo recibieron 250. El Haj Mounir vuelve a bromear: “Les daremos las gracias por la ventana que hemos podido comprar”.

AMICS se dedica al estudio de sociedad ilicitana en cuanto a inmigración así como de favorecer un clima de interculturalidad. En su último informe sobre convivencia social e intercultural en Elche apunta algunas de las claves del tema. Un 13% de la población española considera, según el informe, que los extranjeros deberían abandonar su cultura y asumir la local. Otro 24% considera que los negocios para extranjeros han hundido los comercios tradicionales locales. También muestra que un 30% de la misma población siente recelo hacia los inmigrantes, excepto si se trata de ciudadanos de países miembros de la Unión Europea. Del mismo modo, algunos de los argumentos que se utilizan contra los extranjeros son: “Reciben más ayudas del Ayuntamiento que la gente local”, “aportan menos que los gente ilicitana al enriquecimiento de la ciudad” o comentarios hacia las vestimentas como la chilaba o el burka. Agresiones xenófobas que tantas pintadas rezan por toda España y que abundan en las redes sociales.

 

Muchas de las actitudes que revela este informe tienen una traducción en el día a día de Elche o cualquier otro lugar. “En Alemania, el día del Sacrificio del Cordero (Eid al Adha) cuelgan carteles en los colegios  anunciando que las personas musulmanas tendrán fiesta ese día para celebrarlo con su familia. Y así los niños se sienten orgullosos”, explica Mounir Chafi. Aquí no se les permite siquiera horas libres en el trabajo para celebrar ese día, lamenta Chiuti Boutayeb. “Yo felicito la Navidad a la gente ilicitana, ¿por qué nadie me felicita durante el Eid al Adha?”, sentencia el iman. Cada año, se congregan en un polideportivo cientos de musulmanes para festejar su día, y tras ellos, otros cientos de personas se reúnen para, tal y como dice El Haj Mounir, criticar los ritos de los “moritos” sin tratar de comprenderlos.

Mohamed Aajoud, sentado y frotándose la frente le pide a Mounir Chafi que le traduzca. Él, casi al unísono, instantáneamente, persigue las palabras del iman mientras los niños, de fondo, recitan el Corán en sus lecciones diarias: “Pero no culpamos a la gente -Aajoud le corrige en árabe-. No culpamos a las personas, trabajamos para demostrarles que los musulmanes somos mucho más de lo que saben. No se crean lo que sale en los medios…”. Se ríe. “Me he perdido”. Y vuelve a estallar en risas.

Todos ellos coinciden en que la integración pasa por el conocimiento, por mostrar su cultura y sus raíces. Mounir, de pie, con los brazos abiertos pero sin tensión, en tono didáctico: “Tenemos que dar ejemplo. Si nosotros nos enfadamos o nos comportamos mal porque nos traten mal nunca vamos a progresar. Por eso decimos que quien no es un buen musulmán, no puede dar imagen de nosotros”. En busca de ese objetivo trabajan en el embellecimiento de la mezquita, la organización de jornadas de puertas abiertas, charlas,…

En la sala entra Samir Fahda, uno de los miembros que más tiempo lleva en Elche, 18 años ya. Tiene casa, amigos y trabajo. Solo sabe decir los precios de sus productos en castellano. Mientras, tras el arco de herradura, continúa frenético el traqueteo de una ciudad viva. Una población tolerante, nada más. Un Ayuntamiento que ayuda, nada más. Una minoría que vive, nada más.

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