La coral que renace

La coral de la Universidad de Alicante realiza un concierto “Navidad tiempo para la música” en el teatro Castelar de Elda.

a coral de la UA interpretando "O tannenbaum" en el teatro Castelar el 10 de diciembre / María Segura

La coral de la UA  apunto de interpretar “O tannenbaum” en el teatro Castelar (Elda) el 10 de diciembre / María Segura.

El ruido incesante del despertador, los pitidos en mitad de un atasco, el teclado del ordenador, la vibración de los smartphones,  la canción que siempre suena en la radio, la televisión como el eco perpetúo de nuestros hogares. Ese zumbido silencioso que va calando poco a poco en nuestra consciencia y  guardamos como las notas musicales de nuestra vida. Sin darnos cuenta, de forma casi imperceptible. Aunque siempre tendremos la posibilidad de ahogarlo. Suena el piano. Una sola nota. El director de la Coral de la Universidad de Alicante, Àngel Lluis Ferrando, hablaba buscando la mirada del público. En el teatro Castelar de Elda quedaban aún butacas vacías. Nada extraño para un jueves por la noche. “Buenas noches y gracias por venir a escucharnos”, decía con un acento que dejaba entrever un valenciano muy cerrado. El teatro enmudeció y aparecieron los sesenta cantantes. Todos de negro, buscando su lugar. Sombras irreconocibles con un propósito común.

“La navidad es tiempo para la música”, y con este pretexto comenzó el espectáculo. La primera canción fue en recuerdo de las obras de Consuelo Colomer,  compositora, pianista, y crítica  alcoyana. Ferrando quiso “agradecer su música” interpretando cuatro piezas de sus villancicos más populares: Al pie de la nochebuena, Con campanillas, El niño llora y Si el niño quiere. Todos ellos con cierto aire familiar, incitando al espectador a recordar. El concierto siguió y esta vez nos trasladó a Cataluña, con su tradicional villancico El rossinyol. La siguiente pieza invitaba a ir mucho más lejos, en concreto a África,  con el tema Winoweh o the lion sleep tonight. “Me gustaría recordar que esta canción no sólo es de la banda sonora de El rey león, su compositor se llamaba Solomon Linda y la creó en 1939. Aunque ahora tiene otro nombre, antes se llamaba Mbube que en zulú significa león”, explico el director. Ferrando no sólo dirigía las voces, contaba la música. Otorgaba identidad a cada fragmento y lograba que el público captara su esencia. O tannembaum llevó al espectador al corazón de Alemania. Un villancico clásico en Westfalia, que se remonta al siglo XIX y en sus orígenes era una trágica canción de amor.

“La pieza Tintinnabulum es la más difícil de todas las que tocamos porque tiene muchas tonalidades. Pero perfecta porque es un canto a la paz en un idioma inventado”, explica el barítono, Tomás Escolano.

Y, tras muchos viajes, el espectáculo llegaba al ecuador de su fuerza.  Una función que tejía un mundo cargado de sugerencias sonoras y melódicas. La música iba creando una navidad poco ortodoxa, repleta de diversidad. Un lugar donde cabía, por supuesto, una canción con idioma inventado: Tintinnabulum, de Karl Jenkins. “Es la pieza más difícil en cuanto a que tiene muchas alteraciones tonales. Pero es perfecta porque es un canto a la paz en un lenguaje inexistente”, razonaba Tomás Escolano, barítono de la coral y compositor. Y de la fantasía pasaron a la ternura, con una canción infantil del compositor español R. Talens, Mareta, mareta. Continuaron con Signore delle Cime, del compositor italiano Giussepe di Marzi. Retrocedieron con elegancia a la época renacentista con Cum decore, de Tielman Susasto. Y volvieron a hacer honor a la música de Jenkins con Adiemus. “Y por último, os regalamos un clásico de la coral. Hace años que está en nuestro repertorio y nos gusta cantarla. Una pieza que habla de las buenas noticias, que les deseo que lleguen estas navidades”, decía con una sonrisa Ferrando. Good News, del grupo Kingston Trio. Un final amable y pegadizo que empujó al público a cantar y formar parte de aquel vínculo.

Los últimos asistentes al acto saliendo del teatro Castelar / María Segura.

Los últimos asistentes al acto saliendo del teatro Castelar / María Segura.

El coro es un organismo vivo. Las nuevas incorporaciones de los alumnos conforman una nueva coral.  La gente no conoce las piezas, y muchos no tienen conceptos musicales. Pero se mantiene y se renueva cada año”, sostiene el director,  Àngel Ferrando.

La coral de la UA, tiene una función pedagógica para los estudiantes de la Universidad que deseen participar. Pero no sólo en el ámbito musical sino también a nivel social y cultural. A pesar de su larga trayectoria, el orfeón acostumbra tener nuevas voces cada año. “El coro es un organismo vivo. Las nuevas incorporaciones de los alumnos conforman una nueva coral.  La gente no conoce las piezas, y muchos no tienen conceptos musicales. Pero se mantiene y se renueva cada año”, sostiene Àngel Ferrando. Pero su breve duración no exime a la organización de buscar todos los años el mismo objetivo: organizar eventos musicales para acercar a la juventud a este tipo de música. “Una propuesta heterogénea, un viaje en el tiempo donde lo fundamental, lo importante, es la música y lo que ella transmite”, afirma el director.

Las sesenta voces que conforman el coro dedican tres horas semanales a cantar. El único beneficio parece ser “la liberación personal y ser fiel a uno mismo”, como asegura el músico Escolano. Además, por supuesto, de participar en una actividad social. “En un coro lo más complicado es intentar no destacar. El canto coral es un todo y tiene que fluir a la vez, respirar igual”, explica el barítono. Y añade: “El coro es un concepto de unión, no de crecimiento personal y el director tiene que hacer que el público solo escuche cuatro voces”.

Tenores, bajos, sopranos y contraltos. Todos los tonos de los componentes y sus matices. Cantando al son del director, que más que conducir las voces, parecía tocar un solo instrumento. Con un baile casi hipnótico, alejaba al público del bullicio diario. Quizá poco acostumbrado a escuchar.

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