El arte sin edades

Lola Agulló muestra algunas de sus obras/ Lorenzo Martínez

Lola Agulló muestra algunas de sus obras

La campesina y pintora ilicitana Lola Agulló muestra su progreso en el mundo de la pintura año tras año en cada exposición

 

 

La primera vez que Lola Agulló cogió un pincel tenía 75 años. Armada y con la inspiración en la mente, comenzó por representar lo más cercano a ella: el pueblo de Elche y la gran palmera de la nit de l’Albà sobre Europa. Inconscientemente, la ilicitana hizo de Europa una mancha viole- ta. Fue entonces cuando su profesora Antonia Soler vio que, sin saberlo, había representado el dicho de que Elche se mantiene sobre un zafiro. Ese, se convirtió en el momento en el que realmente descubrió la magia de describir las ideas y sentimientos con un pincel.

Poco a poco se ha ido haciendo imagen en el mundo de la pintura y ya son siete las exposiciones en las que ha participado en poco más de cuatro años. Su primera vez fue en el centro social de Perleta, la pedanía ilicitana en la que ha pasado la mayor parte de su vida. También ha participado en las exposiciones del Corte Inglés. En ambas, año tras año ha sido capaz de impresionar al público mostrado un gran progreso artístico.

Todo comenzó en 2008, cuando Lola Agulló quedó viuda y decidió apuntarse a clases de alfabetización en las que aprendiendo a sumar, restar y multiplicar ocuparía su tiempo libre. Cuando se distraía en las clases, hacía pequeños dibujos en los márgenes de las páginas y, un día que su profesor ls vio, en lugar de reñirle, le felicitó y le sugirió apuntarse a clases de pintura, y así lo hizo.

A primera hora de la mañana siguiente fue al centro social del barrio San Antón a inscribirse en el curso para principiantes, al que estuvo yendo durante un año. Cansada de las ceras, se aprovisionó de pinceles y pinturas y, con su pequeño maletín, probó con otra profesora ilicitana, Marisa  Cabañes, con la que sólo estuvo un año más debido a que Lola Agulló tuvo que hacerse cargo de su hermana tras la muerte de su cuñado.

Lola suele rifar sus cuadros para destinar el dinero a la compra de ropa y alimentos para los más desfavorecidos

Sin embargo, nada fue capaz de pararle los pies. Sin indicación o consejo alguno, la campesina continuó su carrera en el mundo del arte por su propia cuenta. Así, su lugar de residencia, un pequeño estudio de poco más de 25 metros cuadrados, se convirtió en su lugar favorito para pasar las tardes pintando y viajando a través del tapiz de cada lienzo. “Para mí la pintura es mi gran ilusión”, destaca la ilicitana.

A pesar de su limitada capacidad econonómica, la pintora de 81 años no se  ha planteado poner a la venta sino que todas sus exposiciones son para sentirse feliz consigo misma. Y es que agulló prefiere regalar sus cuadros a sus nietos para que tengan un bonito y colorido recuerdo de ella, o simplemente, continuar con uno de sus principales cometidos: rifarlos para destinar el dinero que se recoja a la compra de alimentos y ropa para los más desfavorecidos, como ya ha hecho en más de diez ocaciones, donándoselo a Cáritas Elche.

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Centro Social de Altabix

El empujón que le faltaba

Cuando nadie apostaba por Lola Agulló, y pensaban que la pintura era un simple entretenimiento para no pasara el resto de sus días postrada en el sofá, apareció Marisa Cabañes y Francisco Martínez, compañero de clase. La profesora, con la que estuvo un año, y su amigo con el que comenzó desde las clases de afabeticación, ayudaron desde el principio a la campesina. Cabañes le dio el empejón para que pudiera pintar al óleo y consigo,perfeccionar su técnica.Una técnica que llevaba años escondida.

Sin embargo, para Marisa lo bueno de Lola es que no diseña sus dibujos con perfección. “Que ponga su imaginación y fantasía es lo bueno del pintor y es lo que hace distinguirse de otras personas”.

 

 

 

 

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