CulturHelp, un festival para concienciarse

Voluntarios de Cruz Roja San Juan organizan  los alimentos donados.

Voluntarios de Cruz Roja San Juan organizan los alimentos donados durante el CulturHelp Festival / Estefanía Pérez

Llevaban tiempo anunciándolo; el primer festival solidario de San Juan (Alicante) llegaría pronto, y en unas fechas muy señaladas. El artífice de toda esta iniciativa ha sido la Concejalía de Cultura y Servicios Sociales del pequeño municipio en beneficio de Cruz Roja y muchas otras asociaciones de la provincia. El único requisito para disfrutar de los polifacéticos Let it Roll, Pura Mandanga o Xeco Rojo es acudir el domingo 13 de diciembre con ganas de aportar un granito de arena al evento. Entrada gratuita, pero con petición especial: 1 kg de comida no perecedera.

Desde los alrededores de la Plaza José Carreras, punto neurálgico del encuentro, se escuchan las guitarras de la primera banda Let it Roll: alicantinos con aires “beatlestonianos”, digo esto porque me acerco a la entrada al son de Let it Be y Satisfaction. Para los que nunca han podido decantarse entre las dos bandas más influyentes de los 60, este grupo alicantino intercala en sus conciertos las delicias de los Beatles y de los Rolling Stones con una interpretación impecable. Entre los asistentes más veteranos se percibe de lejos una alegría especial. Quizá por el anhelo de rememorar a sus grandes ídolos o por las ganas de que sus hijos (allí presentes) aprendan lo que es la buena música. No obstante, también decenas de jóvenes conocen de sobra el repertorio, y se nota: bailan al ritmo de Twist and Shout y corean con sentimiento una de las mejores baladas de todos los tiempos Angie.

Todos los beneficios que se recauden en el CulturHelp Festival van destinados a Cruz Roja San Juan y a muchas otras asociaciones alicantinas

Aún es temprano. Entro en el recinto con mi kilo de arroz y lentejas, y al ver la mesa de Cruz Roja repleta de paquetes de estos dos alimentos básicos, me siento algo decepcionada con mi falta de originalidad y me dirijo a una de las voluntarias: “He traído esto, aunque creo que tenéis de sobra”; la respuesta de la mujer me asesta un golpe de realidad nada más llegar: “Para nada, nunca hay suficiente ayuda”. Me sonríe y le sonrío, tiene un gesto de bondad que me enternece. Me dirijo hacia dentro del festival.

Paseo entre los puestos y mesas solidarias, mientras de fondo siguen sonando los Rolling y los Beatles. Allí, alrededor del escenario se reúnen los distintos colaboradores e invitados al evento. No falta asociación sin representar: veo muñecos tumbados en el suelo, son de los Técnicos de Emergencias Sanitarias sin Fronteras (TESSINF), que enseñan primeros auxilios a aquellos que se acercan; la Asociación de Discapacitados y Familiares (ADF) vende decoraciones navideñas hechas a mano; la Orquesta de Pulso y Púa de San Juan está muy informa a la gente sobre su labor de enseñanza musical; la Asociación Fotográfica “FotoExcursiones” ha instalado un photocall muy original, (en el cual asomo la cabeza para inmortalizarme en una jornada tan especial como esta), entre un largo etcétera. Me alegra que también esté la Asociación Pro-Discapacitados de Alicante (APSA), es una entidad que siempre se involucra en todo lo que puede, la reconozco de ver su logo en la copistería de mi Universidad, donde trabajan algunos de sus miembros.

Observo muchas caras sonrientes. El grupo se hace una foto y yo me dejo caer en el puesto de APSA, veo que ofrecen calendarios solidarios, arbolitos de navidad y libros de recetas, todo realizado por ellos. Precisamente, a uno de sus voluntarios me dirijo para preguntarle qué le parece la iniciativa del festival; puedo observar que Ángel Ortiz, de tan solo 20 años, está muy implicado hoy (y siempre, como me dice): “Este tipo de eventos está muy bien para recaudar fondos y concienciar a la sociedad para relacionarse con personas discapacitadas”. Al lado tiene a uno de los jóvenes bailando incansablemente: “Es que es amante del Rock and Roll”, me comenta entre risas. Ángel se tiene que marchar ya con su grupo a comer. Al girarme veo en otro de los puestos un cartel que me entusiasma: “Besos y abrazos, 30 céntimos”. Sigo mi recorrido por el CulturHelp.

Voy rumbo al puesto de Cruz Roja para hablar con alguno de los que colaboran. Me atiende Maribel Pérez, responsable de la sede solidaria en San Juan. Su testimonio, cercano y real daría que pensar a cualquiera: “No hay que creerse nada de lo que dicen los políticos; no estamos saliendo de la crisis, tenemos una barbaridad de familias que dependen de nuestra ayuda”. Yo la creo a ella.

Maribel vive día a día para que otras personas, menos afortunadas, tengan algo que llevarse a la boca durante todo el año (y especialmente en Navidad), trabajo que no tendría por qué corresponderle a una ciudadana de a pie. Pero eso es otra historia. Menos mal que al menos hay gente con conciencia global que anima al resto a colaborar con aquello que la política no resuelve.

Una gran cantidad de familias del pueblo de San Juan depende de la ayuda que les proporciona Cruz Roja

La plaza se está llenando. Escucho tambores y un saxofón de fondo. Me vuelvo a acercar al escenario. Son las 12:30 y ya ha llegado la actuación estelar: Pura Mandanga, una banda de nuestra tierra que define su estilo carismático “entre lo latino y lo mediterráneo”. Y tanto. Con el calor del mediodía y su charanga fiestera consigue que a todos los presentes se les despeguen los pies del suelo y les sobren las chaquetas. La vergüenza se ha quedado en casa y la gente se anima a bailar unos con otros. Abunda la energía positiva.

Termina su parranda particular y, al micrófono, el grupo recuerda por qué estamos todos aquí: intentar ser solidarios nos ha movido hasta esta plaza. De repente me viene a la mente una frase de García Márquez: “Si Dios no hubiera descansado el domingo, habría tenido tiempo de terminar el mundo”. Cuánta razón. Un domingo como hoy intentamos mejorar el mundo, que se quedó sin acabar.

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