Aullidos para salvar el bosque

La extinción del lobo en Andalucía ha roto el equilibrio ecológico

“Y que en las noches españolas no deje de escucharse el aullido del lobo” fue el lema de “Emlobados 2015“, la mayor congregación en defensa del lobo ibérico que se celebra anualmente en España. Pronunciada para la eternidad, la frase fue articulada hace 40 años por Félix Rodríguez de la Fuente, el hombre que con su voz vívida, una cámara de los 70 y el más profundo amor por la naturaleza, salvó al lobo ibérico de la extinción así como a una larga lista de animales a punto de desaparecer. El lobo ibérico, superviviente huidizo, casi como un ladrón, proscrito de los valles y peñascos que famélico de presas libres derrama la sangre doméstica para seguir viviendo. Sangre que ya no se verterá más en Andalucía, pues nadie ha vuelto a saber del matador social en los últimos años.

Cada año cerca de doscientos lobos son sentenciados a muerte en las tierras situadas al norte del río Duero donde, según la administración, la especie es demasiado abundante. Entre dos mil quinientos y tres mil lobos pueblan las montañas ibéricas, apuntan antiguos censos carentes ya de rigor. Sin embargo, el grueso de la población se sitúa en las provincias cantábricas. En la mayor parte del territorio peninsular el lobo ya sólo es el antagonista de los cuentos y mitos que conforman nuestro acervo cultural como pueblo, manteniendo aún una magia que se va desgajando de las últimas entrañas de la moribunda Europa salvaje. Un recuerdo atávico que esboza la cicatriz del hombre sobre la naturaleza indómita.

Hace ya dos años que ningún pastor andaluz siente el erizar de los bellos ante el grito del cánido. “La Consejería de Medio Ambiente sigue diciendo que quedan grupos reproductores pero lo cierto es que los últimos restos de lobo son del año 2013”, afirma Arturo Menor, director del galardonado documental WildMed, el último bosque mediterráneo. Casi dos años de rodaje que llenaron de objetivos las verdes cumbres de Sierra Morena, a la espera de filmar al gran matador, el cazador gregario. Tuvo Menor, finalmente, que recurrir a tres lobos actores para el rodaje de la cinta  ante la ausencia del animal. “No sabemos cuántos ejemplares quedan, pero sabemos que los pocos ejemplares que viven en Sierra Morena presentan un nivel de hibridación con perro bastante alto, la población se encuentra en una situación límite”, concluye el director revelación.

Arturo Menor

Arturo Menor durante su presentación en “Emlobados”

A principios de octubre la Junta lanzó el II Plan de Recuperación del Lobo Ibérico en Andalucía. Doce millones de euros destinados a una campaña de comunicación. “El proyecto LIFE que plantea la Junta pretende crear un clima favorable de cara al regreso de la especie entre los habitantes del campo y yo creo que es muy importante que exista este proyecto de concienciación” afirma Menor. Unas cifras que algunos consideran escabrosas dada la situación económica actual. Cifras que además se han puesto en entredicho en otros proyectos LIFE como en el del lince ibérico, que ya ha recibido cerca de 70 millones de euros en la última década. “No es necesario tanto dinero, mientras lo animales tengan su hábitat y no mueran por causas antrópicas es suficiente” opina Joaquín de Prada, miembro de la plataforma Lobo Marley y periodista ambiental, a lo que añadía: “sin embargo algunas prácticas como la alimentación suplementaria son necesarias para especies como el lince mientras no se controle la nueva cepa de neumonía hemorrágica de los conejos”. Arturo Menor, por su parte opinaba: “Las administraciones públicas en materia de conservación siempre van por detrás, nunca toman iniciativas para prever la actuación que posteriormente es necesaria, pero sería injusto decir que todo el dinero se ha empleado mal.”

