El ruido, una amenaza escolar

La contaminación acústica es un fenómeno que afecta directamente en el rendimiento educativo de los niños

Aula del Colegio Público de El Altet

Aula del Colegio Público Rodolfo Tomás y Samper de El Altet, próximo al aeropuerto./ Alba M. García

Murmullos, sillas y mesas en movimiento, un simple estornudo, incluso el movimiento deslizante de un lápiz, provocan cierto grado de sonido. Difícilmente se podrá encontrar un aula de un colegio dónde los alumnos mantengan pleno silencio. Además del ruido que genera su presencia, existen factores que incrementan el sonido ambiental y que influyen en la escucha activa de los niños. Estos factores desencadenan problemáticas en el rendimiento académico, pues la falta de atención y concentración afecta de manera directa en el aprendizaje y memoria de los niños. Cabe destacar que España es el segundo país más ruidoso del mundo, por detrás de Japón. Por ello, la sociedad debe tomar mayor conciencia sobre este problema ya que no se tiene en cuenta y es una realidad que afecta en todos los ámbitos.

Judit Abad, pediatra del Hospital General de Elche, recalca que “los niños son uno de los colectivos más vulnerables ante los efectos nocivos del ruido”. Por ello, se recomienda no exponerse a sonidos de intensidades mayores de 65- 70 decibelios. No obstante, en el interior de las aulas o salas de estudio es aconsejable mantener los 35 decibelios como máximo para lograr una mayor concentración de los niños y evitar que se distraigan ya que es muy difícil retomar la atención de los pequeños.

Además, “la intensidad de una clase hablando puede llegar a los 90 decibelios, similar a la intensidad de un camión, y si gritan o elevan un poco el tono de voz pueden alcanzar perfectamente los 100 decibelios”, según Antonio Heras, especialista en psicopedagogía. De esta manera, el profesorado debe elevar más el tono de voz y esto provoca una serie de problemas fónicos y sorderas tanto en los alumnos como en profesores.

El ruido en nuestras ciudades se está convirtiendo en la agresión ambiental más inquietante. Por ello, si no se hace un control estricto acerca de este fenómeno en los centros educativos de manera regular, los niños pueden ser afectados por este contaminante acústico y tener dificultades a lo largo de su desarrollo cognitivo en la etapa escolar, según María Isabel, psicóloga especialista en atención temprana infantil. Este fenómeno influye automáticamente en el rendimiento educativo puesto que tanto la atención como la concentración son activadores directos del aprendizaje. Con lo cual, si una variable se altera, altera a la otra y se produce un efecto de acción- reacción.

El exceso de decibelios puede provocar alteraciones nerviosas en los alumnos. También tiende a producir “tensión nerviosa, descenso de la calidad de vida, e incluso insomnio, pero además puede dificultar el desarrollo cognitivo en los niños a edades tempranas”, explica la pediatra Abad.

El sonido afecta más en los niños que en los adultos. Los pequeños todavía no tienen la capacidad para aislar este fenómeno, y los adultos, en su mayoría si. Esto se debe a que “un niño todavía está en proceso de desarrollo, no sólo cognitivo, si no también de lenguaje y de habilidades para el aprendizaje”, argumenta la psicóloga.

Para ello, Antonio Heras manifiesta que “en los centros en los que el ruido ha sido un problema a la hora de impartir las clases, se han promulgado una serie de instrumentos de medición del sonido que se utilizan para mostrar a los niños que se está elevando el tono de voz”. Heras añade que este sistema de medición “es un semáforo mediante el cual los pequeños ven en qué momento se supera el nivel de ruido recomendado dentro del aula”. Con esta medida, se pretende que los niños asocien el color rojo al exceso de ruido, y así aprendan a que una vez que el semáforo se muestre en rojo, tienen que bajar inmediatamente el volumen.

Semáforo que cambia a rojo cuando el ruido está por encima de lo permitido en las aulas.

Semáforo que cambia a rojo cuando el ruido está por encima de lo permitido en las aulas./ Alba M. García

“También existe la pedagogía del silencio o dinámicas de grupo, como ‘la cotorra’, que consiste en poner a los niños en situación”, recalca el especialista. Es decir, hacen hablar a todos los alumnos entre ellos a la vez, elevando el tono de voz para que se den cuenta de que no se pueden escuchar nada si hay murmullo constante de fondo, y que además no se da una comunicación directa entre ellos. De esta manera, “se dan cuenta de que el hablar en clase y los ruidos que ellos provocan impiden una escucha activa en las explicaciones”, según Heras.

