“La dieta macrobiótica se basa en la prohibición de alimentos mientras que la mediterránea se fundamenta en la moderación”

Elena García | Profesora de nutrición y dietoterapia en la UMH

“No se puede prohibir ningún tipo de alimento”. Con esta afirmación tan rotunda Elena García (Alicante, 1970), profesora de la asignatura Nutrición y dietoterapia en la Universidad Miguel Hernández, rompe con uno de los principios fundamentales de la dieta macrobiótica, que se caracteriza por el consumo de los alimentos de origen vegetal cultivados sin ningún tipo de plaguicida. La doctora del departamento de Biología Aplicada afirma que esta dieta de origen asiático “está vendiendo un estilo de vida basado en la filosofía zen pero sin rigor en los estudios científicos”. Por este motivo, la docente García aboga por la dieta mediterránea, mucho más variada y saludable para el organismo humano.    

Elena García, doctora de la Universidad Miguel Hernández/ JOSÉ C. GÓMEZ

Elena García, doctora de la Universidad Miguel Hernández/ JOSÉ C. GÓMEZ

Pregunta. ¿Cuáles son los alimentos que recomienda la dieta macrobiótica?

Respuesta. La dieta macrobiótica se caracteriza por el consumo de alimentos de origen vegetal, eximiendo todos los de origen animal. No obstante, nuestra tradicional dieta mediterránea es más saludable y variada, y también se caracteriza por utilizar alimentos de origen vegetal, como los cereales, verduras y frutas. Es más, tenemos la obligación de defender esta dieta por varios motivos: en primer lugar, porque la comunidad científica le ha otorgado el título de patrimonio cultural y material; en segundo lugar porque fomenta el uso de productos típicos de nuestra huerta de la zona del sureste peninsular; y, en tercer lugar, porque la dieta mediterránea está avalada desde un punto científico y no sólo filosófico como la macrobiótica. En definitiva, la macrobiótica no deja de ser otra ‘dieta mágica’ enfocada más a la venta al público que al rigor cientificista, puesto que se basa en potenciar el consumo de productos de origen vegetal, algo que podemos encontrar desde años en nuestra dieta mediterránea.

Pregunta. ¿Cuál es el origen de este tipo de dieta?

Respuesta. Este tipo de dieta está muy unida a la filosofía zen, por lo que su origen es de tipo asiático japonés. Además, está vinculada una serie de aspectos que están relacionados con el estilo de vida que promulga esta filosofía, como la religión budista, el respeto por el medio ambiente o una vida sin estrés. En este sentido, la dieta macrobiótica está vendiendo un estilo de vida más que una dieta, puesto que la mediterránea también propugna estos valores y no se le da tanta repercusión. Lo que hay que tener en cuenta es que, sigas una dieta u otra, los estudios científicos han demostrado que se debe acompañar con ejercicio físico, así mejoraremos nuestra calidad de vida hasta llegar a la longevidad, que es el objetivo que se pretende seguir actualmente en cualquier dieta.

P. ¿Usted cree que la dieta macrobiótica tiene algún tipo de ventaja con respecto a la mediterránea?

R. Creo que no. En la actualidad, uno de los problemas más extendidos a nivel de salud pública en los países desarrollados son las enfermedades crónicas multifactoriales (osteoporosis, hipertensión, obesidad y algunos tipos de cánceres fundamentalmente). Quizá la dieta macrobiótica tiene como ventaja la prevención a la hora de aconsejar a las personas y hacer hincapié en qué alimentos pueden tener un factor de mayor riesgo frente a algunas patologías. Si lo enfocamos, por ejemplo, a las enfermedades cardiovasculares, un dietista experto en macrobiótica puede modificar los hábitos de vida de su paciente que provocan factores de riesgo, como una dieta insana o una vida sedentaria. Sin embargo, cualquier dietista puede hacer esto, y establecer una dieta variada y equilibrada que nos aporte todos los nutrientes necesarios en las cantidades adecuadas, sin tener que recurrir exclusivamente a la macrobiótica.

