El menú de la exclusión

El aumento de la pobreza infantil  en la Comunidad Valenciana ha obligado a Consellería a adoptar nuevas medidas para el servicio y las becas de comedor a partir de este curso.

Natalia, alumna de sexto de primaria muestra un cuento llamado “las aventuras del comedor”, realizado durante las actividades del servicio de comedor / María Segura

Natalia tiene doce años y come todos los días fuera de casa. A las dos y media de la tarde le sirven un menú precocinado valorado en 4,25 euros. Por primera vez, su familia puede costear el precio del menú gracias a las nuevas becas instauradas por Consellería este curso. Incluso podrá acudir al servicio de comedor los meses de junio y septiembre si así lo requiere. En su colegio, el CEIP Gómez Navarro de Novelda, puede elegir entre cinco tipos diferentes de menús: el ‘mediterráneo’; ‘el musulmán’, respetando el rito halal , el ‘vegetariano o vegano’ y el menú para niños con necesidades especiales. El servicio de catering respeta la ingesta necesaria de nutrientes para asegurar la salud de sus comensales. Pero para la mayoría de los alumnos, todas estas medidas son en vano. Más de la mitad de ellos sólo pueden alimentarse bien una vez al día y gracias a la existencia de este servicio.

Escolarizar a un niño en Primaria se ha convertido en un reto para las familias afectadas por la crisis económica. El mantenimiento de un menor en un centro público de primaria cuesta alrededor de 2.343 euros anuales, siendo el 83% de esos costes derivados del transporte y el comedor escolar, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) . Esta situación ha provocado que el pasado 17 de junio Consellería instaurase un nuevo modelo  de dotación de becas: una del tipo A, que cubre todos los gastos y otra del tipo B, que implica la exención del 70% del importe del menú. Alumnos de toda la provincia ya se han sumado a las nuevas reformas, como los colegios públicos Cervantes de Monóvar y Gómez Navarro de Novelda.

El CEIP Cervantes ha recibido 168 peticiones de beca, de las cuales sólo se han concedido 79 del tipo A y 25 del tipo B. Esto no ha dejado indiferente al colectivo escolar y la encargada de comedor, Amalia Celda, asegura que “son muchos los niños que se han quedado sin  becas, pero el problema más grave es que la inversión económica no es suficiente”. Por otro lado, el colegio Gómez Navarro ha superado con creces el número de alumnos becados y sólo se han quedado sin ayuda 10 alumnos. Alejandro Moya, director del centro, afirma que han presentado un recurso para evitar que ningún niño se quede sin plaza, ya que el centro “no quiere excluir a nadie porque tenga menos requisitos para conseguir una beca; los alumnos no son cifras, al contrario de lo que pretende Consellería”.

 “Sin las becas de comedor mis alumnos ni siquiera podrían venir al colegio”, sentencia el director de colegio Gómez Navarro

A estas operaciones se incluye la ampliación del servicio de comedor los meses de junio y septiembre para este nuevo curso. La Comunidad ha invertido 4 millones de euros para que 84.000 menores de la pública y concertada coman desde el inicio de curso. Este servicio se ha reclamado desde 2009, cuando se empezaron a recibir becas ordinarias en  y “ha llegado bastante tarde”, según declara Amalia Celda. Y sigue: “Consellería, por fin,  se ha  dado cuenta de esta necesidad y  ha ampliado la beca.  En el colegio Cervantes hemos tenido niños que estaban becados de octubre a mayo y los meses de vacaciones pasaban al comedor de los servicios sociales”.

Las desigualdades en el acceso a la educación siguen creciendo entre las comunidades autónomas. Comer nunca ha costado lo mismo en todo el territorio nacional y se vislumbran contrastes tan desmesurados como el menú de tres euros de Asturias con el de casi siete euros de Aragón. En la Comunidad, el precio medio diario es de 4,25 euros por alumno, y se ha mantenido inalterable los últimos dos años.  Alejandro Moya cuestiona el precio y la calidad del mismo y asegura que “Consellería no debe dar más dinero sino saber administrarlo mejor”. Sin embargo, conduce sus críticas hacia otro lado: “Los colegios públicos no tenemos potestad para jugar con el precio, pero en los privados es distinto porque varían el precio como les conviene para enriquecerse”.

