“La ciudadanía es la que más se mueve y la que ofrece soluciones más reales”

Irene Escudero Martínez | Activista en SAED Charity 

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Irene Escudero (Valencia, 1991), conoce una realidad de campo pequeña en la tan mediatizada crisis humanitaria de refugiados que actualmente rasga con datos escandalosos las páginas de los periódicos. Como estudiante de Ciencias Políticas, viajó hace un mes a Reyhanli (Turquía), un pueblo en la frontera con Siria para desarrollar un “workshop” de comunicación y periodismo para la paz con estudiantes sirios refugiados, junto a la asociación SAED Charity. Allí conoció a Raha, universitaria refugiada que, a diferencia de otros compañeros, ha tenido la oportunidad de continuar sus estudios en el país vecino. “Pero no todos lo consiguen” afirma Escudero. Su experiencia le ha permitido conocer historias necesarias para comprender el conflicto más allá del discurso político y mediático.

Pregunta.- ¿Cómo conoció la asociación y qué le llevó a ir a Turquía?

Respuesta.- La asociación la conocí por una compañera del “Máster Universitario en Estudios Internacionales de paz, conflictos y desarrollo” de la Universidad Jaume I (Castellón) que había estado anteriormente en Reyhanli. Ella propuso el proyecto cuyo objetivo era tratar la manera que tienen los sirios refugiados en Turquía de transmitir las noticias y optar por una comunicación no violenta y periodismo de paz, porque ellos tienen ansia por contar las cosas, son los que se tienen que enfrentar al mundo.

P.- ¿Qué situación encontró en cuanto a los refugiados y las fronteras?

R.- La política de Turquía abre y cierra fronteras cuando quiere, lo que implica un grado de inseguridad para la población siria. Si está habiendo atentados o hay enfrentamientos entre las partes que sean, el país cierra fronteras. Ellos mantienen contacto con la gente que está en Turquía para obtener información, pero mientras están en un limbo.

P.- ¿Qué pasa en ese limbo?

R.- Hay que tener en cuenta que están fuera de sus ciudades. El eslogan que ellos tienen en sus mentes es de la película “Guerra mundial Z”: todo movimiento es supervivencia, y eso es lo que hacen, moverse. Intentan llegar a Europa de múltiples formas, dependiendo de donde tengan familia, pero hasta dónde pueden llegar es un completo desconocimiento.

P.- ¿Cómo se mueven por ese limbo las ayudas humanitarias?

R.- Por lo que pude observar, allí quien tiene más acceso son las asociaciones y organizaciones, pero no las europeas, sino las locales, porque saben cómo moverse y conocen su país. En el caso de SAED puede acceder a Siria porque cuenta una oficina allí. Desde Castellón conseguimos llevar ayuda en dos ocasiones y toda la población se volcó.

P.- ¿No tuvisteis ningún problema para hacerla llegar?

R.- La ayuda llegó. Pero las zonas controladas por Bashar al-Asad tienen ambulancias que se les proporciona a nivel internacional, mientras que las zonas bajo presión del Estado Islámico también las necesitan y fue allí donde se envió desde Castellón. Desgraciadamente, esa ambulancia sufrió un bombardeo en agosto y se quedaron sin ella.

P.- ¿Cómo sería el panorama sin el papel de las asociaciones?

R.- Sería mucho peor porque una gran administración como es un gobierno de una manera u otra tiene brechas. Yo confío en la labor realizada por la ciudadanía y en los vínculos que se crean. Gracias a las tres asociaciones que se sitúan en Reyhanli los refugiados tienen un apoyo sirio, local y con vinculaciones con algunos países europeos. Cuando empezó la guerra en 2011 había una sede de Naciones Unidas en esta localidad, pero tras dos atentados terroristas en 2013 quitó la oficina y se marchó. Quien se ha hecho cargo de mantener la sociedad a nivel alimentario, sanitario y educacional han sido organizaciones locales. Es una anécdota que cristaliza muy bien la realidad.

P.- ¿Qué piensa acerca de que un grupo de personas con menos medios logre coordinarse y llevar a cabo ese tipo de alternativas?

R.- Yo creo que la ciudadanía al final es la que más se mueve y la que ofrece ayudas más reales. La labor que plantean las instituciones no se sabe si llega a realizarse ni las condiciones en las que lo hace. Falta mucha voluntad y visión: conocer, ir a la realidad, ver qué organizaciones están trabajando y cómo. En resumen, tomar el contacto con la realidad y con el campo.

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