Desde el fondo del pozo

La depresión es la primera causa de enfermedad entre los jóvenes y la tercera causa de muerte por detrás de los accidentes de tráfico y el VIH.

En 2015 la alerta por depresión juvenil se ha disparado a niveles preocupantes. La Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) ya ha registrado un elevado número de casos entre jóvenes que sufren problemas emocionales y pensamientos suicidas (en algunos casos, incluso niños menores de diez años). Si en 2014 se registraron 344 llamadas por autolesiones, desde enero hasta septiembre de 2015 esta cifra ha aumentado hasta 507 gritos de socorro que necesitan ser escuchados. Y es que, pese a que la sociedad muchas veces diga lo contrario, la depresión es una enfermedad real y no sólo afecta a los adultos.

Carmen Barraquel tiene 20 años y sufre depresión desde los 17. Su caso empezó con un simple dolor de cabeza que no remitía. Tras meses de pruebas le diagnosticaron una cefalea para la cual actualmente ha agotado todos los tratamientos. Todo esto derivó a un psicólogo, donde descubrió que ese dolor de cabeza continuo provenía de un trastorno de ansiedad y una depresión que le estaba afectando de forma psicosomática.

Tras un año en tratamiento, Carmen María sigue acudiendo al psicólogo. Pese a que ha mejorado, tuvo que dejar su trabajo por su estado de ánimo y la depresión: “Yo quiero levantarme, ir a trabajar y ser una persona normal, pero no. Necesito quedarme en casa y estar sola, no tengo fuerzas para levantarme o hacer lo que una persona debería hacer.”

La depresión puede tener causas exógenas o endógenas. Aquellas que estén provocadas por causas exógenas son más fáciles de tratar, ya que suelen ser transitorias y de corta duración. Las depresiones endógenas son las que pueden derivar en una depresión crónica, más difícil de erradicar y que aparece por motivos biológicos o hereditarios. La mayoría de casos de depresión juvenil tienen un origen exógeno relacionado con su ambiente socio-familiar o incluso de estudio.

El psicopedagogo Diego Coves cree que la diferencia entre la depresión adulta y la juvenil se basa en la percepción, ya que “un niño deprimido o triste no se nota tanto como un adulto”. Además, se manifiestan diferentes síntomas como la irritabilidad o la agresividad y señala que “en vez de estar tristes o decaídos, tienen más rabietas y se muestras más inquietos, lo cual es una característica clave a la hora de detectar estos casos”.

En la depresión juvenil los efectos psicosomáticos o síntomas pueden variar frente a la depresión adulta. La falta de energía es uno de los síntomas más compartidos,pero el insomnio (que sufren gran parte de los afectados de depresión) no se da tanto en jóvenes y niños, y la ansiedad se traduce a un estado más nervioso o de miedo palpable, diferente a la ansiedad muscular en los adultos.

La depresión juvenil también deriva muchas veces en una falta de rendimiento académico o de concentración. La fatiga y el retraimiento afectan a la actividad escolar, además del ámbito social y de la vida diaria, con lo que es difícil saber cuándo un niño tiene depresión o simplemente está desmotivado. Según Coves, “depende mucho de la personalidad del niño, hay que tener mucha información y juzgar bien para diferenciar qué niños están tristes o cuáles están deprimidos”.

“Todo cambio genera una indefensión, sobre todo en los más jóvenes”, declara el psicopedagogo Diego Coves

En casos de depresión juvenil es mejor llevar a cabo una terapia “conductual cognitiva”, aclara Coves, ya que “se trabaja el pensamiento y la conducta que originan un sentimiento (en este caso, depresión). Así se modifica el pensamiento original y se desarrolla la autoestima”. Además, el psicopedagogo prefiere usar esta forma de psicoterapia antes que empujar a los jóvenes a los antidepresivos, ya que “puede haber problemas de desarrollo o efectos secundarios” y sólo deberían usarse como último recurso, como con depresiones endógenas o de larga durabilidad (más de seis meses).

