La gota más destructiva

La lluvias torrenciales de otoño  ponen en alerta a los agricultores debido a las graves pérdidas que pueden sufrir si se produce este fenómeno atmosférico

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Jorge Olcina, catedrático de la Universidad de Alicante/ JOSÉ C. GÓMEZ

Desde los albores de las primeras civilizaciones, el ser humano siempre ha intentado comprender las relaciones existentes entre el ciclo biológico de plantas y árboles con las condiciones climáticas que les afectan. La producción agrícola, que todavía hoy sigue siendo la base de la alimentación, siempre depende del tiempo atmosférico y de las condiciones de las capas de aire. Por este motivo, los agricultores del Levante español siguen temiendo la llegada de la gota fría, que podría provocar pérdidas económicas irreparables en un campo que carece de unas construcciones hidráulicas adecuadas.

El campo levantino sigue preparándose ante la posible llegada de lluvias torrenciales en forma de gota fría (DANA) tras un verano extremadamente seco y caluroso. Los expertos en climatología llevan semanas avanzando que este año se han incrementado las probabilidades de que se produzca este fenómeno atmosférico debido a que están coincidiendo una serie de causas para la llegada de temporales en otoño.

El primer factor clave se encuentra a kilómetros del Levante español, en concreto en el Océano Pacífico, donde se está gestando el fenómeno de El Niño, una corriente marina cálida que repercute en la zona del Mediterráneo. Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Alicante, afirma que “este fenómeno incrementa las posibilidades de gota fría puesto que ha habido una coincidencia reciente entre años de Niño intenso y lluvias torrenciales en la zona del Mediterráneo, como sucedió en los años 1972, 1982 y 1997”.

El segundo factor de riesgo es el fuerte calor estival que se ha producido este año, debido a las masas de aire subsahariano que han provocado que la temperatura del mar conserve unos 25 grados hasta octubre. “Cuanto más caliente está el agua, mayor es la cantidad que se evapora y por tanto aumenta el riesgo”, afirma el meteorólogo de TeleElx Vicente Bordonado. Y añade: “Estos dos factores unidos a la entrada de viento húmedo de Levante y la masa de aire frío que se fijará en la troposfera, provocan que este año sea propicio para la gota fría”.

Alcachofas

Alcachofas afectadas por gota fría/ METEOMES

Este fenómeno, en vez de ser una bendición para el regadío de los cultivos, se convierte en un perjuicio para los agricultores debido a que la gran descarga de agua en tan poco tiempo termina por dañar los cultivos de frutales y hortalizas, que reciben innumerables plagas como consecuencia del agua estancada. Además, el profesor Olcina señala que “las nubes de gota fría van cargadas de granizo, por lo que se acumula un riesgo más para la pérdida de cosechas”.

Estos factores ponen en peligro al sector agrario, que es el más perjudicado si llegan lluvias torrenciales. Las plantaciones que más daño sufren son los frutales cítricos y las hortalizas de invierno como el brócoli, la coliflor o las alcachofas. De todos los cultivos, los agricultores tienen especial miedo por la granada de la variedad mollar ilicitana. José Pamies, miembro de la Unió de Llauradors i Ramaders, afirma que “si cayera la gota fría podría afectar a un producto de gran valor internacional como la variedad mollar, a la que se le ha concedido la Denominación de Origen Protegida”. Y subraya: “Nunca se sabe lo que puede venir ni si estás totalmente preparado, por lo que las pérdidas pueden ser mayores de las previstas”.

El recelo con el que los agricultores miran esta época del año tiene su origen en una dura realidad. Los seguros agrarios no llegan a cubrir al completo los daños de gota fría, por lo que cuando se produce este fenómeno tienen aseguradas las pérdidas económicas tanto por la destrucción de las estructuras de sus fincas e invernaderos como en las propias plantaciones. “Las asociaciones de agricultores hemos solicitado que se abaraten los costes de la contratación de seguros agrarios y se incremente el valor de los productos agrícolas”, asegura Pamies. Su objetivo está claro: los agricultores tienen que tener las menores pérdidas posibles ante un caso de gota fría.

“Hay agricultores que están esperando la indemnización de la riada de 1987 de la Vega Baja, o el de la pantanada de Tous del año 1982”

Es cierto que los agricultores sí perciben una ayuda económica del Estado cuando un territorio sufre una inundación de lluvias torrenciales y se declara como zona catastrófica por la envergadura de los daños, pero nunca es suficiente. “El agrario es un sector bastante desprotegido porque depende de la ley del seguro agrario, que tampoco lo protege”, afirma Jorge Olcina. Este es el panorama de la agricultura, ayudas estatales insuficientes y seguros que no reflejan realmente lo que sufre y pierde el agricultor. El propio Olcina asegura que “hay agricultores que están esperando todavía la indemnización de la riada de 1987 de la Vega Baja, o el de la pantanada de Tous del año 1982 en toda la ribera del Júcar”. Estos datos revelan lo desamparado que está un sector que parece tener cada vez menos capacidad de protesta y menor atención del Gobierno.

Falta de previsión en las estructuras

Junto a estas consecuencias, cabe destacar que la mayoría de las ciudades del litoral mediterráneo no están preparadas para soportar precipitaciones de fuerte intensidad horaria. José Pamies asegura que “en Elche con 30 litros por metro cuadrado que caigan en sólo 15 ó 20 minutos tenemos grandes problemas, ya que los colectores de recogida de aguas pluviales no están lo suficientemente dimensionados para grandes precipitaciones”. A diferencia de la ciudad ilicitana, Alicante sí tiene unos colectores subterráneos preparados para lluvias intensas, gracias al plan antirriadas que se aprobó tras la catástrofe pluvial con víctimas mortales acontecida en 1997.

“No se han respetado los territorios de nuestra naturaleza, por lo que se ha construido en zonas próximas a ramblas y barrancos que tienen peligro de inundación”

Los efectos de la burbuja inmobiliaria también se hacen patentes cuando hablamos de fenómenos atmosféricos. Según un estudio del Patricova sobre las zonas de riesgo de inundación, un 10% de suelo residencial de la Comunidad Valenciana se encuentra en zonas inundables. Durante años se ha producido una fuerte expansión inmobiliaria que ha ocupado espacios de riesgo sin que haya habido control, debido a que tanto ayuntamientos como confederaciones hidrográficas no han tenido personal suficiente. “Hemos tenido unos años de mucha construcción y no se han respetado los territorios de nuestra naturaleza, por lo que se han ocupado zonas muy próximas a ramblas y barrancos que tiene peligro de inundación”, afirma Jorge Olcina.

Fenómenos atmosféricos capaces de destruir cosechas de todo un año, deficientes instalaciones hidráulicas ante riadas y una sociedad cada vez menos rural. Es un tema conflictivo que ningún gobierno resuelve. Lo único que queda claro es que pasan los años y la vieja vida agraria tradicional del Mediterráneo parece estar llegando a su fin.

 

 

 

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