“La adrenalina que sientes cuando escapas es maravillosa”

Rafael García, aficionado y gran jugador de las salas de escapismo.

Una habitación cerrada a cal y canto con un grupo de personas dentro de ella. Tienen sesenta minutos para descifrar todo tipo de enigmas que les permitan escapar de la sala antes de que la cuenta atrás llegue a su fin. El estrés, la adrenalina y la euforia hacen mella entre los compañeros, quienes aúnan fuerzas para encontrar la manera de salir. Rafael García (Elche, 1990) conoce bien esta sensación, ya que en el último año ha visitado más de diez Escape Rooms alrededor de toda España.

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Rafael García y sus amigos tras escapar de una sala de Elche / Fotografía Cedida

Las salas de escapismo nacieron hace 10 años en Silicon Valley con la creación de un juego en equipo inspirado en los cuentos de Agatha Christie, cuyo fin era resolver un enigma en un tiempo limitado. Años más tarde este juego evolucionó y cruzó el charco hasta llegar a Europa, en concreto a Hungría y poco después a los Países Bajos. Los números hablan por sí solos, y es que sólo en Budapest hay más de 80 salas y más de 250 en Holanda.

Los empresarios de España no han tardado en hacerse eco del éxito de las salas de escapismo y las han convertido en un modelo de negocio en auge en el país. Rafael García fantasea con las ganancias que deben tener los dueños de estas nuevas empresas: “Ellos hacen una inversión inicial para crear la habitación y el resto son ingresos”. Pero para el joven no importa tanto el negocio en sí, sino las emociones que se crean dentro de sus cuatro paredes. “Es que es adictivo, porque es algo muy nuevo y completamente diferente”, declara el escapista y añade que “es una experiencia que hay que probar, porque no es una situación a la que te puedas enfrentar en tu día a día”.

La primera vez que el ilicitano entró a una Escape Room fue a principios del 2015. Se encontraba de visita en Málaga y en busca de actividades que hacer, se topó con EscaPark. El jugador sonríe cuando recuerda los primeros minutos en la sala: “Era un edificio bastante extraño en mitad de la nada, era un poco terrorífico, pero decidimos entrar”. Además, “nos atendió un señor que apenas hablaba español, disfrazado con un bombín y una pistola de plástico”, describe el joven. Y añade: “Teníamos un poco de miedo, porque no sabíamos qué iba a pasar, pero nos lanzamos a jugar y resultó ser una experiencia increíble”. Aún se emociona recordándolo y confiesa con orgullo que “lograron escapar en los últimos segundos”.

Después de salir airoso de ese edificio malagueño descubrió un sinfín de habitaciones distintas dedicadas al mismo juego. Cada una se ambienta de una manera diferente, “lo mismo eres un detective que una persona que ha entrado por error en una casa encantada”, aclara Rafael García. Y no sólo eso, cada habitación tiene una dificultad diferente, por eso se dividen en niveles, siendo el nivel Dios el más complejo de todos. Pese a ello, no hace falta ningún tipo de preparación ni conocimientos: “Cualquier persona puede salir de cualquier habitación”, afirma el aficionado a las salas de escapismo.

Diez Escape Rooms después, el entusiasta de esta actividad tiene claro qué es lo que más le gusta, y es que “se crea un trabajo en equipo muy bonito en el que todo el mundo tiene algo que aportar”. “Mis amigos y yo gritamos eufóricos cuando encontramos nuevas pistas, nos metemos muchísimo en el papel”, exclama el escapista y añade que “cuanto más te creas tu personaje, mejor lo pasas y más disfrutas”. Insiste en que “la comunicación y escuchar a los compañeros” es lo más importante para ganar el juego. De hecho, confiesa que “las veces que han perdido ha sido por no prestar atención a algún compañero”.

Con todas esas experiencias a la espalda, Rafael García dice pletórico que “le encanta la adrenalina que siente cuando le queda un minuto y encuentra la pista que le falta”. Es por ello por lo que ahorra mes tras mes para poder descubrir nuevas salas de escapismo y por lo que tacha los días del calendario esperando a que llegue su cumpleaños o el de cualquiera de su grupo de amigos, porque “el regalo ya está decidido: una visita a otra nueva Escape Room”. “Es una sensación maravillosa y que todo el mundo debería probar”, sentencia el ilicitano.

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