El atardecer de los muertos benéficos

Como reza Peter, el agente SWAT cobijado en un centro comercial, en El Amanecer de los muertos vivientes de 1978, “cuando el Infierno esté lleno, los muertos caminarán sobre la Tierra”. Pero, ¿quién pensó que también pudieran correr? En el centro de Elche, cobijados en las esquinas y los rincones de las calles que forman el casco histórico de la ciudad, esperan a sus presas. Ataviados con batas ensangrentadas y uniformes rasgados, su aspecto se corresponde más con Halloween que con las fechas navideñas en las que nos encontramos. Una de las criaturas se detiene, mira al horizonte, y anima al resto: “Mira, ya se acercan, a ver a cuántos pillamos”, se conjura uno de los no-muertos con sus compañeros que pueblan la Plaza de la Eucaristía. A lo lejos, una pareja de corredores se acercan, hacia la trampa de los fingidos cadáveres vivientes, que, al paso del equipo, realizan su ataque. Pero lejos de intentar darse un festín con los atletas, los gules tratan de arrancarles tres cintas que llevan atadas a la cintura.

Este escenario de película de terror no es más que el decorado perfecto para la Carrera de Equipos contra Zombies que organizó la Universidad Miguel Hernández el pasado sábado. Pese al frío que apelmazaba las narices de corredores y asistentes, y a la escasa hora de luz solar con la que contó la carrera, los aguerridos participantes no se amilanaron ante las dos vueltas al recorrido de cuatro kilómetros, que comenzó con la anécdota de la cuenta atrás fallida del speaker, en la cual por un error en el cronometraje no pudo pasar del ocho sin que se diera la salida oficial a la carrera.

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Da comienzo la carrera en la Plaza de Baix. A las cinco de la tarde, ni un minuto más ni uno menos, con tanta exactitud que incluso cortan la cuenta atrás preparada por el speaker. / Jorge García Rodríguez

Durante la carrera, en el seno de la organización reinaba la anarquía, valga la paradoja. Los organizadores, con Celestina Martínez, profesora de la UMH, como responsable de la prueba, corrían de un lado para otro, tanto que en ocasiones era difícil diferenciar a los coordinadores de los corredores, por lo que es de destacar la encomiable labor de estos.

Por supuesto, no hay carrera si no hay un ganador, o ganadores en este caso. Alberto Alameda y Borja Torregrosa, dos compañeros de carrera, de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en la Universidad Miguel Hernández, ambos corredores habituales, aunque pertenecientes a equipos distintos, que se hicieron con la parte más alta del cajón, ya que realizaron los ocho kilómetros de los que constaba la prueba en algo menos de 35 minutos. Aún con la respiración acelerada, y con la vista puesta en la carpa de abastecimiento de bebidas para los participantes, Alberto y Borja reconocieron que la experiencia fue muy buena, ya que el año pasado estuvieron como organizadores, y querían conocer “la otra cara de la carrera”.

Alberto Alameda y Borja Torregrosa se hicieron con la parte más alta del cajón.

Tras la entrevista con los ganadores, la atención se centró sobre la figura alta y de color naranja fosforito de uno de los corredores, que tras la carrera fue directo a atender a algunos fotógrafos de diarios locales para posar con un cartel de la carrera y algunos de los organizadores. Era Carlos González, actual alcalde de Elche, que acababa de disputar la prueba junto con el resto de participantes. Visiblemente cansado pero con una sonrisa de oreja a oreja, declaró que fue “una experiencia muy divertida, y a la vez muy, muy intensa, debido a la irrupción de los zombis”. Destacó la intención solidaria de la carrera, y dejó clara su intención de volver a participar en la edición del año que viene, si bien es cierto que aclaró que entrenará “específicamente para este tipo de carrera tan explosiva”, por lo que necesitará “zombis para esquivar”.

Carlos González declaró que fue “una experiencia muy divertida, y a la vez muy, muy intensa”.

Finalmente, y tras que todos los participantes cruzaran la meta, se procedió a entregar los premios a los cuatro equipos ganadores, dos por hacer la marca más baja, y dos por llegar en el menor tiempo posible con el mayor número de vidas. Si bien la propia naturaleza de la prueba se caracterizaba por la presencia de elementos mortuorios y sobrenaturales, con la entrega de los premios se vio el lado más humano de la carrera, y es que todos los premios se destinaron a diversas organizaciones sin ánimo de lucro e instituciones, como la Asociación de Familiares de Personas con Alzheimer de Elche, Cáritas y la Fundación Salud Infantil.

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