Alumnos esperando la hora de comer del servicio de comedor en Novelda / María Segura

La tasa de riesgo de pobreza y/o exclusión social en la Comunidad Valenciana se situó el año pasado en un 34%, 5,5 puntos más que la media nacional y fue la séptima Comunidad Autónoma con los registros de exclusión más altos del país. Los menores  se encuentran cada vez más alejados de los ideales de una alimentación saludable. “Un gran número de alumnos sólo come aquí. Intentamos hacer que coman sano y suficiente. A veces nos sobra fruta y la guardamos para que algunos alumnos puedan desayunar. Cuando no lo hacen se nota que  muchos no se pueden concentrar porque les faltan nutrientes”, confiesa Moya. Y añade: “Sin las becas de comedor la mayoría de mis alumnos ni siquiera podría venir al colegio”. Y parece que no es un caso aislado, ya que en el colegio Cervantes “hay familias que no pueden cubrir la cantidad de proteínas que necesitan los menores. No pueden comprar pescados o carnes. Ni las vitaminas que pueden aportar las frutas o las verduras. El servicio de comedor puede ofrecérselo, al menos, en una comida al día”, comenta la coordinadora de comedor.

“No pedimos el carnet de pobre a nadie, queremos una integración social real”, declara el fundador de la plataforma ‘Música por la Paz’

Las necesidades básicas no son las únicas en peligro de exclusión. También están en la misma situación la educación y la cultura. Las becas de libros son cada vez más reducidas y  “las nuevas medidas que prometió Consellería para las ayudas de los libros no están llegando”, declara Moya.

Las actividades para evitar la exclusión social de los menores han aumentado notablemente el último año. Instituciones como la Cruz Roja participan para dar apoyo escolar gratuito y merienda a los niños que lo necesiten. En el ámbito privado, han surgido nuevas plataformas como la de “Música por la Paz” que ayer abría sus puertas del nuevo local en Alicante. Manuel Armada, fundador de la asociación, explica que “en un principio se contrató a un profesor de música para que hiciera un grupo de batucada con el fin de integrar a niños de diversas culturas”. Pero luego se dieron cuenta de que existían otras necesidades más urgentes que la integración, “como por ejemplo: comer”, revela el director. La plataforma presume de dar merienda y apoyo escolar en más de 12 localidades españolas sin necesidad de ayudas públicas, únicamente con la participación de sus colaboradores. En muchas ciudades tienen lista de espera de más de  300 niños pero esperan “erradicar el problema de las plazas y abrir para final de año 20 centros más”, asegura Armada. A pesar de ser una asociación dedicada a paliar la exclusión de los menores y fomentar la integración cultural, el fundador garantiza que “no piden el carnet de pobre a nadie” y que la idea es que sea una actividad “para que las familias puedan encontrar trabajo y los niños aprendan de las diferencias”.

Alimentación y aprendizaje son dos partes de un todo. Es imposible considerar uno de ellos excluyendo al otro. La expresión latina ‘mens sana in corpore sano’ parece un guiño a la España líder en abandono escolar  y con un 21,7 % de pobreza infantil. La solución puede que esté en “abandonar la pesada materia escolar a la  que tenemos sometidos a los menores”, según opina el profesor del colegio Gómez Navarro. Y Manuel Armada coincide: “Los niños siguen atados a lo que antes estudiábamos: aprender las reglas de memoria. El problema es que la enseñanza debería ser más práctica, más real, más divertida”.

AUDIO FUENTE MANUEL ARMADA (MÚSICA POR LA PAZ)

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