La Pulquería arde en Albacete

El doce de noviembre la Valencia más mexicana rodó hasta Albacete. La sala Clandestino colgó el cartel de “sold out” y midió la temperatura con un termómetro que subía conforme se acercaba el espectáculo. Eso de que La Pulquería había dejado a un lado su música es ya cosa del pasado. La banda que se autodefine como hard-mariachi-tropi-punk-playero-latino-balcánico-vasilón ha regresado a escena y lo hace con más fuerza que nunca, ya que se encuentra de gira por España para presentar su nuevo álbum: Lobo de bar.

La Pulquería Albacete

La Pulquería durante su concierto en la sala Clandestino de Albacete / Á. Martínez

A las 21:00 la sala Clandestino abrió sus puertas para el público de La Pulquería. Poco a poco la habitación se iba inundando de viejos y nuevos seguidores de los valencianos. Música de fondo y el grifo sin parar de llenar vasos de cerveza. Unos cuartos de hora después, ya con todos los espectadores en su sitio y con ganas de pasarlo bien, las luces se apagaron y comenzó a sonar en off uno de los temas embriones de la banda, “El día de los muertos”. No había razones para que nadie entonara a unísono esa canción.

Las primeras canciones del concierto permitieron dar un paseo por la historia discográfica de La Pulquería

Con la temperatura in crescendo y el ánimo por las nubes, La Pulquería dio el salto al escenario. La primera canción que sonó fue el single del nuevo disco, “Borrascas & Anticiclones”. Sobre el escenario las primeras gotas de sudor se hacían notar y debajo de él, el público estaba ya dentro de una olla hirviendo. Entre los espectadores se encontraba Alicia Siquier, seguidora del grupo, quien confesó que estaba deseando escuchar el nuevo tema de la banda en directo. La albaceteña manifestó que le había parecido una gran elección para dar comienzo al espectáculo.

Las siguientes tres canciones que dieron inicio al concierto permitieron dar un paseo por la historia de La Pulquería. La banda hizo un recorrido por sus diferentes álbumes, desde el más cercano en el tiempo hasta el más lejano. Después de dar un anticipo de Lobo de bar (2016), atrasaron el reloj seis años hasta llegar a Fast Cuisine (2010) con “¿Dónde están?”. Se trata de un disco muy especial, ya que está marcado por la ruptura con su compañía discográfica, Sony Music, y el comienzo de una nueva forma de trabajo: la auto-producción. Según Jordi Carreras, guitarrista de La Pulquería, esta ruptura estuvo afectada por “el inicio de una gran crisis en el mundo musical a nivel empresarial, por la que las compañías dejaron de arriesgar con ideas y conceptos nuevos”. El músico está convencido de que su grupo “no comparte esos cánones que buscan”.

A base de “Machetazos en el corazón” recordaron a C’mon Fandango (2007). Los albaceteños entonaron más cargados de razón que nunca eso de “qué lindo fue volver a oír tu voz” y lo mejor es que esta vez no era para decir adiós. Fue en 2009 cuando La Pulquería pisó por última vez un escenario de Albacete. Desde entonces lo más cerca que había estado de este público fue en el festival Viña Rock (Villarrobledo, Albacete).

Cuando llegó el turno de rendir homenaje a Corridos de amor (2004) el público ya estaba eufórico.  No quedó ni una persona en la sala que no se desgañitara creyéndose el alter ego de Gerard Sanz. Sobre todo porque la melodía escogida para la ocasión fue “Morirse de pena”, que es una de las canciones más reconocidas del grupo y una de las que les dio el empujón hacia los escenarios.

Continuó el espectáculo y si alguien pensaba que la temperatura no podía aumentar más estaba equivocado: el sudor corría ya por todos los cuerpos. Inundaron la sala con “El día de los muertos” y parecía que el escenario ardiera. Cada vez daba la sensación de que la sala era más pequeña. Los músicos brindaban con el público. La gente saltaba sin control. Albacete estaba asistiendo a una auténtica fiesta y el anfitrión tenía acento mexicano.

Después del subidón, tocaba comprobar si el público pulquero había hecho los deberes, por lo que entonaron un tema del nuevo álbum: El viaje de los perdidos. Es, sin duda, una de los más especiales, ya que narra la historia contemporánea de la humanidad. “Es una canción del camino, un canto al frío vacío y un lamento en forma de grito”, han comentado los músicos en alguna ocasión. Enseguida vibró la sala con otra nueva canción: 10 años de Ron-Cola, que también tiene un trasfondo peculiar, pues se escribió para el décimo aniversario de La Pulquería y habla de ellos mismos.

De repente, tal y como declaró el grupo en su página oficial de Facebook, “la energía generada por los sudorosos cuerpos generó un vaho ambiental que hizo saltar los (…) «plomos»”. Jordi Carreras aseguró que lo primero que se le pasó por la cabeza es si podrían solucionarlo y si terminarían el concierto. Si bien, esa noche se produjo algo inusual, y es que el público se arrancó a cantar “Plata o plomo” y lo músicos no pudieron más que acompañarles con los instrumentos que no necesitaban electricidad y con sus propias voces. “Fue un momento mágico que nos gustaría repetir”, expresó el artista.

Esta anécdota se convirtió en una metáfora perfecta con la trayectoria del grupo. Hace cuatro años, la banda valenciana anunció que se retiraba. “Después de diez años sin parar decidimos hacer un descanso para volver a cargarnos de ideas”, reveló Jordi Carreras. El regreso de La Pulquería, dos años después, fue muy esperado. Según el guitarrista sucedió de forma natural, exactamente lo mismo que ocurrió con esa versión albaceteña inesperada de “Plata o plomo”.

Jordi Carreras: “Que el concierto se realizase en una sala pequeña hizo que la cercanía con el público fuera mucho mayor”

El espectáculo continuó con más energía aún y el subidón perduró hasta la última de las canciones. Repartieron tequila entre las personas que se amontonaban en primera fila y también algún que otro botellín de agua a los más acalorados. Sonaron temas como “No te despidas de México” o “El brazo”, tema que Jordi Carreras define como aquel “con el que la gente siempre se vuelve loca”. Entre tanto los mismos músicos se entregaron –y lanzaron- a los brazos del público.

Por todo ello, que el concierto se realizase en una sala pequeña solo tuvo consecuencias buenas esa noche. El guitarrista de La Pulquería explicó que gracias a ello “la cercanía con el público fue mayor e hizo que todo pareciera más real” y concluyó confesando que “fue un concierto de esos que no se olvidan”.

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