“Cuando saltan la valla, necesitan saber que hay gente a su favor”

Cuando piden a Mari Sebastià Boix que describa el voluntariado internacional, no duda al afirmar que es ‘un proyecto de vida’. Asegura que su etapa como voluntaria en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en Ceuta ha cambiado su forma de ver la vida. Ahora conoce la realidad de unas personas que, al alcanzar la península, pueden acabar en los numerosos Centro de Internamiento de Extranjeros como el de Valencia, situado al lado de su casa. Ya en España, reivindica su cierre.

Pregunta. ¿Cómo era vuestro trabajo de voluntariado en el CETI de Ceuta?

Respuesta. Nosotros estuvimos junto a inmigrantes que ya habían saltado la valla de Ceuta y por tanto, su situación era un vacío administrativo. Esperaban poder conseguir su documentación y alcanzar la península. Comenzamos con una ruta por las zonas comerciales donde ellos trabajaban para presentarnos y darles a conocer la ayuda que podíamos ofrecerles. Además de un apoyo funcional, quisimos crear una convivencia para conocerles, prestarles atención, darles conversación e incluso jugar junto a ellos. Mientras tanto, los voluntarios recibimos una formación que yo consideré imprescindible, porque muchos de nosotros la desconocemos. Por las tardes, les dimos clases de español, que les sería muy útil al llegar a la península.

P. ¿Os encontrasteis alguna dificultad?

R. Algunos no sabían ni leer ni escribir, por lo que tuvimos que empezar de cero con ellos. También jugamos al fútbol e incluso hicimos talleres de fotografía en el que utilizaban sus propios teléfonos móviles, por lo que conseguimos un contacto entre todos. Al volver, podemos decir que conocemos todo lo que está ocurriendo con los inmigrantes que llegan a Ceuta, para luego plasmarlo en nuestro trabajo aquí.

P. ¿Qué es para ti el voluntariado internacional?

R. Para mí, ser voluntario es un proyecto de vida. Estuve 15 días en Ceuta, pero cuando vuelves a la rutina ves la vida de una forma distinta. Ahora queremos trabajar desde aquí por los derechos de estas personas. Han sido 15 días para toda la vida.

P. ¿Qué pudiste ofrecer a las personas a las que atendiste?

R. Creo que el simple hecho de estar con ellos, que sepan que hay gente que quiere conocerles y ayudarles. Pero sobre todo, que estamos a su favor. No son delincuentes, estas personas merecen una vida digna. Para muchos de ellos somos un apoyo cuando llegan a la península, estamos en contacto con ellos y nos cuentan cómo les va mientras requieren de ayuda para conseguir los papeles o un trabajo.

P. Y ellos, ¿qué te aportaron a ti?

R. Es muy difícil de describir, cada vez que me preguntan me sale una sonrisa inmensa. Esta experiencia ha aportado normalidad a mi vida. Olvidas mitos, como un cierto miedo que tiene algunas personas. Convives y te ríes con ellos. Es totalmente lo contrario a algunos prejuicios que se han establecido. Además tengo nuevas amistades que, aunque sean difíciles de mantener por la distancia y no están conmigo, siempre conservaré.

P.  Si tu mejor amigo te consultara antes de hacerse voluntario internacional, ¿qué le dirías?

R. Para mí el voluntariado es una experiencia que todo el mundo tiene que vivir, te hace ver tu vida de otra manera. Animo a todo el mundo a que lo intente, comprobará cómo sería su trabajo allí. Además, ver otras formas de convivir es siempre gratificante. A mis amigas ya se lo digo, que cuando vean que estén listas, se atrevan.

P. ¿Qué puede hacer un joven voluntario que un gobierno no?

R. Abrir los ojos y darles a conocer al resto cómo es la realidad. En mi caso, tengo el Centro de Internamiento de Extranjeros cerca de mi casa, pero poca gente lo conoce. Es nuestra labor difundir este tipo de cosas que el gobierno está haciendo mal. El pueblo debe tener la decisión sobre si queremos que existan. Es primordial que la gente se informe e investigue para cambiar la situación.

 

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