“La predelincuencia en menores está más relacionada con el estilo educativo de los padres que con las situaciones precarias”

Juana Sánchez en el exterior del Centro Cívico de Santa Pola / Marina Sánchez

JUANA SÁNCHEZasistente social en el Ayuntamiento de Santa Pola

Niños problemáticos con comportamientos inadecuados y cuyos padres se ven incapaces de ponerles fin; les espera un futuro incierto, e incluso oscuro se podría decir, pero ¿qué pasaría si su situación cambiara? ¿Si pudieran dejar de ser reconocidos por sus “gamberradas”? Juana Sánchez, asistente social del Ayuntamiento de Santa Pola, define “predelincuencia” como “conductas tipificadas como delito en el código penal realizadas por menores de 14 años”. Se adentra de este modo en un problema que siempre ha estado presente en nuestra sociedad, pero que parece haberse acentuado en los últimos años. Motivos comunes en menores con problemas de conducta, como la desestabilidad familiar o los trastornos de salud mental, se unen a los efectos de la crisis: la necesidad económica, dando lugar con ello al nacimiento de conductas predelictivas.

Los casos de predelincuencia en menores han aumentado notablemente. La novedad, que da motivos de preocupación a los asistentes sociales, es que son cada vez más los casos que aparecen en familias normalizadas con recursos económicos adecuados, con padres trabajadores y con menores que no aparentan tener trastornos de conducta. Esto significa que se incrementa, día a día, el número de familias perjudicadas e inundadas por esta situación, en la que tanto el control como la educación de un niño se les va de las manos, casos en los que el problema “no se ve venir”.

¿Y esto quién lo resuelve? En el municipio de Santa Pola, es el área de Familia y Menores de los Servicios Sociales la encargada de tratar a los niños con problemas de comportamiento, pero no lo hacen solos, este mundo es más complejo de lo que parece. “Nosotros somos una parte del engranaje del sistema de recursos, las otras partes las forman Sanidad, Educación y, sobre todo, Justicia”, cuenta la asistente social Sánchez. Cada una de estas secciones tiene un papel clave en la rehabilitación del niño, y los Servicios Sociales son los encargados de preservar que el menor esté en una situación de protección junto con el resto de recursos, es decir, los centros escolares, los fiscales y jueces y los centros de menores y salud mental.

El proceso que siguen los Servicios Sociales para resolver estos conflictos en menores consiste en realizar un estudio global de toda la familia. Se encargan de analizar la composición familiar; cuáles son las relaciones entre los miembros, la situación del menor y su historia de vida. Y en base a ello, Juana Sánchez explica que, se extraen los indicadores que se refieren a los problemas que tiene el niño a nivel escolar, familiar y de comportamiento. Una vez obtenidos los datos de la familia comienza el tratamiento; “se empieza por el problema que parece más fácil de resolver, para que la familia vea progresos y se motive”.

Estos menores preadolescentes no son “monstruos”, muchos de ellos no tienen la culpa, se trata de niños de entre 12 y 14 años que simplemente se han visto afectados e influenciados por un conjunto de factores inadecuados, y eso les ha llevado a desarrollar ciertos comportamientos delictivos. Sorprendentemente (o no), los principales responsables de haber llegado a tales situaciones son los propios padres; la educación y la actitud que las figuras paternas han tomado a la hora de enseñar a sus hijos a comportarse. “Actualmente la presencia de estas conductas tiene una mayor relación con el estilo educativo de los padres, y el nuevo sistema de familia, que con las situaciones precarias. La nueva forma que la mayoría de los padres de la generación actual tiene de entender la paternidad y la maternidad está generando que esos roles y esa jerarquía esté malentendida, y se formen esos comportamientos en los chavales”, explica con cierta preocupación Juana Sánchez.

Parece sencillo saber cómo se comporta una familia y cuál es el rol de cada miembro, sin embargo los conceptos y la percepción de las figuras paternas están viéndose afectados por la nueva generación denominada “los hiperpadres”. Al preguntar sobre dicha generación, la asistente social explica que esta nueva educación se basa en la sobreprotección de los niños y el hecho de cubrir necesidades que ni siquiera el propio menor ha expresado. Esta actitud hace que el niño crea que sus padres tienen la obligación de darle todo a cambio de nada y que él no tiene ningún tipo de responsabilidad. El problema es que el menor entiende que es él el que manda, que tiene el “poder” y el resto debe cumplir sus deseos. El pensamiento de “tengo derechos pero no obligaciones” aprendido en su familia, entendida como microsociedad, lo aplica también a la hora de tratar con la sociedad “real”.

A la hora de saber “detectar” que un menor con problemas de conducta relativamente pequeños, pase a ser predelincuente en un futuro no muy lejano, Sánchez responde contundente que la principal “alarma” se dispara cuando los niños hacen lo que quieren y utilizan todas las armas posibles para conseguirlo. Cuenta además que “incluso hay niños que se autolesionan cuando no consiguen lo que quieren, el grado de inadaptación cada vez va subiendo y muchos padres se desbordan por la situación”. Sin embargo, hay que hacer entender a estos padres que con esas actitudes el niño trata de “probarlos” y ver qué tiene que hacer para conseguir lo que quiere.

Ante este tipo de conductas son los padres los que deben cortar y evitar esos comportamientos, es muy importante que los límites los establezcan las figuras paternas y maternas, no el niño.

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