“La praxis sexual no determina las características ni la constitución de una familia”

Jordi Ferrús | Profesor de Antropología Social en la UMH de Elche

Jordi Ferrús, antropólogo y docente, manifiesta que también debe considerarse familia a la unidad doméstica resultante de cualquier emparejamiento permanente no basado en el matrimonio

 

Jordi Ferrús / Patricia Santos

Jordi Ferrús / Patricia Santos

La Antropología Social comenzó a percibir en los años 50 que existían grupos parentales coresidenciales distintos al modelo nuclear de Occidente y tenían hijos. Hermanos que convivían juntos o uniones entre hombres y mujeres de ciertas tribus. Aunque esos matrimonios entre féminas podían ocultar la infertilidad del hombre en una sociedad patriarcal, alega el antropólogo y docente Jordi Ferrús. En la actualidad, la comunidad homosexual ha conquistado los derechos del matrimonio igualitario y su reconocimiento como familia, pese a la oposición de la Iglesia y del poder político.

 

P. Se emplea el prefijo homo para definir un tipo de familia creado por personas del mismo género, homoparental.

R. El prefijo homo establece que aquello que se menciona versa sobre la especie humana, homo sapiens, o sobre una orientación sexual, homosexual. Por lo tanto, la orientación sexual va a determinar lo que se expresa a continuación. El término que mejor define a esta unión familiar, sería monogénerico o unigenérico, es decir, un solo género. El sexo se refiere a lo biológico; el género, a lo cultural.

 

P. ¿Por qué existe tanta confusión entre sexo y género?

R. Una institución médica determina que biológicamente eres un hombre o una mujer, pero culturalmente te han convertido en ello. La sociedad ha construido esa imagen por la cultura en la que vive. Simone de Beauvoir ya lo manifestó en su obra El segundo sexo: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

 

P. ¿Por qué la sociedad occidental sintió la necesidad de replantearse el concepto de familia?

R. Por la aparición de los derechos LGTB.

 

P. Las instituciones solo reconocen la unión matrimonial como familia. 

R. El problema radica en que aquellos grupos domésticos residenciales que no están emparentados por la vía del matrimonio, no son familia. No importa que lleven más de 25 años juntos o que sean una madre y un hijo o dos hermanos. Aquellas familias que se han formado de manera derivada, accidental o normal, no tienen ese derecho.

 

P. El antropólogo Óscar Guash afirma que el matrimonio entre personas del mismo género reproduce los esquemas tradicionales del patriarcado.

R. Se ha adquirido un derecho que era exclusivo de la sociedad heterosexual o  patriarcal. Hay que ir un paso más allá y reconocer cualquier emparejamiento permanente como matrimonio; familia, a la unidad doméstica resultante y descendencia legitima y legal, a los hijos de esas uniones voluntarias no sancionadas por la ley. Por lo tanto, la praxis sexual no determina las características ni la constitución de una familia. Su centro no gira en torno al sexo, puede ser el amor u otra cosa.

 

P. ¿Por qué se produce la homofobia?

R. Para controlar la sociedad. La heterosexualidad es el modelo impuesto desde el poder ideológico y político. Las agresiones y la violencia contra el colectivo homosexual vienen por la frustración y la falta de aceptación de personas a las que se les ha reprimido. La homosexualidad hace tambalear el edificio de la heterosexualidad y del machismo. Que los demás sean libres, es una invitación para que ellos también puedan serlo y la naturaleza humana es débil. La coraza que se habían formado comienza a resquebrajarse.

 

P. ¿De dónde viene el desconocimiento por la propia sexualidad humana? 

R. La praxis sexual es cambiante. A la gente le da miedo experimentar y explorar diferentes posibilidades, más allá de la imposición social de la heterosexualidad. Llevamos 2.000 años con una educación forjada para no descubrirla. En la época de Alejandro Magno, la sociedad era sexualmente libre. El poder del ejército residía en los batallones compuestos por parejas de hombres que habían hecho un juramento hasta la muerte. Quien moría en el campo de batalla, su pareja se suicidaba.

 

P. El Vaticano alega que los hombres y las mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto y delicadeza por la Iglesia.

R. La Iglesia persiguió la homosexualidad por una cuestión de los Evangelios: “Creced y multiplicaos”. No le interesaba tanto la procreación, sino tener adeptos. Bautizos, comuniones, bodas, misas y vuelta a empezar. El Vaticano ha visto que está perdiendo terreno y ha decidido no quedarse atrás. Sigue haciendo lo mismo: caridad, lástima y pena, ante lo que ellos consideran un problema.

 

P. La naturalización es uno de los principales argumentos en contra de la homosexualidad. 

R. Cuando se habla de que algo es natural y lo demás no, se está enfocando desde el prisma de la cultura. Lo natural per se no existe, se construye. Por lo tanto, cambiante. La esencia de una premisa no puede basarse en algo que ha fabricado la sociedad. Todos los argumentos se ubican en una pretendida posición de autoridad que se convierte en autoritaria e impositiva. Solo convence a los convencidos.

 

P. ¿Llegará el día en que la sociedad se base en el respeto hacia la diversidad sexual?

R.  Sí. Cuando a las personas heterosexuales se les obligue a definirse consigo mismos y hacia su entorno, de la misma manera que se les impone a los homosexuales, es decir, cuándo salieron del ‘armario’ heterosexualmente, cómo se dieron cuenta de que les gustaba una persona del género opuesto…

 

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