De la cepa a la mesa

La vendimia en Alpera ha terminado con un total de 11 millones de kilos de uva pero de menor calidad que en campañas anteriores

 

Cubos llenos de uva en una mañana de vendimia

Después de casi todo un año cuidando el viñedo llega la hora de recoger el fruto, es el momento de la vendimia. La calidad del futuro vino radica en que se haya madurado en su punto óptimo, esto dependerá de factores como el color, ph, grado de azúcar o acidez de la uva. Igual de importante es que el fruto entre a la cooperativa en perfecto estado y evitar que no transcurra demasiado tiempo entre la recolección y el comienzo de elaboración.

Podemos definir la palabra vendimia como la recogida o cosecha de las uvas. En Alpera, el mes clave suele ser a finales de septiembre, aunque este año, se ha hecho de rogar debido a las malas precipitaciones y calidades de las uvas.

Existen dos maneras de recolectar la uva, la tradicional y la moderna. La tradicional es la manual, la que se aprende con las manos y se transmite de generación en generación. Para llevarla a cabo sólo se necesitan unas tijeras y un cubo. Esta técnica, que todavía pervive, a pesar de los avances en la maquinaria, es utilizada para la producción de vinos de alta calidad, puesto que se escogen los mejores racimos y se descartan aquellos que están en peor estado. También es más duro para los jornaleros, ya que el vendimiador está continuamente levantándose y agachándose para cortar la uva de cepa en cepa a lo largo de los hilos; el cubero, la persona encargada de cambiar esos cubos de vid y descargarlos en el remolque, no para de atender a las llamadas de sus compañeros, y el tractorista, avanza poco a poco por el viñedo. Un trabajo de sol a sol por un sueldo que ronda los 50€ al día y que no está lo suficientemente valorado.

José Almendros, Presidente de la Cooperativa Santa Cruz de Alpera afirma que “he conocido a mujeres que recolectan tanto e incluso más que los hombres. Es una tarea dura que requiere mucho esfuerzo físico”.

Viticultores recogiendo el fruto

En cuanto a la recogida de la vid usando las nuevas máquinas vendimiadoras, la vendimia resulta más rápida que la manual, aunque resulte económicamente más caro porque el trabajo a lo largo del año es más costoso, ya que se debe cuidar el emparrado de las cepas. La dificultad de encontrar personal cualificado y el incremento de los costes de recogida de la uva a mano está provocando que este tipo de técnica se implante en la mayoría de los viñedos de la comarca. Para realizar este tipo de recolección, es necesario que el cultivo esté formado en espaldera, un sistema de plantación en el que del tronco de la cepa salen dos ramas y se atan a un alambre. Una de las ventajas que tiene es que permite una vendimia nocturna, y de esta manera, el vino se oxida menos porque las temperaturas son más bajas que durante la mañana.

La campaña vinícola de este año ha llegado con dos problemas. La sobremaduración de la uva y la aparición de un hongo llamado Botrytis cinerea, que se produce cuando hay lluvias acentuadas, han sido los principales obstáculos que han ido en contra de las calidades de los caldos. A pesar de todo, la bodega no ha dejado de recibir llamadas de sus habituales clientes, los italianos.

El vino por antonomasia más premiado de esta cooperativa es un Verdejo, conocido como Santa Cruz de Alpera y que ha sido galardonado como el mejor vino blanco del territorio manchego 2014 por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Diego Fernández, enólogo de la cooperativa Santa Cruz, garantiza que “la particularidad de esta uva es la variedad autóctona de la zona de Almansa tintorera, que es muy especial porque es de las pocas en el mundo que tiene un color intenso en la pulpa”. Además, asegura que “las condiciones climatológicas del pueblo son muy buenas, ya que los viñedos se ubican a 900 metros de altitud idóneos para elaborar vinos productivos”.

El proceso para elaborar un vino tinto es sencillo, la uva entra a la bodega y el primer paso es aplicar la técnica de despalillado, que consiste en quitar el raspajo del racimo de uva. Posteriormente, la uva se despalilla, se estruja y las bombas de pasta la envían a los depósitos. Durante la fermentación es importante controlar la velocidad y temperatura. Cuando la uva finaliza de fermentar sus azúcares, se hace el proceso de sangrado, en el cual se extrae el vino de la uva y la pasta. Finalmente se obtienen dos productos, por un lado, el vino de prensa, y por otro, la pasta seca que da lugar a lo que conocemos como orujos. Ese caldo se conjunta y almacena para poder realizar la segunda fermentación, durante la cual, el vino se estabiliza y suaviza.

El vino que no ha alcanzado el grado o la calidad suficiente es utilizado para la quema de alcoholes, orujos o destilería de licores.

Al finalizar la vendimia, el primer trabajo que requiere el viñedo es la poda, es decir, cortar las ramas de las vides para que fructifiquen con más fuerza para la próxima campaña.

Este año, la cooperativa ha podido almacenar 11 millones de kilos, una cantidad baja cuando en otras campañas se han acumulado entre 18 y 19 millones de kilos de uva. Pero lo peor no es la cantidad sino que la añada del 2015 no ha sido de la calidad que se esperaba.

También cabe destacar el papel que desempeñan los extranjeros de diversos países del mundo que llegan a esta pequeña localidad en busca de agricultores para que les faciliten un puesto de trabajo. “Se les hace un contrato legal que está en vigor durante el tiempo que dure la campaña, así como un ‘contrato’ donde se ajustan unos precios y se les facilita un hogar para poder vivir” explica Otilio Bueno, agricultor de la zona.

Cortar un racimo de uva es una tarea fácil que cualquiera podría hacer. Cortarlo por toneladas y a toda velocidad sin llevarse un dedo es algo más complicado. Mejor se lo dejamos a los profesionales.

 

 

 

 

 

 

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