La pesadilla del becario

Los trabajadores están cada vez más expuestos a despidos que éticamente podrían catalogarse de improcedentes, pero que la ley ampara. ¿Os suena cese de obra y servicio? Los vacíos legales en los contratos fomentan que las grandes empresas y holdings sigan tratando a sus empleados como un número más. Dejan de tener nombre y apellido para convertirse en un porcentaje, un exceso de gasto que hay que eliminar sin mirar que detrás de las cifras hay una persona.

Esto es lo que pasa con los estudiantes que están de prácticas, son muchas las empresas que eligen a los universitarios para que hagan el trabajo sucio y después, cuando se acaba el periodo de prácticas, se olvidan de su trabajo y dedicación.

Las empresas suelen optar por los becarios en prácticas porque son más fáciles de costear y no tienen la obligación de ser contratados en dichas entidades, por lo tanto la figura del becario es como la de una tirita de usar y tirar.

Esta aceptación legal y admisión generalizada se convierte en un incentivo perfecto para mantener los altos porcentajes de contratación temporal que consiguen crear un clima de inseguridad y temor que repercute, como no podía ser de otra manera, en la vida laboral y personal; pues no debemos olvidar que no somos robots. En los tiempos que corren la estabilidad laboral brilla por su ausencia e inevitablemente afecta psicológicamente a nuestro día a día y a la relación con los demás.

El chantaje emocional y la extorsión están a la orden del día. Los directivos de la empresa ejercen presión sobre los empleados y jefes de planta, con la consecuencia de algún recorte de plantilla. Hace poco estuve trabajando en una empresa de trabajo temporal y fui testigo de cómo despedían a una mujer, que se encontraba de baja médica, alegando que la actividad laboral que desempeñaba ya no se realiza. Lo más increíble fue la manera en la incitaban a firmar alegando que para futuros trabajos buscarían a gente “colaboradora y que no dé problemas”. Antes de la reforma de febrero de 2012 de la Ley 3/2012 los empresarios podían generar documentos de despidos  sin especificar el motivo. A partir de este momento es necesario que haya una razón. El caso de un estudiante que acaba su periodo de práctica debería tener una razón por la cual no pueda trabajar en esa empresa, si ha hecho un gran trabajo. Es intolerable que un empleado, el cual ha dedicado su tiempo y esfuerzo, deba marcharse sin recibir motivo alguno, o aún peor recibiendo una mísera escusa.

El poder ejecutivo y legislativo no debería dejar que esto siguiera sucediendo, las leyes deben amparar a los ciudadanos, a la mayoría de ellos. Es este porcentaje el que más sufre los vestigios del poder, el capitalismo y la crisis. El derecho al trabajo es un derecho constitucional que parecen estar empeñados en no dejarnos ejercer, un derecho del que derivan otros como la posibilidad de tener una vivienda digna o el costearle una educación a tus hijos. Si un país no va a favor de su constitución, ¿qué sentido tiene?

Los estudiantes que han ejercido bien su función como empleados, tienen el derecho a ser evaluados y reconocidos por la empresa en la que han colaborado. No deberían de estar penalizados como trabajadores a tiempo parcial pero sin gastos lucrativos.

Ghislaine Du Rivau, Óscar Badía, Jonás Brocal y Manuel Alonso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *