La lengua que batalla

A pesar de la opresión gubernamental, aumenta el porcentaje en la Comunidad Valenciana del uso y conocimiento de su lengua autonómica

“Perdona, no te entiendo, hable castellano”, “Hablas valenciano, ¿qué eres de pueblo?”. Son algunos de los prejuicios que acompañan a los valenciano-parlantes en su día a día. Trabas en su camino que no dejan avanzar y crecer a esta lengua, pero sin duda alguna, consiguen hacerla más fuerte. Persistente, tenaz y combatiente, así es como la describen los colectivos que luchan por la igualdad de los derechos lingüísticos, concretamente por los de la lengua valenciana.

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Pintada en defensa del idioma valenciano en una de las calles de la ciudad de Valencia / Sara Sellés

El pensamiento, carácter y la cultura de un pueblo es lo que configura su lengua. Como se dictó en la Constitución de 1978, uno de los principios fundamentales es el respeto y protección para la diversidad lingüística y cultural de los pueblos españoles. Trabajar por la conservación de nuestro patrimonio y por la defensa de nuestras raíces es un trabajo que necesita del amparo de la administración pero además del apoyo de toda la población, sea cual sea su ocupación laboral. No obstante el problema reside cuando dicho consenso social se queda en una simple realidad intangible, en un idealismo absoluto.

En los últimos años la evolución de esta lengua ha estado obstaculizada por la discrepancia social, administrativa y legislativa. No obstante, el verdadero problema hoy en día es también la discrepancia en el modelo educativo. El pasado 20 de septiembre, la Conselleria d’Educació enviaba a las mesas de negociación de la comunidad educativa, un nuevo decreto lingüístico que apelaba por mantener la exención del valenciano en el sur de la provincia de Alicante. Vicent Marzá, conceller d’Educació, manifestaba su propósito de obligar a estudiar la lengua a todos los alumnos de la Comunidad Valenciana. Sin embargo, las pretensiones de la Conselleria ahora son totalmente opuestas.

Valenciano-parlantes, estudiosos, catedráticos, profesionales de la lengua valenciana, todos ellos se preguntan si continúa estando la sociedad perseguida por la resaca del franquismo,  o si quizás la causa del problema solo sea coacción impartida desde arriba. No obstante, todos al unísono quieren y consiguen hacerse oír, pero el obcecado, a la vez que impertinente poder logra someterlos y silenciarlos. Ahora la soberanía acosa a la enseñanza de la lengua en valenciano. La lucha no ha hecho más que empezar. Todos están de acuerdo, sin duda alguna, es la lengua que batalla.

Por ello, asociaciones como El Tempir (Elche), trabajan para que la vida de esta lengua sea lo más larga posible y llegue a nuevas generaciones. Su principal objetivo es fomentar la normalización del uso social de la lengua autonómica de la Comunidad Valencia en la localidad ilicitana y conseguir, ante todo, la igualdad lingüística. Por consiguiente, el decreto enviado por la Conselleria no lo comparten.

Desde la asociación mantienen que no se puede tratar de iguales aquello que no lo es y aclaran que el valenciano se encuentra en total desventaja frente a la lengua de prestigio, en este caso, la española. “La riqueza de la lengua reside en el fomento pedagógico de la pluralidad lingüística”, manifiesta Josep Escribano, presidente de El Tempir.

En la actualidad, el problema reside en la incoherencia que presenta el “pésimo consenso social a la hora de calificar la lengua valenciana como seña propia de identidad dentro de la Comunidad Valenciana”, declara Escribano.

“Este modelo de plurilingüismo ha de ser más ambicioso. Ha de garantizar una extensión del conocimiento del valenciano desde Vinaroz a Orihuela. De manera contraria solo se cultivan ciudadanos de segunda”, señala Escribano.

Varios centros escolares del sur de la provincia de Alicante no consideran la enseñanza de la lengua valenciana estudio obligatorio, por lo que su uso y conocimiento dejará de ser equitativo. Se estima que parte de la población del País Valenciano continuará haciendo uso de su lengua, mientras que habrá otros territorios en los que pasará a ser totalmente desconocida. Y así es como poco a poco desaparece una lengua.

¿Por qué el gallego, euskera, vasco o incluso el catalán, están tan arraigados en su territorio y continúa sin ser posible normalizar la lengua en la Comunidad Valenciana? Joaquim Espinós, escritor y docente de literatura catalana contemporánea en la Universidad de Alicante, opina que se deberían impartir el mismo número de horas lectivas para la enseñanza de cada uno de los idiomas, ya sea valenciano, castellano, inglés o francés. Además, aclara que las lenguas minorizadas -han sufrido marginación o persecución- y/o minoritarias -empleadas por pocos hablantes-, siempre necesitan más resistencia idiomática, más fuerza y energía que todas las demás.

