“Estudiar es un trabajo que se acaba al sonar el timbre del colegio”

NICOLÁS SÁNCHEZ | Psicólogo y logopeda 

El logopeda Nicolás Sánchez

El psicólogo Nicolás Sánchez en su clínica Dislex de Alicante / I. Moreno

Los niños vuelven del colegio, meriendan, hacen las tareas escolares, cenan y se van a dormir. Los deberes se han convertido en un poderoso villano que está controlando la libertad de los niños. La única manera de solucionar este contratiempo está en manos de los padres que unen sus fuerzas bajo el lema “En la escuela falta una asignatura: mi tiempo libre”. La asociación de familias CEAPA ha convocado una huelga de deberes con el fin de que los centros educativos de la península no encarguen tareas a los pequeños durante los fines de semana de noviembre. Este es su primer paso para eliminar por completo los deberes fuera del horario escolar.

El psicólogo Nicolás Sánchez de la clínica Dislex de Alicante lleva 25 años tratando pacientes que han sufrido los estragos de las excesivas tareas escolares. “He tenido como pacientes a muchos niños con problemas de aprendizaje o conducta y a sus padres con muchos problemas de ansiedad o depresión por estar todas las tardes haciendo deberes con sus hijos”, relata.

Los deberes  perjudican las relaciones familiares al originar contiendas y fuerzan a los padres a convertirse  en los profesores de apoyo de sus hijos. Además, en los cursos superiores de primaria no todos los padres tienen el nivel educativo necesario para dar respuesta a las demandas del crío y las tareas se convierten en un elemento de desigualdad entre las familias con menos recursos socioculturales.

“Yo no creo que haya que completar nada que no se haya hecho en el colegio. La ventaja que tenemos es que mañana hay otra vez clase, y los niños pueden hacer los deberes que falten. Hay otras tareas que se pueden hacer en casa”, apunta el especialista.

Si un niño tiene una tarea y es capaz de hacerla en una hora, el niño con problemas de atención necesita el triple de tiempo para acabarla.  Entonces, el pequeño lo toma como un castigo y se frustra. Esta situación ocasiona el bloqueo del desarrollo de sus habilidades. El psicólogo propone como alternativa fomentar el amor hacia la lectura. Esta actividad ejercita el cerebro del niño, mejora la concentración, amplía su comprensión del mundo y aumenta sus habilidades lingüísticas.

La postura del logopeda es clara: “Si a los padres les gusta llegar del trabajo y tumbarse en el sofá a no hacer nada, sus hijos tienen el mismo derecho. Estudiar es un trabajo que se acaba al sonar el timbre del colegio”.

La clave es aprovechar la clase. Los niños pasan mucho tiempo en el colegio, pero no se aprovecha el tiempo totalmente. Hay que cambiar la técnica de aquellos profesores que son más rígidos y que piensan que ir a clase es abrir el libro y hacer los ejercicios.  Lo que se consigue con esto es que el niño cada vez tenga menos ganas y menos interés por las tareas, entonces el niño no hace los deberes de clase, el profesor se cabrea y le pone un negativo. El maestro debe utilizar otros mecanismos pedagógicos para fomentar la curiosidad, el interés y la motivación.

 “Un niño de primero o segundo no tiene por qué  hacer exámenes. El profesorado como norma da más importancia a los contenidos que a toda la mecánica de aprendizaje. Hay otras maneras de evaluación como puede ser el interés que ha mostrado, las actitud que ha tenido en clase o la forma de trabajar”, refuerza Sánchez.

En los primeros ciclos de primaria a un niño no hay que decirle que hay un examen. Eso es un recurso que tiene el profesor para evaluar lo que ha trabajado durante un período de tiempo y la calificación es solo un dato más. El examen es para evaluar lo que el niño ha aprendido con las actividades que se han ido haciendo en clase durante ese período de tiempo. No deberíamos incorporar exámenes y tanta tarea hasta el cuarto curso de primaria.

Para saber cuánto tiempo deben dedicar al estudio a medida que van creciendo los peques, hay que aplicar la regla de los 10 minutos de Harris Cooper. Este sistema parte de que los niños de primero de primaria deben dedicar 10 minutos diarios a realizar ejercicios adaptados a sus necesidades. A partir de aquí, el tiempo para el desarrollo de los deberes se debe incrementar 10 minutos por curso hasta llegar a los 60 minutos en los niños de sexto. Nicolás Sánchez señala que el problema es que hay niños de primero, segundo y tercero de primaria que dedican tres horas al día.

El experto explica que no hay un mejor rendimiento para el niño que hace más deberes. Al contrario, los que pasan más tiempo haciendo deberes  normalmente son los que presentan dificultades de aprendizaje o déficit de atención y su rendimiento académico no es mejor que el que pasa menos tiempo. Además, los niños que están expuestos a más actividades extraescolares, sobre todo de idiomas, tampoco destacan por su rendimiento y en algunos casos sus resultados son peores que los del niño que no va a inglés o a música.

Una clase no es homogénea y menos cuando cuenta con niños extranjeros que no conocen el idioma. Al enseñar, hay que enfocarse en los niños y no en las lecciones. Profesores y padres deben estar preparados para satisfacer las diversas necesidades de los alumnos y proporcionarles las condiciones que favorezcan su aprendizaje.

El gran reto es apoyar a los jovencitos en el camino hasta que alcancen todo su potencial. Educar a los niños es más que sólo impartir información. Es ayudar a los peques a que graben las enseñanzas en su corazón.

Irene Moreno

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