La jornada continua a examen

El cambio de horario se ha implantado en la Comunidad Valenciana sin un estudio previo y afecta a los trabajadores del servicio comedor y a los porteros

Mochilas colgadas de las perchas, libros abiertos, pupitres ocupados  y lápiz en mano. Son las  nueve de la mañana y suena la alarma que anuncia el comienzo de un nuevo día en la escuela. La jornada transcurre con normalidad hasta que llega la hora de terminar las clases. Unos niños terminan antes y otros más tarde. La rutina en la ciudad se desarrolla en dos horarios diferentes y los alumnos, las familias y los profesores han de adaptarse a este nuevo cambio.

A principios de septiembre, 25 colegios públicos de Elche votaron a favor o en contra de la implantación de la jornada continua. El resultado determinó que 22 centros dieron el ‘sí’ al cambio de horario, tras superar el 55% requerido, mientras que los tres restantes (El Toscar, Hispanidad y El Palmeral) rechazaron la propuesta. El 1 de octubre se puso en marcha la decisión y las consecuencias ya son notorias.

El modelo educativo ideal que persigue España es aquel que ofrece menos horas lectivas y más tiempo de actividades extraescolares. Sin embargo, la jornada continua intensifica las horas en el colegio y deja a elección de los padres que recurran a extraescolares. Ante tal situación se cuestiona el rendimiento  y los riesgos en la educación. Esta decisión se ha implantado en la Comunidad Valenciana sin un estudio previo del rendimiento que tienen otras comunidades que presentan este horario. Como por ejemplo en Madrid, donde la mitad de los colegios imparten la jornada continua y la otra mitad partida. Tampoco existen evidencias científicas que apunten qué es más beneficioso para la eficiencia del alumno.

El rendimiento en la educación depende de muchos factores. Aquellos alumnos cuyos padres se involucran en la educación de sus hijos, tienen una estructura familiar adecuada y un buen nivel social, obtienen mejores resultados. Óliver Pérez, pedagogo y orientador educativo, considera que con la jornada partida los padres podían organizar a sus hijos en función de sus necesidades como: conocer cuánto tiempo necesita su hijo para hacer los deberes o en qué período de la tarde son más productivos. El fundamento principal para establecer la jornada continua es que la atención disminuye a primeras horas de la mañana y de la tarde. Por lo que se pretende aprovechar el período de 9:00 a 13:00 horas, que es el máximo rendimiento.

“Los colegios están ‘vendidos’ porque muchos han hecho votaciones sin saber si el beneficiado es el alumno, los padres o los profesores”, apunta el especialista. Y añade: “Intentamos imitar el modelo finlandés y el problema no está en la educación sino en la cultura”. Este cambio de horario modifica nuestros hábitos y costumbres, algo que  influye en la formación  al variar los ritmos y la organización diaria. Óliver critica que esta decisión se ha tomado sin tener en cuenta la opinión de pedagogos o especialistas en educación para llevar a cabo un estudio exhaustivo antes de tomar una decisión. En 1993 se realizó el último estudio sobre la eficacia educativa y apuntaba que en la jornada continua hay un 10% o 20% más de fracaso escolar.

Óliver Pérez, orientador educativo:Intentamos imitar el modelo finlandés y el problema no está en la educación sino en la cultura.”

Según el pedagogo, uno de los principales riesgos de este cambio de horario es la desigualdad  que se crea al dejar en manos de las familias las horas libres de la tarde.  “Lo veo como una experiencia piloto, sin red de seguridad. Es una prueba en la que está en juego la educación. El resultado que tendremos va a ser la evaluación del fracaso escolar, si se mejoran o empeoran los datos, pero seguramente no se realizará un estudio a nivel emocional, familiar o social”, declara Pérez.

Impacto social

Estos niveles, sobre todo el familiar y social, están cambiando sus prácticas. Por ejemplo, los comedores escolares desempeñan una función nutricional y educativa importante, contribuyen a la adquisición de hábitos alimentarios y son marco de socialización y convivencia. La resolución de Consellería, del pasado 13 de junio, especifica el horario en el que se presta este servicio, pero no detalla el número de puestos de trabajo. María Nieves Alberola, directora del colegio Vicente Blasco Ibáñez, con jornada continua, revela que a un mes del comienzo de las clases tan solo cuentan con un tercio del personal.

