Corazones verdes de cartón

Los corazones verdes de cartón laten al unísono al ritmo de los tambores que, al final de la multitud, cierran la marcha. Por un instante creo que realmente bombean sangre y que ese fino y largo palo que los sostiene es la arteria que los mantiene vivos. Pum, pum, pum, pum. Repentinamente alguien me entrega uno de esos corazones; “son para compartir”, me indica, antes de perderse entre el gentío.

Ahora me siento parte de este momento, unida interiormente por un dibujo de cartón que representa la lucha mundial de miles de personas que en ese mismo instante se manifiestan por un mundo mejor.

Sorprende ver a tanta gente unida por un mismo motivo. Cuando decidí acudir, no esperaba encontrar tantas caras conocidas. El cambio climático y la Cumbre del Clima en París son temas que a veces pasan desapercibidos entre el resto de noticias. Aun así la esperanza está teñida de un sabor amargo: son las caras conocidas de mis profesores en la escuela, no de mis compañeros de clase. En una manifestación cuyo llamamiento se ha llevado sobre todo por las redes sociales, es llamativo que haya pocos jóvenes. “Teóricamente los jóvenes son los más conectados a las redes sociales, y sin embargo los asistentes fueron principalmente gente adulta. No sé a qué se deberá el hecho de que haya tanta pasividad en este aspecto, pero creo que tiene mucho que ver con los medios de comunicación”, opina Sergio Arias, miembro de Ecologistas en Acción en el área de Conservación, cuando le pregunto días después sobre el tema.

Una manifestación contra el cambio climático no debe de mezclarse con colores ni edades, pero sólo se necesita media hora de esta marcha verde para que comiencen las opiniones dispares. A María del Rosario Seguí, que sube una foto de la manifestación al muro de su Facebook, un comentario le hace enervarse. Entre los mensajes de apoyo, los “qué guapa estás” y emoticonos sonrientes alguien intenta denigrarla por acudir a esta marcha.  “Este país es muy cuadriculado, o algo es blanco o es negro”, se indigna, mientras me pide ayuda para contestar al causante de su enfado. “¿Qué tiene que ver ser de un partido u otro con el cambio climático? Simplemente estoy aquí para luchar por un mundo mejor”, acaba poniendo como respuesta.

Por otro lado, también escucho comentarios exaltados entre los asistentes que, al bajar por la Avenida de Federico Soto, miran con inferioridad a los que, en vez de estar apoyando su causa, entran a El Corte Inglés a comprar. Una joven empieza a hablar demasiado alto y, entre improperios y alguna que otra palabrota, habla de esas personas “capitalistas” y “consumistas”. Nunca llueve a gusto de todos.

Por suerte, entre el llamamiento de una mujer que no deja de gritar eslóganes como “sólo un objetivo: un planeta vivo” o “agua, aire y sol, son la solución” con su megáfono, las opiniones de la muchacha se pierden en el aire y ningún incidente rompe la marcha, que avanza pacíficamente hasta el parque que hay justo enfrente de estos grandes almacenes.

En ese espacio, que aunque es grande se hace pequeño ante la multitud que lo llena, todos formamos un círculo imperfecto para escuchar los discursos finales que recuerdan el motivo de la manifestación. Al fin y al cabo, se está ahí para evitar una catástrofe global. Poco importan las riñas y las opiniones dispares, lo que se busca es que haya un cambio.

Poco importan las riñas y las opiniones dispares, lo que se busca es que haya un cambio.

Un cambio para evitar consecuencias catastróficas. Para evitar el aumento de las temperaturas, los efectos en los recursos naturales, el aumento de crecidas fluviales y de incendios…  Unas pocas de las consecuencias que provoca esta situación.

Algunos de los manifestantes acudieron a la manifestación en bicicleta/ Clara Isabel García Reig

Algunos de los manifestantes acudieron a la manifestación en bicicleta/ Clara Isabel García Reig

Ahora que ha acabado la Cumbre del Clima, estas manifestaciones mundiales que sucedieron antes de que comenzase parecen lejanas, aunque ocurriesen sólo hace un par de semanas. La esperanza de entonces se diluye ante las decisiones tomadas en el Acuerdo de París, que muchos califican de insuficiente. Ecologistas en Acción, en un comunicado en su página web, también muestra su disconformidad porque “desoye a la ciudadanía”. Mientras, Greenpeace habla de “un punto de partida, pero con compromisos insuficientes para lograrlo” y WWF recuerda que se requieren medidas más urgentes.

Ahora que ha acabado la Cumbre del Clima, estas manifestaciones mundiales que sucedieron antes de que comenzase parecen lejanas, aunque ocurriesen sólo hace un par de semanas.

Está claro que un cambio tan grande requiere tiempo y esfuerzo, pero la ciudadanía no debe olvidar su importancia para presionar poco a poco a los líderes políticos. No debe olvidar tampoco, que un domingo cualquiera millones de personas en todo el mundo salieron a la calle para luchar por el planeta. Y sobre todo debe recordar la esperanza y las ansias de cambio que nos llevó a todos ese día a levantar unos corazones verdes de cartón por un mundo mejor.

Un pensamiento en “Corazones verdes de cartón

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