Séptimo arte con Gervasio Iglesias

La sala abarrotada, las sillas no eran suficientes para quienes querían escuchar a Gervasio Iglesias. El suelo enmoquetado transmitía una atmósfera cálida entre aquellas grandes láminas de madera que dividían la acogedora y asimétrica habitación. La sala del Instituto Juan Gil Albert recogía perfectamente la esencia de la cercanía, simpatía y humildad que el sevillano productor de cine desprendía. “Nuestro jefe es el público”, así sellaba su discurso Iglesias, productor de películas españolas de la talla de La Isla Mínima o 7 vírgenes

El ciclo “Cine y masterclass con el Gil Albert” recogió durante el mes de noviembre diferentes encuentros con reconocidos directores y productores del séptimo arte español. Las jornadas comenzaron el día tres en la Casa Badín, en la sede del Instituto Alicantino de Cultura  Juan Gil Albert (IAC).

El pasado 11 de noviembre, Gervasio Iglesias fue el invitado y debatía sobre la idea incuestionable de libertad.  Empezó con su pasado en Canal Sur, a quienes agradece que comenzaran a comprar sus derechos, pero Iglesias ansiaba libertad. Libertad para contar, libertad para decir y gritar sin filtros, “lo veíamos todo muy encasillado, no podíamos hacer lo que queríamos”, aseguró Iglesias.

El productor sevillano contaba sus inicios como si de un viejo amigo se tratase

Sala de Conferencias del Instituto Alicantino de Cultura. Coloquio con Gervasio Iglesias

Sala de Conferencias del Instituto Alicantino de Cultura. Coloquio con Gervasio Iglesias. / Tania S.Valdeón

La productora nació en el año 2001, en un bar, entre amigos y compañeros de trabajo. En sus inicios, la publicidad como fuente de ingresos en la que ahora era la productora del sevillano Zanfroña Producciones,  era vital e imprescindible. Y entonces, Iglesias rompió su discurso, cosa que empezó a hacer con frecuencia, daba giros repentinos de forma constante.

Parecía no agradarle responder sino más bien conversar 

Daba la impresión de sentirse en familia, “la clave es adelantarse, lo importante es el olfato”, añadió Iglesias mientras explicaba la dificultad de trabajar tres años antes de la entrega. Los proyectos cinematográficos se inician  a tres años vista de media del día de su estreno. El productor sevillano hizo, de nuevo, hincapié en lo que el considera el lenguaje internacional del cine. Un lenguaje que existe dentro de todas y cada una de las diferentes culturas. Dentro de cada persona, y de cada espectador. Los géneros cinematográficos “Mi conclusión es que con trabajo puedo llegar a vivir de la producción cinematográfica”, concluyó al final de la charla Jaume Quiles, asistente. Iglesias transmitía con fuerza y realidad su verdad, su historia, su talento y profesión. El cine. 

Inesperadamente, Gervasio Iglesias retomaba el hilo; volvía a los bares y a las cervezas. En una de esas tantas reuniones descubrieron la Ley del Parlamento Europeo que obligaba a las televisiones autonómicas a destinar un 5% a la industria cinematográfica. “En Zanfroña lo conseguimos por pesados”, aseguró el estudiante de filosofía entre risas. El productor andaluz desvelaba la técnica que usaron en la Productora para conseguir financiación por parte de la Junta de Andalucía. “¡Es que en Cataluña….!” exclamó Iglesias; parecía referirse a una estrategia para obtener ayudas que les permitiesen llevar a cabo los proyectos de la productora.  Comparar Andalucía con lo que ya llevaba a cabo Cataluña no fallaba y no falló. Consiguieron la financiación.

“Es importante conocer la visión de quien empieza desde abajo y consigue el éxito”, declaró Jaume Quiles,  asistente de dirección y espectador. La motivación de Gervasio Iglesias para producir películas es hacer disfrutar a la gente, al público. Además, el productor sevillano añadió que no consideraban la importancia de los premios para iniciar o llevar a cabo sus proyectos. Empatizar es su misión y la importancia del sentir, el timón que le guía.

El target es mundial, personas hay en todas partes y todas son susceptibles de sentirse atraídas por el séptimo arte

Iglesias reafirma la idea de trabajar por y para el público, para que disfruten. / Tania Soto

Iglesias reafirma la idea de trabajar por y para el público, para que disfruten. / Tania S.Valdeón

Más adelante, Raúl García, técnico de Cultura de la Universidad de Alicante y moderador de la sesión, planteó la importancia de los agentes de venta internacional para la difusión de largometrajes. El productor de La isla Mínima explicó que en muchas ocasiones los que pierden son las propias distribuidoras. Apuestan por una película en la puja, a través de pases de mercado privados, y no siempre aciertan con la recaudación que pretenden alcanzar. “Un largometraje se paga con sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo” aseguró Iglesias con transparencia y convicción.

No obstante, no le restó importancia a la figura del productor. Describió la profesión como la única capaz de arriesgarlo todo por hacer cultura. La estabilidad, una casa, la familia, un hogar. El dinero no es el fin si no el medio para rodar la presente y la siguiente película. El único objetivo del productor es poder grabar una más. Y otra. Y todavía una más. Tantas como tiempo para inventarlas.

Por último, Iglesias respondió a la típica pero imprescindible pregunta, ¿qué opina sobre los nuevos mercados como la plataforma Netflix o derivados? La respuesta del productor sevillano fue clara y contundente: “Estrenar en 190 países a la vez es una maravilla”.

La globalización del cine ha llegado

Para Gervasio Iglesias la clave es despolitizar el cine y la cultura. El arte es para las personas, les hace sentir, les hace amar. Capaz de convertir el más afable de los momentos en sufrimiento y lágrimas. Capaz de convertir el más hiriente de los encuentros en el mejor de los recuerdos. Así se respiraba el séptimo arte en la Casa Badín del IAC, el humilde oxígeno del productor invadió la sala y dio aire a cada espíritu de quienes le escucharon aquel pasado viernes por la tarde.

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