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Empleo del valenciano entre 1995 y 2015 / Fuente: Generalitat Valenciana

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Aumento del conocimiento de la lengua valenciana entre 1995 y 2015.

No obstante, el fondo de datos numérico realizado por la Generalitat Valenciana, Conselleria d’Educació, revela que el porcentaje en cuanto al uso y conocimiento de la lengua valenciana dentro de la comunidad ha aumentado estos últimos años. Los informes estadísticos comparativos, analizados desde el año 1995 al 2015, muestran que el porcentaje de población que entiende, sabe leer, sabe hablar y sabe escribir, supera el 50%.

¿Qué es lo que ocurre?  Desde la Oficina Municipal de Atención Ciudadana del Ayuntamiento de Elche (OMAC), responden que la responsabilidad se refleja en la indiferencia de la administración gubernamental, y defienden que el verdadero interés por la lengua reside en la propia ciudadanía.

 “Si los de arriba nos dejan avanzaremos, pero si nos oprimen no podemos seguir trabajando en el fomento del uso del valenciano. No es justo pero es una realidad”, señala Carmen Navarro, trabajadora de la OMAC.

Pero el problema va más allá. La lengua del hogar, la que hablan los padres, es el pilar básico y fundamental para la transmisión lingüística. Sin duda alguna, ha de existir un componente ideológico progresista para que el valenciano no pierda a sus hablantes, y en esta ocasión el peso recae sobre los más mayores. Paciencia, resistencia y fuerza son las tres claves del éxito para la prosperidad de una lengua, sin olvidar la importancia de la autoestima lingüística. Así mismo, resulta un proceso complicado el evitar la extinción de una lengua en el propio hogar familiar, “es un fenómeno con muchas dimensiones, de caídas socioeconómicas y desprestigio social, en la mayoría de casos suceden pérdidas lingüísticas irreparables”, apunta Escribano.

No obstante, no toda la culpa es ajena a los valenciano-parlantes. Ellos mismos declaran que no siempre utilizan la lengua que defienden para comunicarse con los demás. ¿Quizá por miedo, rechazo, o simplemente prejuicios? “Cuando salimos a la calle, aun siendo valenciano-parlantes, muchas veces no hacemos uso de nuestra lengua y acabamos hablando castellano. ¿Si en el día a día no lo utilizamos, qué pasa? Que cada vez tenemos menos interés en aprenderla”, explica Ferrán Ruíz, componente de la Federación de padres y madres de alumnos de la provincia de Alicante, (FAPA).

Desde el Sindicat de Treballadores i Treballadors de l’Ensenyament del País Valencià, (STEPV), también luchan cada día para que no se pierdan las relaciones culturales y sociales de esta lengua. Su objetivo no es otro que aplicar un sindicalismo nacional que consiga vertebrar la sociedad valenciana, convirtiéndola así mismo, en autónoma, progresista, justa y solidaria.

Pero la amenaza para todos ellos es cada vez mayor. ¿Les afecta el fenómeno de la globalización? Pues bien, todos lo afirman. La globalización, el gran mercado económico y financiero, el impulsor de las grandes multinacionales, de las nuevas tecnologías, el motor que mueve el mundo, se entiende exclusivamente en el habla inglesa y, en ocasiones, asiática. No obstante, este fenómeno mundial además de afectar de manera más directa a todas las lenguas minoritarias, más desprotegidas, también afecta de lleno a todas las demás, incluida el castellano. Este suceso ha convertido al inglés en lengua franca de habla internacional, “es la nueva dictadura”, expone Escribano, el presidente de El Tempir.

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La imposición del valenciano en la aulas provoca bajas en la asistencia de los alumnos / Sara Sellés

Es por ello que en los centros escolares el número de horas lectivas que se imparten para el estudio del valenciano es menor que para el estudio del inglés. Escribano, lo rebate, y confiesa que el número de horas se debería tener en cuenta por la debilidad de la lengua, con el fin de evitar su desaparición. De este modo, el número de horas para la enseñanza del valenciano sería igual o superior que el número de horas dedicadas al habla anglosajón. “El alumno debe ser competente en las dos lenguas, castellano y valenciano y luego en una tercera lengua funcional”, añade Escribano.

Sin duda alguna en lo que todos los defensores por la lengua valenciana coinciden es en que su futuro será de supervivencia, complicado pero llevadero. No obstante, el poder lo tienen sus hablantes, se convertirá en lo que ellos quieran. Valor y firmeza. Hasta ahora lengua de la calle, de luchadores y protectores, de poetas y escritores, pero sobre todo, lengua de guerreros. Lengua de todos y a la vez de nadie. Como decía Raimon, cantautor español en lengua valenciana, “qui perd els seus origens, perd la seua identitat”.

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