“La empresa ve todo ‘muy seguro’ desde sus oficinas, pero los repartidores seguimos sufriendo lesiones con las bombonas”

Miguel Fernández | Trabajador veterano de la empresa Repsol butano

El deseo de la empresa por un mayor beneficio económico resulta más interesante que el interés por la seguridad y salud de sus empleados. Y esa es la filosofía de cada vez más compañías. Así lo afirma Miguel Fernández, quien trabaja como repartidor en varias zonas de la ciudad ilicitana, tras más de 30 años de experiencia en la empresa Repsol. Un oficio que conlleva el riesgo de caídas, lesiones, robos y el peligro de tratar con sustancias explosivas. Amenazas que, como en tantas otras profesiones, no tienen en cuenta las industrias.

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Miguel Fernández, vendedor de butano, el pasado miércoles / Lorena García

Un total de 13.593 accidentes de trabajo con baja se registraron en la provincia de Alicante en el periodo de julio de 2015 a junio de 2016, según los últimos datos del Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo (Invassat). Así pues, en relación a la misma etapa del año anterior, los accidentes que han causado baja en esta zona aumentaron un 9,8%. En concreto, el sector servicios representa un 64,4% sobre el total de accidentes con 8.752 casos. Las estadísticas también determinan que la población expuesta al riesgo en la provincia alicantina fue de 473.924 trabajadores, un 4,1% más que en el mismo periodo interanual del año anterior.

Sin duda, la comarca se enfrenta a unas cifras alarmantes que muestran que, mucho más temprano que tarde, la salud de los trabajadores se ha visto afectada por el aumento de la precariedad laboral y la amplia carga de tareas que se le asignan. Para Fernández, este se trata de un viejo problema que lleva algunos años en continuo crecimiento. De hecho, su empresa contaba con 40 asalariados en 1980 hasta los 15 trabajadores actuales que se encargan del reparto de gas butano en Elche, Santa Pola, Torrellano, Matola, El Altet y Arenales del Sol.

La falta de trabajadores es evidente para los jornaleros, pero también la falta de seguridad y declara: “A la empresa no le interesaría gastarse dinero en mejorar la protección, ya que dejarían de ganar dinero y eso sí que les preocupa”. En este sentido, Miguel aclara que el gusto por lo antiguo y tradicional no deja indiferente a nadie dentro de la propia empresa. Bien es cierto que, tras 58 años, Repsol ha modernizado su bombona de butano con un nuevo modelo más ligero elaborado con acero ligero que reduce de 12 a 7 kilos el peso de la botella. Un cambio que facilita su manejabilidad y disminuye la carga para el hombro. Aun así, ambos tipos de envases se comercializan con un número mayor de bombonas de 12 kilos.

Otro tema importante en la seguridad e higiene laboral es el aspecto que atañe al cuidado de la vestimenta y elementos que utilizan a diario. En este sentido, Fernández puntualiza que usan guantes de alta calidad y deportivos con ‘refuerzo’ de hierro en puntera y talón, pero rápidamente se desgastan y se ensucian por el empleo continuado de ambos. Otro asunto que requiere atención es el polo o bien la chaqueta, que carecen de hombreras incorporadas capaces de reducir el daño que conlleva el peso de la bombona en el propio hombro.

Miguel Fernández asegura que su trabajo le expone a pequeños accidentes y le ocasiona grandes sustos. Muchos de sus compañeros, incluido él, han sufrido caídas en las escaleras y derrumbamientos de botellas encima, pero el mayor sobresalto se produjo en un robo a punta de cuchillo, según subraya Fernández. Los delitos en los que se emplea la violencia o intimidación se han producido en múltiples ocasiones contra este oficio cuyo trabajador cuenta con grandes cantidades de dinero en efectivo. Aunque la preocupación aumenta cuando se trata del gran deterioro que puede causar a la larga, sobre todo en el físico.

La visita al médico se convierte en rutina tras el paso de los años y la mayoría de los trabajadores de Repsol butano ya han notado los estragos de su empleo. El repartidor de butano más veterano de la empresa, Miguel Fernández, ha estado de baja más de una vez por problemas físicos en la espalda, hombro y piernas derivados del esfuerzo laboral. Los continuos dolores musculares en el hombro le llevaron a citarse con el médico para realizarse unos análisis cuyos resultados le diagnosticaron artritis aguda y sobrecarga muscular. Tras esto se le aplicaron varias sesiones con infrarrojos (método de emisión de calor sobre la zona afectada para relajar la musculatura). Se abrió así un periodo de cerca de 20 días de rehabilitación y 50 días de baja general. “La empresa no se ha quejado, ya que respetan que el repartidor no pueda ejercer su oficio cuando se trata de un problema físico”, declara Fernández.

Aunque las grandes compañías todavía están lejos de alcanzar un nivel de reflexión mínimo sobre la seguridad y la salud laboral, sí que es cierto que cada cinco años la aseguradora MAZ, contratada por la empresa, imparte cursos durante dos días donde se explica la forma más eficiente de manipular las bombonas, los camiones y las carretillas, tanto elevadoras como de mano. Posteriormente a estos, las jornadas concluyen con un examen donde se evalúa el entendimiento de los repartidores.

Las características del trabajo, el esfuerzo físico, los riesgos y problemas laborales, como la artritis o las dislocaciones, lo convierten en uno de los empleos más arduos. La desatención de las empresas hace que las condiciones laborales no mejoren y se mantengan las antiguas y obsoletas medidas de seguridad. Y puede que la situación tarde en cambiar porque como Fernández destaca: “No se preocupan porque no están ‘tirados’ en la calle con las bombonas como nosotros”.

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