La noche en Elche se impregna de feminismo

El 25 de noviembre de 1960 las hermanas Mirabal, tres dominicanas que se opusieron fervientemente a la dictadura de Leónidas Trujillo, fueron asesinadas en Latinoamérica. Años más tarde, en 1981 este mismo día, el movimiento feminista latinoamericano comenzó sus propias reivindicaciones a favor de la mujer y de la no violencia hacia su persona. Con esto se propició la que sería la implantación del “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer” en 1999 por la Asamblea de las Naciones Unidas.

Así comenzó el mundo a tomar en cuenta un día para luchar por los derechos de la mujer, y cada 25 de noviembre nos manifestamos para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres. Por tanto, este año no iba a ser diferente en Elche.  La Plataforma Feminista “Elx pel dret a decidir” convocó a todas las mujeres a participar en la manifestación que se iba a realizar el 25 por la noche, con el lema “La noche, la calle y los bares también son nuestros”.

Mujeres empoderándose en la noche/A. Desiré

Mujeres empoderándose en la noche/A. Desiré

Carteles, pancartas, chapas, cacerolas… todo esto y más fue lo que encontré en el local horas antes de salir hacia el punto de encuentro. Varias eran las mujeres que se encontraban trabajando para terminar los últimos retoques de la que sería la manifestación más esperada del año. En ese momento pude hablar con Lorena Escandell, periodista y miembro de la plataforma.

“Nosotras lo que pretendemos con esta manifestación es conseguir el empoderamiento de la mujer, informarlas y concienciarlas de lo que está ocurriendo. Y lo que vamos a hacer es “tomar la noche”, ya que siempre está como envuelta en una cultura de miedo, en la que a las mujeres nos educan desde pequeñas para que tengamos cuidado en ella” me explica Lorena, la cual también cree que nacer en una sociedad machista hace que todos lo seamos, solo que algunas personas se interesan por informarse más y no quedarse con lo establecido por un sistema patriarcal.

Vivimos en una sociedad en la que a las mujeres se nos educa para tener miedo

Tras varios minutos hablando con ella, decidimos partir hacia el punto de encuentro. Por el camino tuve la suerte de poder hablar con Rosa María, una chica que había sufrido algún que otro episodio de acoso y tuvo la valentía de relatármelos. “Fue la primera vez que bebía alcohol con mis amigos y me encontraba un poco mareada, como con sueño. En un momento dado me quedé sola con uno de los chicos y recuerdo que comenzó a tocarme los pechos sin mi consentimiento. Por suerte entró su hermano mayor y pudimos salir de la habitación. Al contárselo a las personas notaba como incredulidad en su mirada, fue un momento que no me gustó nada” esta fue una de las historias que me contó Rosa María.

A las nueve de la noche, hora de la cita, nos encontrábamos en la Plaza de Barcelona (Elche), donde más de un centenar de mujeres habían acudido para invadir, por una noche, las calles y demostrar que, como dice el lema, las calles también son nuestras.

Antes de arrancar esta marcha, un par de chicas iniciaron la actividad leyendo un par de manifiestos para alentar a las demás. Mientras leían se podía observar en todas ellas un brillo diferente en los ojos. “Esta es nuestra noche” escuché a dos chicas de unos 16 años diciendo mientras se preparaban. El ambiente no podía ser más positivo y lleno de esperanza.

Tras leer todos los manifiestos comenzamos a andar, escoltada por un coche policial y varios agentes. Muchos eran los lemas que se iban diciendo en voz muy alta, para que todos nos pudieran escuchar. “No son muertes, son asesinatos”, “Mujer si no luchas, nadie te escucha”, “Queremos empleo, trabajo nos sobra” estas frases son un ejemplo de todas las que se decían aquella noche.

Los balcones estaban abarrotados de personas, al igual que el día de la Cabalgata de Reyes, curiosos de por qué tanto ruido en sus calles. Pude observar que varias fueron las personas que al escuchar los cánticos unían sus voces para darnos más fuerza. En ese momento nos sentíamos invencibles. Era verdad el lema usado, porque pongo la mano en el fuego que en ese momento todas nos sentíamos libres y que la calle, realmente, también era nuestra.

Muchas personas se unían para darnos más fuerza

A las diez y media llegamos a la Plaça de la Mercé, donde el camino parecía llegar a su fin. Pero, antes de terminar una noche tan especial y llena de energía positiva, hicimos un círculo en el que se volvieron a leer los manifiestos del principio y se dejó un tiempo para que quién quisiera salir pudiera hacerlo y contarnos cómo se siente. Cuando decidieron salir algunas chicas, pude ver como todas las demás prestaban gran atención, y no por compromiso sino por interés en sus palabras. Todas éramos familia en ese momento, se podía respirar tranquilidad, libertad y, sobre todo, mucho cariño. La noche terminó con muchos aplausos, algunos ojos vidriosos y promesas de una nueva era. Y, sobre todo, con un “nos vemos en las calles”.

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