La conciencia individual

 

En el mítico episodio ‘La casa que enloquece’, en el que Asterix y Obelix deben conseguir una formalidad administrativa, se evidencia la exagerada y absurda burocracia de la Administración Pública. Era necesario conseguir el formulario A38 para continuar con las pruebas. Escaleras arriba, escaleras abajo, de ventanilla en ventanilla. Todo el que lo intenta, termina chiflado. Ellos, al final, lo consiguen. Algo así pasa con las ayudas a la rehabilitación de viviendas en la Comunidad Valenciana. Si no se explica dónde y cómo hay que pedirlas, están muy bien que existan, pero no sirven para nada.

Las instituciones son las encargadas de garantizar que se repartan los recursos económicos de forma equilibrada entre las diferentes personas que integran la sociedad. Pero algo falla, pues siempre ha habido discordia. Un reparto desigual de los fondos, escasez de ayudas, personas en el umbral de pobreza. Son algunos ejemplos de esa falta de entendimiento entre los organismos públicos y esa parte más desfavorecida de la ciudadanía.

Pero quizá, el problema de la desigualdad no sea algo que solo se ciña a la responsabilidad que tienen las instituciones para garantizar una sociedad justa. También es la población la que debe concienciarse de que es necesario aprender a saltar los obstáculos.

Desde el año 2008 es competencia de las comunidades autónomas la gestión de las ayudas a destinar a la rehabilitación de viviendas. Pero a día de hoy continúa sin llegar íntegra la partida económica a los ciudadanos. El último informe de reajuste publicado por Fomento, que abarca el periodo 2009-2012, revela que quedaron sin rehabilitar 22.097 inmuebles de la Comunitat Valenciana. El argumento de justificación es que no llegaron las suficientes solicitudes en los plazos establecidos y, por ello, no se otorgaron los subsidios.

Me cuesta creer que no hubiese algún valenciano que necesitase reformar su vivienda. Será más bien que no sabían, ni se han preocupado en saber, cómo y dónde tramitarla la subvención. Nerea Belmonte, concejala de Acción Social y Vivienda de Alicante, reconoce que “no es viable que los ciudadanos cumplan a cabalidad la cantidad de trámites y requisitos sin apoyo; y qué mejor que se ayuden entre ellos mismos.”

No obstante, es recalcable esa solidaridad destacada en unos e ignorada por otros. El presidente de la ONG de Arquitectura Sin Fronteras de Alicante y Murcia, José Miguel Esquembre, sostiene que “aparte de tener unos estamentos que promulguen a nivel legislativo y económico, es necesario que cada persona tome conciencia de las necesidades de los demás”.

Por tanto, para poner en jaque esta desigualdad y dejadez generada por los propios individuos es fundamental tomar medidas desde la educación a una edad temprana. Es decir, empezar a combatirla aleccionando a los niños y niñas en los colegios. Aunque también a los padres. Enseñarles cómo tener una mentalidad progresista y solidaria con el mundo y con las personas que lo habitan. Solo así podremos vivir en un entorno más equitativo, donde los líderes políticos se comprometan a dar ayudas para el desarrollo y que haya personas que las aprovechen.

 

Trabajo realizado por: 

Olga Avellán, Yolanda Delicado, Ana Blázquez y Cristian Blázquez.

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