Una serie de actuaciones que las organizaciones ecologistas llevaban reclamando décadas, mientras se desencadenaba la crisis ambiental en Sierra Morena y se rompía el equilibrio ecológico: “Las grandes poblaciones de ciervos y jabalíes ocasionan muchísimo más daño a la ganadería que el propio lobo porque transmiten enfermedades. El año pasado tuvieron que sacrificarse más de diez mil vacas en Andalucía por esto. Me pregunto qué hubiera pasado si el lobo se hubiera comido diez mil vacas”, lamenta Arturo Menor, formado en biología. A lo que  De Prada añadía: “El lobo no va a por el trofeo como hace el cazador, sino que elimina a los animales malos en términos cinegéticos. Si el lobo regulase las poblaciones de ungulados silvestres no habría esos brotes de sarna, brucelosis y tuberculosis”

“Si el lobo regulase las poblaciones de ungulados silvestres no habría esos brotes de sarna, brucelosis y tuberculosis”

Rafael Hernández Mancha

Rafael Hernández Mancha sosteniendo su libro “El último alano de Guareña”

Sin embargo, no sólo pagan las consecuencias los animales domésticos: “Las poblaciones de cérvidos están viciándose por falta de lobo. Donde falta el lobo los ciervos son ridículos, tienen las cuernas defectuosas y son pequeños”, sostiene Rafael Hernández Mancha, descubridor del lobo africano.
En las regiones donde las poblaciones de herbívoros desbordan la capacidad de regeneración del bosque los animales son débiles y los árboles no crecen, como sucede en Sierra Morena. “Las grandes poblaciones de herbívoros arrasan con todas las bellotas que produce el bosque e impiden que éste se regenere” mantiene Menor. Esto hace que sea necesario un control de ungulados que el cazador humano no cumple, pues es precisamente éste el que ceba a los herbívoros para tener mayores y mejores piezas de caza.

Una circunstancia en la que están sumidos los ecosistemas mediterráneos ibéricos que invita a una medida inmediata como podía ser la reintroducción de ejemplares norteños en las zonas del sur peninsular donde el lobo ha desaparecido con objeto de que regule a los herbívoros. “Lo primero que hay que hacer es reforzar las poblaciones andaluzas con individuos del norte de España para tener ejemplares más sanos y con mayor variabilidad genética” mantiene Arturo Menor mientras Hernández Mancha concluye: “La solución en Andalucía es soltar lobos ya. Mejorar las poblaciones y conservarlas, penar muy seriamente a quien ponga venenos en el campo. Hace falta lobo en Doñana, Monfragüe, Cabañeros y en general en todo el sur de España, donde sin causar problemas podrían perfectamente vivir”. Pero Joaquín de Prada va más allá: “Sería una maravilla que esos 134 lobos que ahora quieren matar en Castilla León se trasladasen a Andalucía, pero yo creo que cuanto menos intervenga el ser humano mejor. Lo más deseable es que se prohíba su caza a nivel nacional y que el lobo recupere sus territorios de forma natural. No podemos seguir jugando a ser Dios.”

“Hay que hacer es reforzar las poblaciones andaluzas con individuos del norte de España para tener ejemplares más sanos y con mayor variabilidad genética

Rafael Hernández Mancha destacaba el potencial turístico y económico del lobo, pero sobre todo hace un llamamiento a nuestras raíces culturales para hacernos entender la importancia de esta especie: “El lobo es una especie emblemática. Tras décadas de divulgación se ha aprendido que otros depredadores como el lince o el oso no son malignos, sólo el lobo sigue en esa lista de especies antigüamente estigmatizadas por la ignorancia. Es la única especie que nos queda por sacar de la quema.” Pero además, Hernández Mancha recordaba: “Cuando se han llevado al borde de la extinción a las demás especies es cuando alguien ha sido capaz de transmitir que el lince, el águila imperial o el halcón peregrino son una belleza. Pero no deberíamos de esperar a que esté a punto de desaparecer para poder admirar la extraordinaria belleza del lobo”.

Un conjunto de argumentos que demuestran la necesidad de recuperar al gran matador europeo para salvar los ecosistemas mediterráneos, pero también para salvar la memoria de un continente que tuvo una gran biodiversidad y que hoy recoge en el lobo la más acabada representación de la fiereza de las últimas bestias europeas.

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