Este es el caso de Francisca Mínguez, monitora del comedor del colegio Ginés de los Ríos. Ella ha trabajado tan solo dos semanas desde el comienzo de curso porque son 30 o 40 comensales menos que el año pasado. Mínguez asegura que la mayoría de los alumnos que disfrutan de este servicio están becados. Y añade: “Los alumnos que este año han decidido no ir al comedor, por lo general, lo tenían que pagar”.  Con la implantación de la jornada continua ha disminuido el número de trabajadores en el comedor y ha aumentado el  número de funciones a desempeñar.

Lo mismo sucede con las actividades extraescolares. El colegio Vicente Blasco Ibañez ha reducido a la mitad sus  actividades dirigidas porque el número de alumnos inscritos ha mermado notablemente. Este hecho se refleja en un estudio que revela que existe una rotunda menor participación en actividades extraescolares en los centros con jornada continua que en los de jornada partida. El coste de estos servicios depende de las preferencias presupuestarias del Ayuntamiento. Patricia Maciá, concejal de educación, declara no disponer de dinero para esas cuestiones y  crítica que Consellería se “debería haber mojado más” a la hora de decidir a dónde se destinará el dinero de estas actividades. “Es lícito que los colegios pidan que desde el Ayuntamiento paguemos las actividades extraescolares pero han de entender que el Ayuntamiento  es de todos, no de unos y de otros”, añade la edil.

Patricia Maciá, concejal de Educación: “Es lícito que los colegios pidan que desde el Ayuntamiento paguemos las actividades extraescolares pero han de entender que el Ayuntamiento  es de todos, no de unos y de otros.”

Alumnos del colegio Vicente Blasco Ibañez durante las clases extraescolares / Itziar Martínez

No solo los trabajadores del servicio comedor se han visto afectados por el cambio de horario en los colegios. El cuerpo de Policía y los porteros también. La Policía Local tendrá que redistribuirse para adaptarse a los distintos horarios de los colegios ilicitanos. Deberán atender los centros de jornada partida, que finalizan a las 13:00 horas, y  a las escuelas de jornada continua, que terminan a las 14:00 horas. Los porteros de los colegios también tendrán que amoldarse a la nueva situación. María Nieves Alberola explica que el portero de su colegio se adapta a los dos horarios, por lo que cubre ambos a la vez. “Es algo que ha de resolverse con urgencia”, sentencia la directora.

Las escuelas deben permanecer abiertas, según se explica en la resolución de Consellería, de 9:00  a 17:00 horas. Por su parte, Maciá afirma que desde el Ayuntamiento tratan de ofrecer un mismo horario para todos estos profesionales, independientemente de que sean colegios con jornada partida o continua porque, de lo contrario, “habría discriminación entre un mismo puesto de trabajo”.

Patricia Maciá, concejal de Educación, en su despacho / Itziar Martínez

Patricia Maciá, concejal de Educación, en su despacho / Itziar Martínez

A nivel social, otro de los sectores que  teme a este cambio es el de la hostelería. Las cafeterías atienden entre semana a  grupos de padres que acuden a tomar el café de la tarde tras recoger a sus hijos del colegio. No obstante, Natalia Casado, dependienta de El Pastisset, considera que en las cafeterías no han notado un gran descenso de la clientela. Sobre las 17:00 o 17:30 horas los grupos de padres y madres acuden a las cafeterías porque bajan a los niños a los parques más cercanos y no rompen con la rutina de tomar café. Y añade: “Antes, con la jornada partida, se notaba más que salían del colegio y venían de golpe. Ahora, a lo mejor vienen más tarde y los grupos no llegan directamente de los centros”, explica la empleada.

Estuches cerrados, lecciones explicadas y deberes mandados.  El impacto de la jornada continua es notable a tan solo un mes de su implantación en los centros ilicitanos. Algunos aspectos clave, como las rutinas o los descansos, sufren modificaciones que alteran el proceso educativo. A nivel social, las consecuencias son múltiples: afecta a diversos puestos de trabajo y a varios servicios. De una forma u otra, el día a día transcurre y la ciudad se adapta a este nuevo cambio.

 

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