El psicopedagogo Diego Coves no recomienda que los jóvenes tomen antidepresivos

El psicopedagogo Diego Coves no recomienda que los jóvenes tomen antidepresivos/ GLORIA MOLERO

Durante la adolescencia se dan mucho más casos de depresión y agitación emocional por los cambios hormonales y sociales experimentados y, según el psicólogo, “todo cambio genera una indefensión, sobre todo en los más jóvenes”. Esta teoría del cambio también se da en la sociología con la “búsqueda y creación de identidad”. Marta Pérez, licenciada en Sociología y trabajadora social en colegios y centros juveniles, da mucha importancia a este aspecto en la vida adolescente y sus etapas previas.

“Si se sufre acoso en un periodo de búsqueda de identidad, es normal que el sujeto acabe desarrollando algún tipo de depresión”, sentencia la socióloga Marta Pérez

La búsqueda y creación de identidad es uno de los factores que más propician el acoso escolar y la depresión infantil y juvenil, ya que usualmente originan el bullying, que puede derivar incluso en casos de suicidio. Según Pérez, “a lo largo de las semanas si se sufre acoso constantemente y en periodo de búsqueda de identidad, cuando la personalidad no ha sido del todo formada, es normal que el sujeto acabe desarrollando algún tipo de depresión.”

El acoso escolar se lleva a cabo desde hace décadas, pero no fue hasta hace poco cuando la sociedad se dio cuenta de las graves consecuencias que pueden sufrir aquellos niños y adolescentes que han sufrido esta práctica. El acoso se puede presentar no sólo de forma física sino también verbal o, en su nueva modalidad, por internet. El ciberbullying es una de las nuevas formas de acoso entre jóvenes que aprovechan las redes sociales para humillar a compañeros o conocidos.

Los jóvenes que sufren un acoso continuo y sin respiro acaban sufriendo graves traumas y problemas mentales en la adolescencia y juventud, tienden a autolesionarse y tienen una gran cantidad de pensamientos y actitudes suicidas que pueden acabar de la peor forma posible. Pero, ¿a qué se debe el bullying?

“Una persona que hace bullying está intentando crearse a sí misma y buscarse un grupo, y al machacar a otro adquiere poder dentro de su clase. Si no has creado tu propia identidad quieres que los demás te acepten, y eso se consigue haciendo que un grupo esté de acuerdo contigo en algo”, señaliza Marta Pérez.

/ DEBORAH FAULKNER cc FLICKR

Los jóvenes que sufren acoso continuo acaban sufriendo traumas y depresión / DEBORAH FAULKNER cc FLICKR

Los factores del bullying se basan sobre todo en la diferencia y la exclusión. Cuando un joven es diferente o destaca en algo, tiende a sufrir maltrato por parte de sus compañeros que puede derivar en depresión o traumas. Uno de los factores actuales más importantes en los institutos a la hora de hacer bullying ha sido la homofobia.

Para solucionar este acoso continuo, Pérez apuesta por un cambio en el sistema educativo: “Es muy importante la visibilización en colegios, como poner un tutor que haga un seguimiento a los estudiantes. Hay que hacer clases con menos gente, de diez alumnos para hacer un seguimiento de cada niño, conseguir que hablen y se entiendan entre ellos, motivar el respeto y la confianza…. Si le infundes el respeto por los demás compañeros sin tener en cuenta si es más listo, gordo, bajito, gay o lesbiana, tendrán respeto por esa persona y por toda su clase. Si un tutor está pendiente y sabe lo que pasa, podrá solucionarlo”.

Sin embargo, toda precaución es inútil si no se cuenta con una mano amiga en casa, y según Diego Coves, los padres son una de las bases de la recuperación en las depresiones juveniles: “Tienen que estar en constante comunicación. En las horas más importantes del día, como en la comida, tiene que haber un momento exclusivo para el hijo. Tienen que sacarle una sonrisa con una actividad que les guste, y tener cuidado con la comunicación no verbal, ya que es tremendamente importante”.

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