La noche más larga de tu vida

Diez y cuarto de la noche. Hace frío en Guardamar. Resulta difícil encontrar la luna entre tanta nube, parece que lloverá. Las calles están casi desérticas. Podría ser el escenario perfecto para una película de terror, tal vez lo sea. Se reunirán en el ayuntamiento a las diez menos cuarto, eso les dijeron. Debían llevar buena indumentaria para correr y una linterna. La noche va a ser larga. Tienen seis horas y media para escapar, para no ser atrapados, para superar cada prueba y no acabar convertidos en uno de ellos.

Ya están reunidos. Hay mucha gente, más de un centenar; se ha corrido la voz. Todos parecen nerviosos, excitados, no es para menos aunque solo se trate de un juego. Desde el extremo de la plaza se escucha una voz: “¡Empezamos en cinco minutos!”. Un chico alto vestido de militar parece estar tomando el control de la situación; va equipado con gafas de visión nocturna, radio y hasta un fusil de Airsoft. Con tono de alarma comienza a narrar una historia, impera el silencio, nadie quiere perder detalle.

“¡Este ya no es un lugar seguro!”, esa es la señal; comienza el juego

Según cuenta, un científico ha estado jugando con patógenos altamente peligrosos, creando por accidente un virus que ya se ha empezado a extender. La enfermedad provoca que el cuerpo entre en un estado de descomposición acelerada. Les roba la humanidad a las personas transformándolas en algo monstruoso y sin identidad, en un ser que se ha quedado entre la vida y la muerte, y cuyo único deseo es devorar a todo el que se le ponga por delante. No sienten dolor ni fatiga por lo que pueden caminar eternamente y mostrar conductas suicidas. Son muy peligrosos y el mínimo contacto con ellos supone el inevitable contagio del virus. Ellos forman parte de las pocas personas que se han librado de la epidemia, pero todavía deben terminar la noche sin contagiarse. No tienen armas para defenderse, tan solo una linterna y el ingenio lograrán que se salven o que acaben transformándose en ese ser del que huyen: un zombi. El soldado vuelve a gritar: “¡Este ya no es un lugar seguro!”, esa es la señal; comienza el juego.

Se han formado grupos de personas y cada uno debe ir a la prueba indicada en los mapas que porta cada equipo. El tablero de juego es todo el territorio que abarca el pueblo de Guardamar. Un pañuelo verde fluorescente les distingue como supervivientes. El objetivo es superar dieciséis pruebas en las que se pondrá en jaque las habilidades y sentido estratégico de cada uno; pero sin duda los más duro va a ser evitar que les cojan, están por todas partes, no va a ser fácil. Les han explicado que pueden toparse con dos tipos de zombi. Los más inofensivos son los que van en horda, son lentos porque llevan mucho tiempo contagiados y sus cuerpos están en un estado de descomposición considerable, aunque su ansia por comer es inagotable. La gran amenaza son los zombis víricos, esos sí que dan miedo;  están poseídos por una histeria desenfrenada porque acaban de ser contagiados y sus cuerpo todavía son ágiles.

Ya es media noche. “¡Corred!”, grita una voz de repente. Una horda de zombis se acerca a ellos, son unos veinte más o menos. Van despacio pero incesantes. Los maquillajes están muy logrados, se han metido muy bien en el papel. Andan arrastrando los pies, con la mirada perdida y emitiendo gemidos desgarradores, -serían dignos de aparecer como extras en The Walking Dead-. Los supervivientes han echado a correr como alma que lleva el diablo. Un grupo de gente les anima desde una terraza “¡Ánimo chavales!”. Son vecinos del pueblo que observan mientras se toman algo en un bar. Volvamos al juego, los supervivientes tienen que escapar y llegar a la primera prueba, esto solo ha sido el comienzo. Parece que han cogido a uno de ellos, menudo susto le han dado. Se lo llevan al check point que se ha establecido en el polideportivo de Guardamar, allí lo disfrazarán como a un auténtico zombi para que sea él quien asuste al próximo superviviente distraído.

Los zombis cuentan con ventaja, la pinada está infestada de ellos

Las dos de la madrugada y ya están jadeando, llevan cuatro horas sin parar de correr. El frío en sus cuerpos ya es solo un recuerdo. La tensión y la adrenalina les inunda la respiración que se entrecorta por miedo a girar la esquina y que haya uno esperando para atraparles. Ya van por la sexta prueba y están metidos de lleno en el juego, lo están viviendo. Ahora toca entrar en la pinada del pueblo, allí está la siguiente prueba. Si la noche ya complicaba las cosas a la luz de las farolas, en este lugar se multiplica el riesgo, no se ve nada. Las linternas son un arma de doble filo pues con ellas pueden ver pero también ser vistos, pasar desapercibidos es crucial para no ser capturados. Tiene que llegar al punto señalado, coger un tubo de neón rojo y salir lo más rápido posible. Los zombis cuentan con ventaja, la pinada está infestada de ellos; agazapados entre los arbustos esperando a oír o ver algo para lanzarse sobre los supervivientes.

Last Day Zombie

Cartel del evento en Guardamar | Foto cedida

Así se vivió el pasado sábado en Guardamar el Zombie Survival; una experiencia inolvidable para disfrutar con amigos. Organizado por Last Zombie Day, una empresa que se dedica a celebrar este tipo de eventos. Los zombis que andan en horda son gente que se presenta voluntaria para participar en la aventura y los víricos son atletas y competidores de Triatlón que también se ofrecen para poner a prueba su velocidad al tiempo que disfrutan de una noche distinta. En cuanto a los militares, pertenecen a un equipo de Airsoft alicantino. Guardamar, Burjassot o Altea, son localidades que ponen a disposición sus calles e incluso algunos de sus edificios públicos para que la aventura sea posible. ¿Para qué ir al cine, pudiendo vivir tú mismo la película?

Entrevista a Enrique Alemany. Competidor de triatlón y zombi voluntario.

Entrevista a David Cormenzana. Superviviente participante en el juego.

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