Por el momento en las aulas de muchos centros educativos todavía no existen audímetros que te digan con exactitud a cuántos decibelios se encuentra el aula en ese momento, revela Francisco Javier, miembro del A.M.P.A del Colegio Público Rodolfo Tomás y Samper de El Altet y padre de dos niños que estudian en este centro. No obstante, sería una experiencia muy buena y recomendable ya que en muchas ocasiones se considera necesario para mantener la densidad de decibelios que se aconseja.

La psicóloga considera muy importante la manera de educar de los padres a los niños. Pues si un niño está acostumbrado a convivir con dinámicas con un volumen superior al aconsejado, los pequeños las llevarán directamente a las aulas. Por esta razón, “se debe concienciar a los padres de que deben tratar dinámicas más silenciosas para que los niños puedan hacer una escucha más activa”, recalca la psicóloga.

“En la mayoría de los casos se desconoce la importancia que tiene el ruido en el desarrollo cognitivo del niño, por lo que es necesario alertar a los padres y formar a los profesionales sanitarios en este campo”, asegura Judit Abad

Este contaminante acústico también afecta al insomnio de las personas. “Tenemos varias fases del sueño, y si todo está en silencio y de repente escuchamos un ruido, las fases del sueño se van desequilibrando y no siempre tendremos una fase reparadora, que es en lo que consiste”, explica María Isabel. De este modo, “aquellas personas que no tengan un buen descanso, no tendrán un buen rendimiento y esto conlleva a que vivan con más ansiedad o más irritados, por lo tanto, estos factores hacen que la calidad de vida empeore y de una manera u otra, te acorta la vida”, asegura la pediatra Judith Abad.

El insomnio no es un problema directo del ruido, pero si es una constante que genera ciertos inconvenientes que al final desencadenan en un grave problema. Por lo que, “puede provocar comportamientos agresivos e irascibles y se hará más difícil autorregular la propia conducta”, manifiesta María Isabel.

La problemática de los aeropuertos

Las zonas más ruidosas son aquellas que se hallan próximas a las vías de ferrocarril, autopistas, cascos urbanos, aeropuertos… Pero, por lo general, los problemas de salud generados por el ruido, más que por una causa puntual, se derivan de una exposición constante en distintos entornos, dependiendo siempre del tiempo de exposición y de la sensibilidad de cada individuo.

“El ruido es un fenómeno que en la zona donde vivimos, debido a la cantidad de aviones que pasan a diario, lo tenemos muy asimilado, pero es un elemento ambiental que nos afecta en todo”, argumenta la psicóloga.

En los colegios dónde se dan factores externos de contaminación acústica tan irritantes se deben tomar medidas lo antes posible. “En las viviendas ya se han tomado medidas para disminuir los decibelios y se han insonorizado todas las ventanas de las cercanías, pero en las escuelas todavía no, y es inviable ya que es dónde primero se debería haber trabajado”, asegura Mª Isabel.

“El ruido lo tenemos muy asimilado, pero es un elemento ambiental que nos afecta en todo”, afirma la psicóloga

La exposición a sonidos estridentes puede estropear el órgano de audición y afectar al sistema nervioso central, pudiendo llegar a provocar ansiedad, cefaleas, irritabilidad o alteraciones del sueño, según Judit Adab. Y añade: el niño, además de verse afectado por el tipo de ruido, lo hará según la duración de éste.

Además, Francisco Javier, explica que “las instalaciones del centro no están adaptadas para soportar el constante ruido y las vibraciones que los aviones generan”. Y añade: “en verano debido al calor que hace en las clases, se abren las ventanas y el sonido molesta el doble”, los padres y alumnos se han quejado en numerosas ocasiones y aún no se ha puesto solución al problema.

“Cuando un profesor está explicando el temario y aterriza o despega un avión, tiene que esperar a que desaparezca para poder seguir dando la clase ya que es imposible comunicarse con un sonido tan elevado y las vibraciones que además ocasionan”, asegura Francisco. Con lo cual, se hace imposible para los profesores retomar las clases ya que los alumnos están completamente distraídos y el foco de atención ya no se mantiene en lo que el profesor está explicando.

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