La Casa de Julieta, el hogar del negocio

Lo mágico de los libros es que son capaces de trasladarte a otros lugares. Tal vez este es el motivo del copioso número de turistas que deciden visitar de la Casa de Julieta en la ciudad italiana de Verona. Un palacio del siglo XII situado en vía Cappello. Se sospecha que este fue el escenario en el que situó el dramaturgo William Shakespeare su dramaturgia Romeo y Julieta, y a pesar de que no hay ningún hecho verificable de que la obra tenga alguna relación con este lugar, Nadie puede negar que los veroneses han sabido sacar comercio y beneficio de esta supuesta relación.

La chica, me reconoció, que de desconocía quien era Julieta.

La fachada de la casa no guarda ningún misterio, es una fachada de piedra sin ningún tipo de identificación. Es la multitud de gente que entorpece el paso de la calle adoquinada la que te hace percatarte de que algo turístico hay en este lugar. Pese a que existe una gran pluralidad de razas y sexo entre esta multitud, si hay algo que abundan son enamorados. Una pareja me confeso que no sabían realmente por qué este lugar era tan conocido, pero que les habían dicho que era muy bonito, por lo que habían decidido visitarlo. La chica, me reconoció, que de desconocía quien era Julieta. La recomendación y la popularidad son los motivos principales que lleva a los turistas a acercarse a este lugar sin nada especial, solo la fama, según un joven que se encontraba de erasmus.

Fachada principal de la Casa de Julieta//C.Pueyo

Fachada principal de la Casa de Julieta//C.Pueyo

Si hay algo que realmente impacta a los turistas más jóvenes, es el pasillo previo a la entrada principal. Algo comprobable al calcular el tiempo que pasaron un grupo de chicas inglesas haciéndose fotos frente a las paredes… Paredes que sirvieron y sirven a todas las personas que pasan por allí como papel para escribir sobre ellas sus nombres y promesas de amor. Distintos colores, distintos idiomas, pero todos esos mensajes no dejaban ver el verdadero color de la alta pared de ese ancho pasillo. Mi guía turística, Clara, estudiante de Verona, me cuenta que antes todas estas firmas y promesas se escribían en un papel y se pegaban en las paredes del pasillo. Eran tantos los papeles que la gente colgaba, que dos veces al año, el 14 de febrero, día de San Valentín y el día del cumpleaños de Julieta, 17 de septiembre; se retiraban todos con el objetivo de volver a llenar las paredes de otros nuevos. Pero en su opinión, le resulta más impactante con las firmas y las promesas sobre la pared, el problema, la falta de espacio.

Hasta se me olvida que este balcón fue construido en el siglo XX

Una vez pasado el pasillo, salimos al patio amurallado de la casa de Julieta. A la derecha, la entrada al interior de la casa. Los altos muros que la rodean, con enredaderas en sus tejados, enmarcan un cielo descubierto. Muros donde encontramos las puertas de entrada para las dos tiendas de suvenires, desde mi manera de ver, le quitan todo el encanto a este lugar, pero sin duda, situadas en un sitio clave para conseguir ventas. De manera inadvertida, en la fachada principal de la casa, arriba a la izquierda de las escaleras de piedra, el supuesto balcón en el que Julieta se asomaba a esperar a su Romeo. Resulta tan conmovedor que hasta se me olvida que este balcón fue construido en el siglo XX con el objetivo de fomentar la popularidad de este sitio, información que leí antes de la visita en la página web Conociendo Italia. Sin duda tuvieron una idea estupenda los Veroneses, ya que subir al supuesto balcón de Julieta, cuesta 6€, en caso de ser estudiante o jubilado, 4.50€. Los ingleses, eran sobre todo los que pagaban para subir, y a pesar de que en el interior no había nada más que mereciera la pena, se consolaban pensando que se habían asomado al bacón de Julieta, algo que nadie les aviso de que no es real.

Decorando el patio interior encontramos una estatua de bronce, personifica a Julieta enamorada. Las trabajadoras de la casa de Julieta, dicen que si tocas su pecho derecho tendrás suerte, pero entre los turistas que se encontraban viendo este lugar había dos motivos distintos por los que palpar el pecho a la estatua de Julieta: si lo tocabas volverías a Verona, frente a los que pensaban que si tocabas su pecho encontrarías el amor verdadero. Fuera el motivo que fuera, apenas había visitante, que se fuera de este lugar sin su foto tocando el seno a Julieta. Menos una madre española, que prefirió no tocarla y dejar la suerte como esta, ignorando las advertencias que le gritaba su hija, mientras posaba para la foto.

Algo que me resulta realmente perturbador es lo de las cartas a Julieta. Un grupo de chicas inglesas que se encontraban visitando el lugar me hablaron de esto. Fueron las trabajadoras de la casa las que me mostraron el buzón donde la gente deposita sus cartas a Julieta. Estas cartas son contestadas por el “Julieta team”, formado por personas que desean ayudar a otras en el nombre de Julieta. Pero imagino que será como la gente que se aloja en los hoteles con el nombre de Julieta, compran los postres con el nombre de Julieta y compra los recuerdos donde aparece Julieta.

Shakespeare escribió en su obra: “Conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar”. No sé si se alegrara al saber que gracias a la obra que él nos dejó los veroneses nunca le olvidaran, pues han sabido hacer de él un gran negocio con muy buena fortuna.

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