La integración invisible

Cuando se nace en la pobreza, muchas veces se aceptan situaciones como las de exclusión y rechazo. Esta asimilación viene siendo una de las etiquetas con la que nos damos de frente cuando nos cuestionamos las causas de los problemas que envuelven a la etnia gitana. Es más frecuente la descripción de esta minoría a través de valores negativos y pesimistas que a través de valores positivos o de aliento.

Desde hace 500 años, los gitanos han asimilado la exclusión tratando de conservar su identidad y luchando por continuar con sus costumbres; se trata de la raza más antigua de Europa, llevan siglos entre nosotros y todavía resultan una comunidad desconocida para el resto.

Generalmente, los medios de comunicación contribuyen a perpetuar los prejuicios contra la etnia gitana, proyectando una visión extrema de las familias;  o bien clanes muy acomodados, o bien familias sumidas en la pobreza. No es habitual encontrar un espacio informativo que ofrezca un mensaje de normalidad o que contribuya de algún modo a valorar la mezcla de culturas que existen en España, incluyendo aquello que los gitanos han aportado a la construcción de nuestra identidad.

En Elche, barrios como Los Palmerales, Carrús o La Rata, donde la mayoría de sus vecinos son gitanos, son valorados por las autoridades como barrios conflictivos y son considerados la cuna de venta de drogas en la ciudad ilicitana. Estas zonas, en numerosas ocasiones son objeto de investigaciones policiales y redadas, y muchas veces, debido a su mala fama, de manera injustificada.  En un entorno en el que la discriminación, la exclusión social y los prejuicios están a la orden del día, se asienta el analfabetismo y aumentan las dificultades para acceder con mayor facilidad a la educación formal.

Dentro de las familias gitanas, las mujeres son las más perjudicadas ya que sufren situaciones de marginalidad, y son objeto de tradiciones arcaicas y machistas que las obligan a vivir entre el desconocimiento y la subsistencia.  Un ejemplo de la dominación que existe por parte del hombre hacia la mujer en la comunidad gitana es la conocida prueba del pañuelo, una demostración de la virginidad ante la familia de ambos, una muestra de fidelidad que únicamente es exigida al género femenino.

Para impedir que esta realidad continúe, existen asociaciones como la Fundación Secretariado Gitano de Elche, que trabajan duro para eliminar los prejuicios y estereotipos que la sociedad mayoritaria tiene hacia la raza gitana. Para ello, promueven iniciativas como el programa Acceder o el proyecto Promociona, destinados a mejorar la educación de los niños gitanos y a la inclusión de la mujer en el mundo laboral.

En el caso de los gitanos, conseguir la igualdad no tiene que significar renunciar a sus tradiciones familiares; sino evolucionar dentro de ellas. La diversidad cultural debe impulsarse, sin tratar de borrar lo que los gitanos han aportado a la sociedad y abogando por el diálogo y el respeto entre las distintas culturas.

Lisseth Karina Carrión Asanza

Raquel Antón Andreu

Julio Daniel Delgado García

Silvia Fajardo Martínez

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