El lujo de comer sin gluten

La intolerancia al gluten afecta a casi medio millón de personas en nuestro país y esta tasa aumenta un 15% cada año, tal y como explica el periódico “El Heraldo” en una de sus publicaciones. Esta tasa podría aumentar en los años venideros, debido a que los métodos para detectar este tipo de intolerancias siguen sin ser efectivos, provocando que el 75% de los celiacos no tenga todavía un diagnostico claro. Esto pone en riesgo la vida de muchos pacientes, siendo este uno de los principales problemas a los que se enfrenta una persona celiaca. La falta de conocimiento sobre esta enfermedad, también influye en la vida social y económica de las personas intolerantes al gluten.

La enfermedad celiaca es una enfermedad auto inmune en la que el sistema inmunológico del celíaco reacciona de forma exagerada ante esta proteína, haciendo que la persona no pueda digerir los alimentos que lo contienen” tal y como explica María Van der Hofstad, miembro de la asociación ACECOVA. Esta proteína se encuentra en cereales como el trigo, la avena, la cebada y el centeno, que son usados en alimentos como el pan o la pasta, productos clave en una dieta equilibrada. El gluten provoca en los celiacos el debilitamiento progresivo de las vellosidades intestinales, provocando la incapacidad del sistema digestivo para absorber nutrientes provocando vómitos a las personas intolerantes y, en alguno de los casos, desnutrición o principios de raquitismo. Estos síntomas varían según la edad en la que se detecte, tal y como explica la asociación FACE en uno de sus estudios. En la niñez, los síntomas pueden ir desde los vómitos y las diarreas agudas, hasta problemas de hiperactividad y autismo pero, en la edad adulta, una celiaquía puede derivar en epilepsia, osteoporosis o incluso cáncer digestivo.

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Según un estudio realizado por la organización Scielo, a la mitad de los niños que sufren esta enfermedad, se les ha dado un diagnóstico antes de los dos años de edad y las cifras disminuyen según van pasando los años, aunque sigue siendo bastante común la detección de este problema en la edad adulta. A Alma González le detectaron esta enfermedad a los dos años, debido a los síntomas que presentaba y añade que: “evidentemente es mucho mejor que te lo diagnostiquen a los dos años, ya que se te inculca lo que puedes y no puedes comer. Una persona adolescente lo puede pasar muy mal”. A parte del diagnóstico que recibe una persona celiaca después de sufrir los síntomas, también deben realizar una visita anual al médico para corroborar que siguen una dieta adecuada. Se estima que el 40% de las personas celiacas consume alimentos que contienen gluten, ya sea de forma consciente o inconsciente, según los cálculos del portal de comunicación de la Universidad de Sevilla. “Cuando era adolescente tuve la tentación de probar alimentos sin gluten y el ser asintomática no tuve ningún problema hasta que me hice la revisión anual. Al hacer esa tontería, la tasa de gluten en sangre me salió muy alta”, tal y como explica Alma.

El 40% de las personas celiacas consume alimentos que contienen gluten

Otro de los principales problemas a los que se enfrenta una persona celiaca es el coste elevado de los productos que son aptos para su consumo y que llegan a triplicar su precio con respecto a productos elaborados de manera tradicional. En cifras absolutas, un celiaco puede llegar a gastar unos 1.700 euros más que una persona que tolere el gluten. A esto se le suma que, esta enfermedad tiene una base genética y la probabilidad de que en una familia se encuentre más de un miembro celiaco es bastante elevada, suponiendo una dificultad económica importante en una familia de clase media. A la cifra económica de estos productos se le añade el problema de tener que transportarse hasta un lugar donde vendan productos aptos para el consumo de un celiaco ya que, en las zonas rurales y apartadas de las ciudades, es difícil encontrar productos aptos para celiacos. Así lo explica Vicenta Vañó, gerente de una tienda en la que se puede adquirir productos específicos para todos aquellos que sufran alguna intolerancia alimenticia: “Tengo una hija celiaca y, pensando en la gente como yo, que tiene que transportarse para conseguir alimento, decidí abrir la tienda”. A esta declaración, añade que “casi es un lujo que un celiaco pueda permitirse una dieta básica”. Para una persona con intolerancia al gluten, no es nada fácil salir a hacer la compra, debido a la poca variedad de los productos y a la mala etiquetación de los alimentos en las grandes superficie. María asegura que “el etiquetado hoy en día no está claro, hay que buscar en la letra pequeña para estar seguro de lo que puedes comer”. A pesar de esto, se ha podido observar un cambio, “hace 20 años, comprar pan sin gluten era impensable, se tenía que ir a sitios especializados y, aún así, era complicado encontrarlo. Para intentar mitigar este problema, las farmacias de la Comunidad Valenciana, junto a ACECOVA, decidieron vender productos sin gluten para acercarlos a personas de zonas rurales que no disponen de supermercados grandes en donde adquirir dichos alimentos. Para los jóvenes celiacos, independizarse también supone un problema, debido a que se tiene que mirar mucho más el dinero que se gasta en alimentación básica. Alma ha decidido abandonar la casa en la que vivía con sus padres y asegura que para un celiaco es más difícil tomar esa decisión, ya que los recursos son limitados y cuesta compaginar una vida alejada de los padres con la enfermedad celiaca, sobretodo si se tienen unos recursos económicos limitados.

