La adicción al juego, un enigma sin resolver

La ludopatía afecta  al 0,9% de los ciudadanos españoles según Juan Lamas Alonso, director técnico de FEJAR. Carlos Besada, paciente de la federación, se halla en proceso de rehabilitación tras una vida ligada con el juego patológico. En los últimos años, el boom de las apuestas deportivas han irrumpido con una fuerza tremenda en la juventud. 

“La emoción de ganar debe ser mayor al miedo de perder”, afirmó el ilustre empresario y escritor Robert Kiyosaki en una de sus tantas míticas reflexiones. Una frase que se puede aplicar en muchas facetas de la vida y dependiendo de su práctica puede desencadenar en el bien o en el mal. No en vano, la interpretación filosófica destella una manifiesta relación con las emociones que pueda vivir un ludópata en su momento de plenitud, dejando a un lado todos los problemas y actuando como si fuera una persona totalmente poseída sin consciencia alguna de sus acciones cometidas.

Un afectado por la adicción al juego, como Carlos Besada, abandona sus miedos y se abre al público sin temor a los prejuicios, se declara ludópata y acepta su enfermedad como tal. Estafó, manipuló, perdió, se endeudó y dijo “basta”. Desde Julio afronta su segunda rehabilitación en FEJAR convencido en poder abandonar una conducta social que ha marcado su vida.

Foto cedida por Cesar Quesada.

Foto cedida por Cesar Besada.

La asociación FEJAR acoge actualmente más de 20 centros de tratamiento de ludopatía  en todo el estado español con más de 10.000 sujetos en tratamiento. La labor de la entidad  es coordinar los terrenos de prevención y de reinserción social de todos los afectados con conductas adictivas, básicamente con dificultades patológicas. Este organismo tiene un convenio de colaboración con la Universidad de Valencia para realizar un análisis estadístico de los distintos perfiles y de los tipos de juego de conductas adictivas. Los últimos informes anuales destacan el cambio de perfil y el descenso de edad.  La incorporación al juego de azar se produce  a una edad más temprana que hace 10 o 15 años condicionado sobre todo por la irrupción del canal online. Desde la regulación de la ley en el año 2012, aparece un sector de afectados por ludopatía cuyo canal de juego es en plataforma digital, a través de Internet.

Juan Lamas Alonso, director técnico de FEJAR, convive la experiencia de recuperación junto a Carlos Besada y otros pacientes. El gallego discrepa respecto a la imposición de la publicidad que se aprecia día a día en los medios de comunicación:La federación lleva mucho tiempo reclamando la regulación de la publicidad en los medios de comunicación, pero digamos que la administración no está por la labor por ser una actividad que tiene unos impuestos muy dulces que pagamos todos los españoles y que sirven para aumentar las arcas del estado”. El miembro de la federación  señala que desde 2012 lo único que está en funcionamiento es un “código de autorregulación” de los propios operadores y los medios de comunicación, pero es insuficiente para alertar sobre su peligrosidad. “Vemos salvajadas a nivel de educación y a nivel pedagógico, por ejemplo dentro de horario infantil aparece publicidad, o al acabar el telediario sea emitido el sorteo de la Bonoloto, lo cual incita a toda la población a practicar una actividad que tiene un riesgo elevado”, asiste con tono dolido Juan Lamas.

Por su parte, César Besada narra con una aguerrida fortaleza interior sus vivencias personales con el reto de dejar atrás el impulso de sus emociones. “A los 30 años empecé a jugar fuerte. En un solo día era capaz de gastarme entre 150 y 3.000 euros”. El afectado abrió una empresa propia y derrochó alrededor de 30.000 euros en un periodo de 8 meses. Su vida se convirtió en una inmensa montaña rusa. “Me fui a Madrid pensando que yo solo podía solucionar el problema del juego. Yo no creí que fuera ludópata. Ahí solicito créditos a banco, tarjetas de crédito e incluso robar de la tienda donde estaba trabajando y, obviamente, me echan”, sentencia asumiendo su parte de responsabilidad pero no considerándose culpable de todo lo que hizo.

