Cuatro décadas de ruinas al sol

El hotel Los Arenales inicia su reforma para reabrir sus puertas en verano de 2017, después de clausurarse al público en 1979 y acumular una historia de misterio y leyenda que ha despertado cada año la curiosidad de los veraneantes

Siempre quise entrar en este hotel. Desde niño, cada verano he paseado por su puerta pensativo, observando las ruinas de un edificio majestuoso, levantado en un emplazamiento único y privilegiado. Los años pasan y aún resulta difícil entender cómo se ha podido llegar a este punto, con el riesgo de perderlo para siempre. Ahora, por fin, la red que le rodea se desenvuelve, aunque no lo suficiente para que una puerta se abra y pueda acceder al hall que sólo ha dado la bienvenida a mi imaginación. Me gustaría delimitar la distancia entre lo virtual y lo tangible. Habrá que esperar 18 meses más, pero el hotel Los Arenales aún tiene una habitación reservada para mi sueño.

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El pedáneo de Los Arenales del Sol, Alejandro García, se muestra muy ilusionado con el inicio de la reforma del hotel y asegura que aún no termina de creérselo por la importancia que tendrá para la localdad / M.H.Marcos

Después de 36 años, las máquinas empiezan a moverse con vigor en la edificación con más historia y misterio de Los Arenales del Sol, una pedanía costera de Elche, que hace mucho que dejó de ser conocida sólo por sus montañas de dunas, su arena dorada, su agua cristalina y un hotel en ruinas. Ahora, eso se combina con colmenas de pisos que se levantan hasta la última línea de playa. La población ha pasado de estacional a residente. El nuevo pedáneo, Alejandro García, presume de censo: 1.692 habitantes fijos. La cifra se multiplica por diez en la parte central del año. La Ley de Costas, los juzgados y el empuje de autoridades y vecinos van a permitir que esta playa ilicitana vuelva a albergar huéspedes en régimen de cuatro estrellas con servicios de cinco.

Siempre imaginé la aventura a lo largo y ancho de sus cinco plantas. Corría por mi mente atravesando la recepción de madera, granito y mármol que un visionario llamado Tomás Dura Bañuls (Santa Pola, 1921) decidió construir contra la opinión de todos, incluida la de su mujer, Doña Maruja Sabater Carbonell (Alicante, 1923). “Le dijo que estaba loco cuando le señaló un punto entre las dunas y le aseguró que ahí construiría un hotel de lujo”, recuerda Manuel Redondo, residente de Los Arenales. Aquel deseo, hecho realidad tres años después (de 1960 a 1963), se pronunció tras comprar por 1.800.000 pesetas los casi tres kilómetros de costa de aquel desierto de arena. En aquel punto que señaló a su señora levantó el hotel de costa más importante de Europa en los años 60.

“Su mujer le dijo a Tomás Dura que estaba loco cuando le señaló las dunas y le aseguró que ahí construiría un hotel de lujo”, recuerda Manuel Redondo, residente de Los Arenales

Ni me imaginaba que por sus puertas de cristal habían pasado personalidades como el Príncipe Juan Carlos, Don Juan de Borbón, el Rey Leka I de Albania, Pío Cabanillas, José María Pemán, Gregorio Marañón, Albano, Rita Pavone, Julio Iglesias, Don Murray o los mejores clubes españoles de fútbol, como el Real Madrid de las cinco Copas de Europa. Tampoco sabía que en el ático residía el matrimonio de Don Tomás y Doña Maruja, como les mencionan con respeto en el pueblo. Cada uno habitaba una casa independiente. La señora, mirando al mar cada mañana, con Tabarca en su diagonal a la derecha. “La separación estaba mal vista en aquellos tiempos”, cuenta bajando la voz un tono María Dolores Micol, otra vecina de la pedanía. El empresario se despertaba observando al interior, desde donde comprobó cómo su ‘locura’ se propagó viralmente a otros inversores que se abrazaron al ladrillo para hacer caja aprovechando el pistoletazo de salida que dio aquella gran obra.

Por el hotel Los Arenales desfilaron, entre los años 60 y 70, huéspedes como el Príncipe Juan Carlos, Don Juan de Borbón, el Rey Leka I de Albania, Pío Cabanillas, José María Pemán, Gregorio Marañón, Albano, Rita Pavone, Julio Iglesias, Don Murray o los mejores clubes españoles de fútbol

El lugar echó el candado ante la falta de financiación para invertir 20 millones de pesetas en su cadena de hoteles de la Costa Blanca, de la que Bañuls fue clave en su desarrollo. El recinto quedó cerrado “de la noche a la mañana”, recuerda Marisa Ortega, que ahora regenta una taberna en la plaza central que hay frente a la puerta principal del complejo. “Era un sitio precioso, con mármol, piedra, vidrieras, piscina con vaso de cristal, sótano recreativo, discoteca…”, rememora la vecina. “Las habitaciones eran pequeñas, hechas para el amor en pareja”, bromea un improvisado cliente que nos pide que digamos “sólo lo bueno” de la historia. Para ellos, el renacimiento del hotel dará vida a sus negocios y a sus calles, asegura Vicente Amorós ‘El Tallo’, otro hostelero de Los Arenales. El nuevo proyecto aportará 101 habitaciones, 38 plazas de aparcamiento y un imán para empresarios. “Hace falta turismo de verdad, no de baja calidad: a Los Arenales sólo vienen domingueros que ponen la toalla un mes y no dejan nada”, lamenta Marisa Ortega mientras coloca, a primera hora de la mañana, más mesas y sillas de las que podrá llenar durante todo el día. Incluso a lo largo de la semana.

El nuevo complejo hotelero, que será reformado en su totalidad, esperar abrir dentro de 18 meses y contará con 101 habitaciones, 38 plazas de parking y dispondrá de categoría de cuatro estrellas, con servicios de cinco

La reforma cumple su primera semana de obras y costará entre ocho y diez millones de euros. Por delante queda año y medio. Los responsables de la rehabilitación no hacen declaraciones. En el hotel sólo hay dos ‘huéspedes’, ambos con mono azul y una pila de ladrillos para levantar otra barrera ante la mirada intrigada de los transeúntes. Y no es casualidad. El hotel debe reconstruirse por completo, aunque la ley obliga a que no renazca desde cero si no quiere perder el derecho de habitabilidad. El secreto está justificado. Mi sueño era ver por dentro las entrañas de un edificio clausurado que vio la luz, por última vez, en 1989 con motivo del velatorio, en el salón principal, de su creador: Don Tomás Dura Bañuls. Desde dentro sólo nos conceden una bolsa de gresite que el pedáneo cuida como un tesoro: “Son trozos de historia, como los del Muro de Berlín”. La cuenta atrás ha comenzado. Ahora el sueño ya no es entrar, sino verlo terminado. La espera sigue mereciendo la pena.

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