En cifras absolutas, un celiaco puede llegar a gastar unos 1.700 euros más que una persona que tolere el gluten

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Alma González, celiaca desde los 2 años/Irene Zamora

A pesar de la aceptación que hoy en día tiene la celiaquía, el salir a comer fuera sigue siendo un problema grave, ya que mucha gente sigue sin entender en que consiste esta intolerancia. Así lo explica María : “hay que tener mucho cuidado con la contaminación cruzada de los productos, ya que es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta un celíaco a la hora de salir a comer afuera”. Muchos de los bares de nuestro país disponen de cartas en las que se especifica cuales son los alérgenos de los productos, dando al celiaco o a cualquier otra persona con intolerancia a algún producto, la confianza necesaria para poder comer allí. Jésica García es cocinera en uno de estos locales y asegura que: “en mi negocio no afecta tener productos para celiacos, todo lo contrario, ya que al cocinar para ellos saben que pueden venir. Los clientes que vienen a menudo saben que aquí pueden comer”. La confianza entre restauradores y clientes con intolerancia es muy importante para Jésica y, por esta razón, siempre intenta hablar con el cliente para saber que es lo que puede consumir. “Cocinar para un celiaco es complicado, ya que todo debe hacerse a parte. Suelo preguntar a los clientes que es lo que pueden y no pueden comer” así lo explica la señorita García. Para una persona celiaca, la aceptación y el conocimiento social de su intolerancia es muy importante “la gente de tu alrededor también necesita concienciarse y aprender qué puede y qué no puede comer un celiaco y cuál es la forma adecuada para prepararlo”, así lo explica Alma González.

Las intolerancias alimenticias pueden dificultar mucho la vida de una persona, sobretodo en el ámbito social, y más si tenemos en cuenta el desconocimiento del resto de gente hacía este problema. ACECOVA, junto a otras asociaciones intenta dar a conocer este tipo de problemas alimenticios, por lo que trabaja junto a colectivos y colegios para dar difusión a esa parte de la población que no puede consumir cualquier tipo de alimentos. Poco a poco, las intolerancias alimenticias se hacen más comunes y estas dificultades se mitigan, aunque todavía existen grandes retos a los que hay que enfrentarse. Jésica García anima a todas las personas con intolerancias alimenticias a salir a comer fuera, pero el miedo de estas sigue patente ya que, como explica Alma: “la celiaquía que sufro es asintomática, por lo que al comer alimentos intoxicados con gluten no lo exteriorizo, aunque mi sistema digestivo si que se debilita”, por lo que comer comida con esta proteína puede suponer un grave problema para su salud. Cada vez son más los restaurantes que disponen de cartas en las que se detallan los alérgenos de cada plato, hay más supermercados con productos aptos para personas con cualquier tipo de problema alimenticio y cada vez son menos frecuentes las muecas de ignorancia cuando se nos habla de celiaquía, no obstante, el coste económico sigue siendo muy elevado y, a día de hoy, ese 1% de la población intolerante al gluten sigue subiendo.

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