“El ciberacoso hay que convertirlo en lo que es: Un problema de todos que ha de ser resuelto por todos”

NURIA RODRÍGUEZ | Criminóloga e investigadora del centro Crímina 

El Miedo. Una sensación que puede inducir a la desesperación, al silencio, a la sumisión. Se trata de un componente peligroso cuando se posiciona en manos equivocadas, atribuyendo al agresor el poder de manipular a su antojo la conducta de la víctima. Un sentimiento que los jóvenes que padecen acoso en la red conocen de primera mano, y es que las estadísticas son preocupantes: 1 de cada 4 menores españoles de entre 13 a 18 años admiten haber sufrido ciberacoso. Nuria Rodríguez, criminóloga y portavoz del centro Crímina especializado en la prevención de la delincuencia, explica como este tipo de acoso, también denominado “Ciberbullying”, da nombre al sometimiento psicológico ejercido entre iguales mediante el uso de telefonía móvil e Internet.

Nuria Rodríguez investigadora de Crímina/foto cedida

Nuria Rodríguez investigadora de Crímina/foto cedida

El efecto del ciberacoso se multiplica negativamente respecto al acoso tradicional dado en las aulas. La viralización de contenidos, el acceso rápido y en tiempo real a la información y la perpetuidad con la que los contenidos permanecen en la red incrementan los sentimientos de angustia y miedo en las víctimas, impidiéndoles escapar del rol de victimización en el que han sido situados.

La portavoz de Crímina, asegura que el uso incorrecto y continuado de las redes sociales puede afectar la salud tanto física como psicológica del menor. “El sentimiento de privacidad es algo que se ha perdido en las nuevas generaciones, los jóvenes buscan imitar a sus ídolos, comparten información privada, fotos semidesnudos, etc. La depresión, auto-marginación, problemas alimenticios y el déficit de atención son algunas de las consecuencias del acoso por internet”, aclara.

Algunas de las redes sociales más usadas por los jóvenes como Instagram o Snapchat no cuentan con ninguna restricción de seguridad efectiva, ni tampoco con políticas que protejan al usuario. Por lo que cuando el acoso en alguna de estas redes comienza, los menores se sienten desprotegidos y tienden a guardar silencio para evitar posibles represalias por parte de los acosadores. Este fenómeno es conocido como la espiral del silencio. Las víctimas de ciberacoso no se ven capaces de afrontar abiertamente la situación, tienen miedo de ser ignorados, temen que el aceptar su posición de víctima termine por empeorar una situación de la que muchos no ven salida. Y así, día tras día siguen alimentando a una bestia que nunca termina de saciarse.

Pero esta cadena de silencio sustentada en el miedo puede romperse. “El ciberacoso hay que convertirlo en lo que es: Un problema de todos que ha de ser solucionado por todos. Es importantísimo contar con el apoyo tanto del sistema educativo como de los padres. El menor ha de conocer los riesgos y tener las habilidades suficientes para afrontar cualquier tipo de ciberataque de la forma más adecuada”, asegura Rodríguez.

En la actualidad son muchas las instituciones educativas que cuentan con planes de intervención sólidos en materia de acoso. Sin embargo para Rodríguez no es suficiente: “Se necesita la realización continuada de charlas entre padres, docentes y menores para que estos planes de intervención evolucionen positivamente. Además, los menores deben de ser observados para evitar cualquier caso de acoso desde su inicio”, sentencia.

En casa también queda mucho trabajo por hacer. Los menores deben contar con una influencia positiva para que el paso de la niñez a la adolescencia, mediante el inicio del uso de las redes sociales, sea lo mas seguro posible. A Rodríguez le preocupa como la actitud despreocupada de algunos padres puede “influir de forma muy negativa” en las acciones de sus hijos. “Enseñamos a nuestros hijos a no coger caramelos de un desconocido, pero no a no aceptar un follow de un desconocido. Además, si ven que nosotros mismos no valoramos la intimidad de nuestra vida y publicamos constantemente información, tomarán ejemplo de ello”, comenta la criminóloga.

Si la intervención no se realiza a tiempo las consecuencias a largo plazo pueden ser muy destructivas para el menor llegando, en algunos casos, a ser irreversibles. “La sensación de impotencia y soledad extrema pueden llevarles al suicidio, como ya se ha dado en numerosas ocasiones, por lo que es vital la inmediata actuación ante un caso de ciberacoso para prevenir llegar a esa situación”, concluye Rodríguez.

El ciberacoso se ha convertido en la realidad que experimentan día tras día miles de jóvenes en nuestro país. El miedo, en su más acérrimo compañero de vida. La espiral de silencio que los somete solo puede romperse desde dentro, por lo que estos jóvenes se enfrentan diariamente a la aterradora disyuntiva de alzar la voz para, quizás, ser o no ser escuchados, o continuar soportando el acoso. Sin embargo, cada vez son más los estudiantes que deciden dar un paso al frente, usando aquello que más miedo les da en su propio beneficio. Transmitiendo un mensaje de apoyo en las propias redes que les han atormentado, para reclamar que no están solos. Un mensaje de unidad que asegura, el momento que más miedo da es siempre el de antes de empezar algo grande, pero aun así, debes hacerlo.

 Esther González.

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