La etérea y eterna mujer rural

Las mujeres rurales corren el riesgo de convertirse en invisibles. El término rural es muy complejo de definir y se usa para identificar una realidad no tan reconocible como pudo ser en el pasado. Sobre él se impone la visión de un ámbito antiguo y desfasado que indudablemente dibuja a las mujeres como las sombras más oscuras sobre un lienzo de una mentalidad arcaica. Se trata de un dibujo social que incluye bocetos en forma de brechas salariales, discriminación, violencia machista y desigualdad.

Los cinco millones de mujeres que viven en el medio rural español reclaman la necesidad de contar con leyes y derechos que garanticen un mayor reconocimiento a su trabajo y una mayor independencia.  La excesiva masculinización del sector agrario acentúa la necesidad de avanzar un paso en la estructura social para lograr la ansiada igualdad. Hace cuatro años, la elaboración de la Ley de Titularidad Compartida (2011) pretendió convertirse en el principal foco que iluminara a este grupo que lentamente se desdibuja en la oscuridad. Su objetivo primordial era equiparar legalmente a la mujer que trabaja en una explotación agraria respecto a su cónyuge. Una meta que, como recuerda Teresa Antón,  presidenta de la Federación de Mujeres del Ámbito Rural (AMFAR) de Alicante, se ha quedado en papel mojado: “No existe ningún control gubernamental sobre la ley, la titularidad de las tierras sigue en muchos casos perteneciendo solo a los hombres”. Este caso constituye un claro ejemplo de las deficiencias gubernamentales existentes en nuestro país, una España caracterizada por redactar leyes a mansalva que en pocas ocasiones se ven materializadas.

No se trata de ideologías o partidos políticos. Los datos demuestran que esta ley, aprobada por el anterior gobierno socialista, lleva ya cuatro años guardada en un cajón. Las 60.000 mujeres integradas en las 17 Federaciones de Mujeres Rurales (Fademur) han sido testigos de las promesas no cumplidas. La ley podría ser realmente efectiva si todas las explotaciones compartidas fueran consideradas como prioritarias, y en ellas se resaltara el papel de la mujer: por ejemplo, no es entendible que las mujeres mayores de 50 años no puedan acceder a la titularidad compartida. Habría que recordar al gobierno que se trata de un sector envejecido, en el que desde la legalidad no se fomenta ni favorece en absoluto a través de ayudas el relevo generacional.  Otra de las deficiencias reside en que no se contempla la reforma de la Política Agraria Comunitaria (PAC) presentada por la Comisión Europea, una política que penaliza los cultivos más productivos y que aleja y desatiende a las mujeres rurales.

A la espera de un más que probable cambio de gobierno, el futuro se presenta en cierta medida “esperanzador”. Aunque el gobierno actual del Partido Popular ha aprobado para el periodo 2015-2018 un Plan para la Promoción de las Mujeres en el medio Rural, dotado con 23 millones de euros, el principal reto consiste en verlo materializado.  El resto de partidos políticos, como PSOE o Podemos, han criticado durante esta legislatura la actuación del gobierno central y contemplan en sus programas algunas reformas. No es para menos, ya que por ejemplo en la vecina Murcia el dato es desgarrador: sólo una mujer se ha acogido a esta ley. María Dolores Larrosa, Secretaria de Desarrollo Rural y Economía Social de Podemos Murcia, explica que este hecho “denota el escaso apoyo institucional” y sería necesario elaborar un Estatuto de Agricultoras y Ganaderas que ejecute medidas para el reparto de ayudas agrarias a agrícolas y ganaderas.

Justicia social. Al fin y al cabo se trata de implantar igualdad, un principio fundamental que debería regir cualquier sistema democrático que goce de un estado del bienestar con perfecta salud.  La mujer rural no solo necesita el reconocimiento legal para salir de la oscuridad, sino que además debe trabajar por el cambio de la sociedad a través de lo que, como ha demostrado a lo largo de la historia, mejor sabe hacer: reivindicar sus derechos con su valor, independencia y formación.

Lidia Giménez /Sergio Hernández/ Elena Hita/ Alberto Losa

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