P. Además del tipo de alimentos, ¿qué otros requisitos debe cumplir la dieta para considerarse macrobiótica?  

R. Básicamente se centra en dos requisitos: excluir alimentos de origen animal e ingerir únicamente frutas y verduras cultivadas sin ningún tipo de plaguicida. No obstante, el objetivo no es dieta macrobiótica para estar más sanos, sino una dieta sostenible como la mediterránea que no altere todo aquello que pueda afectar al medio ambiente. El motivo es que las dietas de tipo macrobiótico pueden producir una serie de deficiencias de vitaminas y proteínas que sólo las podemos aportar a través de esos alimentos de origen animal. La gente quiere vender que la dieta macrobiótica es saludable, prudente, óptima, moderada y que aporta beneficios medioambientales. Es cierto, pero todos esos aspectos no sólo los encuentras en la dieta macrobiótica, sino que ya están incluidos en nuestra tradicional dieta mediterránea.

P. ¿La dieta macrobiótica es adecuada para un niño que esté en pleno desarrollo?

R. El primer condicionante que debe existir para que la dieta sea nutricionalmente equilibrada es que estén presentes en ella la energía y todos los nutrientes necesarios para el cuerpo. A partir de ahí, nosotros tenemos que tener en cuenta las cantidades adecuadas dependiendo de la etapa de transición del niño. Lo más importante es que la dieta tiene que ser variada, equilibrada y saludable, pero también hay que tener en cuenta que debe ser balanceada. Esto no pasa en la dieta macrobiótica, puesto que encontramos una serie de alimentos que no se pueden incluir. Si nosotros no incluimos esa serie de alimentos tenemos menos posibilidades de conseguir ese balance adecuado para el desarrollo correcto del niño. En definitiva, la moderación en las cantidades consumidas y la variedad son aspectos que podemos conseguir de forma más fácil con la dieta mediterránea que con la dieta de tipo macrobiótico.

P. Con lo que usted me está diciendo, ¿podríamos afirmar que la dieta macrobiótica prohíbe y la mediterránea modera?

R. Correcto. La dieta macrobiótica se basa en la prohibición mientras que la mediterránea se fundamenta en la moderación.No se puede prohibir ningún tipo de alimento, además que no podemos hacer una concepción de alimentos por separado. La dieta es un conjunto variado de alimentos que pertenecen a diferentes grupos como pueden ser cereales, verduras, hortalizas, etc. La distribución de los alimentos y una dieta balanceada en cantidades moderadas que cubra nuestra necesidades fisiológicas se puede conseguir sin seguir este tipo de dieta macrobiótica

P. ¿Es cierto que con este tipo de dieta macrobiótica se contribuye a eliminar más toxinas?

R. No es cierto. Para eliminar toxinas dentro de nuestra dieta tenemos que jugar con balances, que consisten en tener un equilibrio entre la proporción de los ácidos grasos saturados y los nutrientes necesarios que ingerimos con los alimentos. Además cada individuo tiene de manera innata más o menos capacidad para eliminar toxinas a través de los procesos de liberación, absorción, distribución y biodisponibilidad del cuerpo humano. Es cierto que los alimentos de origen vegetal pueden tener un efecto diurético o farmacológico, pero eso no significa que tengamos que seguir obligatoriamente una dieta macrobiótica, puesto que en la mediterránea también se potencia el consumo de frutas y hortalizas. Es más, la comida forma parte de actos sociales dentro de nuestro patrón cultural, por lo que no debemos estar pensando siempre en qué alimentos eliminan más toxinas para comer sólo de ese tipo. Eso no es saludable para nuestra vida cotidiana.

P. ¿Qué diferencia hay entre una dieta macrobiótica y una vegana?

R. En primer lugar, cabe destacar que ambas se incluyen dentro del abanico de dietas de tipo vegetariano. No obstante, es cierto que existen diversas diferencias entre ambas. La dieta vegana excluye todos los productos derivados de la explotación animal, incluidos los huevos y los lácteos. Su fundamento es de carácter ético, motivo por el cual se define el veganismo más como una actitud de respeto a los animales que como una dieta. Por otra parte, la dieta macrobiótica se asienta en una serie de principios o patrones filosóficos que tratan de alcanzar el equilibrio energético a través de la alimentación vegetariana y la energía del Ying Yang de los alimentos.

 

Componentes del grupo: Silvia Fernández López, Jesús Lucerón Morales, Eric López Ballesta y José Carlos Gómez Sigüenza.

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