“La gente se trae la comida de casa y eso en los cines de sala cerrada no se puede hacer”

GERMÁN MARTÍNEZ, gerente del autocine El Sur.

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Germán Martínez junto al proyector que da vida al autocine.

Los cines ya no son lo que eran, y Germán Martínez lo sabe bien tras haber trabajado veinte años en uno de los pocos en los que aún se permite entrar con coche al interior de la sala. Aunque también es verdad que dicha sala está compuesta por unas paredes de cipreses y un techo de estrellas. El gerente del autocine El Sur  me recibe en la puerta de la sala de proyección vestido con el uniforme y mostrando una amplia sonrisa. Ya en el interior y  acompañados por el permanente suspiro del proyector da comienzo la entrevista.

Pero empecemos por el principio. Germán me cuenta que el cine se construyó en los años ochenta, cuando la urbanización en la que se encuentra mostraba una imagen muy diferente en la que predominaban los solares vacíos y no los chalés con piscina. “El año pasado cerramos cuatro meses por reformas, pero siempre hemos estado abiertos”, dice el gerente con orgullo cuando le pregunto si el autocine ha estado en funcionamiento desde el día de su inauguración.

Pese a que estamos hablando de un autocine, me da por pensar en los pobres peatones. ¿Qué pasaría si alguien no dispusiera de coche y deseara entrar al recinto para disfrutar de una buena película? Germán me explica que desde hace ya unos años no se permite la entrada a pie. La causa es sencilla: seguridad. El hecho de que la gente pululara por un espacio en el que no paran de pasar coches no resultaba demasiado tranquilizador. “Había mucha gente que se ponía por en medio de los coches, pero como no tenemos una terraza exclusiva para la gente que viene andando pues de momento no se puede”, aclara el encargado del cine.

Otra de las peculiaridades de una sala de proyecciones al aire libre es el hecho de que, por muy obvio que resulte, no hay ningún techo que pueda guarecer a los espectadores, por lo que nuestro gerente debe convivir con los inconvenientes que pueda ocasionar el clima. Por tanto el autocine ofrece dos horarios: uno de invierno que entra en vigor ahora en octubre y durante el cual sólo se abre de viernes a domingo y en festivos; y otro de verano que se inicia en julio y durante el cual el recinto abre todos los días.

“En invierno la gente suele ver las películas dentro del coche y suelen ser parejas o grupos de amigos. Algunos incluso en diciembre se sacan la manta afuera y se sientan en sillas”, me cuenta entre risas Germán que aclara también que en los meses invernales suelen ser jóvenes los que acuden al autocine, ya que las familias desaparecen a causa del frío.

Sin embargo, cuando el gerente habla de la época estival, pinta un cuadro mucho más bucólico que traerá a más de uno memorias de una época mucho más sencilla: “La gente se trae la comida de fuera, aunque aquí tenemos un bar y bocatería, pero la gente se trae las sillas y la mesita y se sientan fuera del coche. Se traen también a los niños que pueden jugar por los alrededores y también a las mascotas, que están permitidas. Y este tipo de cosas en los cines de sala cerrada no se pueden hacer”. Germán asegura que éste es uno de los aspectos que hacen al autocine El Sur tremendamente atractivo y una de las claves de su supervivencia a lo largo de los años.

Pero, ¿qué hay de las películas? Si bien es verdad que la cartelera es reducida, ya que sólo se ofrecen dos películas al día, se puede asistir a las dos proyecciones por el mismo precio (seis euros por persona y tres por coche). Por tanto, este precio asequible es probablemente otra de las principales causas de la pervivencia del viejo autocine. Además, el encargado aclara que las cintas mostradas son siempre de estreno y no los típicos clásicos que se muestran en muchos cines al aire libre que se organizan en algunas localidades durante el verano.

Por desgracia siempre hay un lado negativo, y cuando pregunto a Germán por la ola de cierres que afecta a las salas de cine y a la crisis que llevan ya tiempo sufriendo, el encargado culpa principalmente de estos males a la piratería: “La causa fundamental es la piratería, además de que la gente ya ve el cine en casa con plataformas como Netflix o esas cosas”.

Ya acabada la entrevista salimos de la sala de proyecciones y Germán me comenta que deben cambiar los altavoces que utilizan, ya que se han quedado desfasados. Yo observo el terreno empinado de grava que se extiende ante mí y pienso en todas las situaciones que se habrán dado durante todos estos años dentro y fuera de los coches que acudieron a la llamada del séptimo arte. Mientras, la imponente pantalla nos contempla desde lo alto, presidiendo unos dominios que, esperemos, sigan aquí dentro de otras tantas décadas.

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