La psicóloga de la Clínica Doctor Baeza de Elche, Beatriz Baeza aclara la diferencia entre jugar por diversión y adentrarse en un círculo sin salida:La ludopatía es una falta de control de impulso, hay personas que son muy vulnerables a trastornos mentales, por tanto su cerebro está predispuesto a que, a la mínima, haga una especie de “click” que desencadene en el vicio.Es ahí cuando la línea fina se supera entre ser o no, ludópata”.

Foto propia realizada a Beatriz Baeza, psicóloga de la clínica DR Baeza.

Foto propia realizada a Beatriz Baeza, psicóloga de la Clínica Dr Baeza.

Existen dos terapias para que se lleve a cabo los tratamientos oportunos; la terapia tipo cognitiva conductual, que desarrolla la parte cognitiva a nivel de pensamientos y distorsiones cognitivas, es decir los errores que tiene la persona. Además de la terapia de tipo comportamental que consiste en conocer el comportamiento del sujeto. La especialista comenta las posibles causas de las recaídas, “el efecto a largo plazo hace que la persona se abandone, se sienta desesperada y no quiera seguir con el proceso de recuperación. En otros casos, el sujeto piensa: `ya estoy curado y ya me controlo´, o la frase típica; `no pasa nada porque ya estoy curado´ y entonces es cuando desisten en el intento”, sentencia Leticia Baeza.

Carlos Besada sufrió una recaída tras un tratamiento de dos años  y abonó una deuda que rondaba los 50.000 euros: “En cuanto tuve dinero, volví a jugar. En cuestión de dos meses le robé a mi jefe 3000 euros. Entonces dejo el orgullo y le pido ayuda a mis padres, por primera vez soy yo quien solicita ayuda por voluntad propia”. El miedo, el arrepentimiento y la falta de voluntad propia son características comunes entre los afectados que no son capaces de pedir ayuda.  “¿Dónde voy? ¿Llamo por teléfono? ¿Pido cita y voy a contarle mis problemas a un desconocido que me puede juzgar, que puede pensar que soy mala persona o incluso raro por tener ese problema?”, asiste Leticia que, por el contrario, siente la necesidad de aprender y controlar a estas personas.

“Gracias a dios soy un afortunado. El hecho de dar la cara aun habiendo recaído, todos los problemas que tuve, todo lo que engañé y manipulé, que mi familia y amigos sigan a mi lado no hay dinero que lo pague”, asiste agradecido el tremendo apoyo de sus familiares y anugis. Respecto al alto índice de jóvenes que irrumpen en este mundo, Carlos asegura que no es nadie para aconsejar: “No puedo decirle nada a nadie, simplemente hay que tener cuidado. El juego es una diversión y hay quien sabe pasarlo bien con el juego y hay quienes sufrimos con el azar”.

María Fernanda Aguirre, empleada de Cirsa, cumple dos años trabajando para el salón de juegos “Toka” de Elche, en los que ha percibido un notable aumento de la juventud en el local ilicitano y asegura que realizan un control exhaustivo: “Generalmente echamos a muchos menores de edad, aquí estamos obligados a pedir documentación. Sin embargo, en distintos establecimientos o a través de Internet, acaban jugando de la misma forma”. La aparente accesibilidad afecta de forma considerable en el sector juvenil, ya que un menor de edad con una simple filtración de la documentación de sus padres, consigue  registrarse y a través de una tarjeta de crédito puede causar un destrozo familiar.

Asimismo, según recoge la Memoria Anual del Juego en 2015, el pasado 2015 las cantidades totales de juego específico fueron de 1.482.582.196,87 euros  con un beneficio neto de 258.628.742,14 euros para las empresas. La gráfica destaca las Comunidades Autónomas con un mayor índice de juego. La Comunidad de Madrid es que más invierte en el juego con 389.127.215,18 euros jugados, mientras que la Comunidad Valencia es la cuarta en el ranking con 239.422.878,13 euros. En comparación a 2014, se ha producido un notable aumento en el territorio valenciano, ya que se jugaron un total de 176.753.895 euros.

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“Hacer del juego un negocio no puede compararse con el negocio del juego”, afirmó en su momento Ambrose Bierce, escritor y periodista estadounidense reconocido en el siglo XIX. Lo cierto es que en plena revolución tecnológica la adicción se ha convertido común en una juventud que debe conocer los peligros, y recuerden, si juegan, jamás pierdan el control de las emociones.

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