El dibujante y el mar

El mundo del cómic es complejo. Todos hemos crecido con él; todos en alguna ocasión hemos leído algún tebeo de Mortadelo y Filemón o de la Patrulla X. Sin embargo, el público general suele pensar que las historietas son algo para adolescente o adultos raritos, pese a que este medio ya hace tiempo que es considerado un arte por derecho propio. Y es que durante mucho tiempo el cómic tampoco hizo mucho por parecer algo profundo y adulto. Las primeras historias de Superman habrían hecho que el lector medio actual sintiera cierto bochorno al pasar las páginas de un tebeo en el que las situaciones absurdas estaban a la orden del día. Pero, tras la edad de oro del cómic de superhéroes llegaría una era más oscura y conceptual: artistas como Alan Moore o Art Spiegelman crearían obras que merecerían el calificativo de novela gráfica para así diferenciarlas del simple y banal cómic. Para muestra, un botón: Maus, del ya citado Art Spiegelman, ganó un premio Pulitzer en el año 1992.

cartel-af-final

El cartel promocional del evento contó con una ilustración de Miguelanxo Prado.

Por tanto, habiéndole mostrado al gran público que el noble arte del cómic tiene profundas y complejas historias que ofrecer, es hora de entrar en materia y hablar del evento que nos reúne hoy en estas páginas. Durante los días 16, 17 y 18 de noviembre se celebraron en el Centro Cultural Las Cigarreras, Alicante, una serie de charlas sobre el cómic y el mar. Además, aquellos actos también sirvieron de homenaje para el recién fallecido Paco Camarasa, un importante editor de historietas en nuestro país. Por tanto, asistí a los eventos del jueves 17 y el viernes 18, dos jornadas en las que pude escuchar a algunos de los mejores dibujantes y guionistas del panorama nacional entre los que se encuentran Miguelanxo Prado y Juan Díaz Canales, autor este último de la reconocida novela gráfica Blacksad.

Paco Camarasa fue el director de la importante editorial de cómics Edicions de Ponent, cuyo legado ha perdurado hasta nuestros días.

La jornada del jueves comenzó a las siete de la tarde y tuvo lugar en la sala Caja Negra del Centro Cultural Las Cigarreras, edificio que antaño fue un complejo industrial. La primera conferencia involucró al dibujante Rubén Pellejero y al guionista Juan Díaz Canales, los cuales habían hecho historia: eran los encargados de continuar las peripecias del mítico personaje Corto Maltés. Pero, seamos francos, la mayoría de los lectores ni siquiera sabrán quién es el marino que se esconde tras este rimbombante nombre. Creado por el italiano Hugo Pratt en el año 1967, Corto Maltés da nombre a la serie de historietas que narran sus asombrosos viajes y aventuras en las que se conjugan literatura e historia y que ya se consideran un clásico del mundo del tebeo.

La charla versó sobre este icónico personaje, el legado que ahora reinventaban los dos artistas y las particularidades del Corto Maltés de Pratt. También se habló sobre la libertad creativa de la que gozaban dibujante y guionista teniendo en cuenta que debían trabajar sobre un personaje ya creado y con una legión de fans consolidada. “No hemos tenido ni siquiera ningún tipo de sugerencia, hemos trabajado con total libertad”, zanjó Canales cuando se le preguntó sobre el grado de implicación en el proceso creativo de la heredera de los derechos de la obra, Patricia Zanotti. La intervención de Pellejero y Canales estuvo dirigida y moderada por el crítico de arte Paco Linares, el cual demostró un amplio dominio del personaje de Corto Maltés.

mesa-redonda-d

De izquierda a derecha: Jordi Ojeda, Pablo Auladell, Juan Diaz Canales, Rubén Pellejero, Miguelanxo Prado y Paco Linares.

Tras esta charla el que subió al estrado fue el gallego Miguelanxo Prado, autor de obras como Ardalén o la reciente Presas fáciles, el cual conversó largo y tendido sobre su obra con el catedrático Jordi Ojeda. El autor hizo gala de su humor socarrón y contó la genésis de la que posiblemente es su obra más reconocida: Trazos de tiza. El escritor se basó en una idea que tuvieron Borges y Bioy Casares durante una cena y Prado aseguró que en un primer momento pensaba que no publicarían la obra debido al reducido número de personajes que aparecen en ella (apenas tres) y al hecho de que el mismo narrador trate de engañar al lector exponiendo los hechos de forma confusa y falaz. Este planteamiento original y profundo hizo que la obra ganase numerosos premios, entre los que se encuentra el de Mejor Obra Saló del Còmic de Barcelona del año1994.

Miguelanxo Prado ha colaborado en varias ocasiones con el acuario Aquarium Finisterrae de La Coruña haciendo dibujos para el centro.

Miguelanxo también habló de su película de animación De profundis y del gran trabajo que costó producirla: seis años y más de diez mil dibujos. Además narró su experiencia laboral con la industria americana a finales de los años noventa, cuando trabajaba en la serie animada de Men in black y cuyo productor era Steven Spielberg. Prado aseguró que cuando vio el resultado quedó indignado ya que pensó que la serie retransmitida no tenía nada que ver con su estilo artístico. Sin embargo, no tardó en recibir numerosos elogios de gente que afirmaba que nada más ver los dibujos en la televisión supieron que era obra de Miguelanxo: “A las tantas de la madrugada me llamó Guillermo del Toro diciéndome que había visto la serie en la televisión del hotel y que era increíble que los gringos me hubieran plagiado”, contaba con humor Prado.

Alrededor de las nueve de la noche acabó la disertación del dibujante gallego, pero el evento continuaría al día siguiente a las siete de la tarde. La jornada del viernes consistió en una mesa redonda compuesta por los artistas que acudieron a la víspera (Pellejero, Prado y Canales), además del catedrático Jordi Ojeda y el crítico Paco Linares que también volvieron a aparecer por Las Cigarreras. A los asistentes ya mencionados habría que añadir al ilustrador e historietista alicantino Pablo Auladell. En el debate se discutió el peso del mar en la obra de cada uno de los autores y al finalizar la ponencia los artistas firmaron cómics y se hicieron fotos con los asistentes.

tienda-comic

La entrada de la tienda de tebeos Comix City, situada en el centro de Alicante. El establecimiento fue uno de los patrocinadores de las charlas.

Espero que este texto haya acercado al público general algo de la magia de este arte olvidado y, en ocasiones, incluso denostado. El número de personas que acudió a las charlas fue, por desgracia, reducidísimo si tenemos en cuenta la talla de los artistas que se reunieron en aquella sala de conferencias del Centro Social de Las Cigarreras. Debido a este hecho quise poner mi granito de arena y, esa misma semana, fui a la tienda de cómics más cercana para apoyar este medio tan incomprendido y deleitarme con alguna historia de calidad. Si algún lector desprevenido ha seguido mi ejemplo tras leer esta crónica, me daría por más que satisfecho.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *