La revolución del aprendizaje

Las familias de la escuela pública organizan una huelga nacional con el fin de eliminar por completo los deberes fuera de horario lectivo

Alumno de sexto de primaria haciendo las tareas escolares

Alumno de sexto de Primaria cansado de hacer deberes / I. Moreno

El malvado rey de los deberes ha esclavizado a las familias con hijos quitándoles su tesoro más preciado: la libertad. Cansados del sometimiento, se alzan a la revolución mediante una huelga nacional que se iniciará en el mes de noviembre con el objeto de acabar con las tareas por completo. La Federación de Asociaciones de Padres y Alumnos de Elche proclama que participará en la huelga convocada bajo el lema “En la escuela falta una asignatura: mi tiempo libre”. Este es su primer paso para cambiar el sistema educativo español.

La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) defiende que los deberes perjudican las relaciones familiares, originan contiendas y fuerzan a los padres a convertirse en los profesores de apoyo de sus hijos. Además, en los cursos superiores de primaria no todos los padres tienen el nivel educativo necesario para dar respuesta a las demandas del crío y las tareas se convierten en un elemento de desigualdad entre las familias con menos recursos socioculturales.

El psicólogo Nicolás Sánchez explica que si un niño tiene una tarea y es capaz de hacerla en una hora, el niño con problemas de atención necesita el triple de tiempo para acabarla. Entonces, el pequeño lo toma como un castigo y se frustra. Esta situación ocasiona el bloqueo del desarrollo de sus habilidades.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta en su último informe de los altos índices de presión que los niños sufren debido a los deberes. Este estudio deja a España en el noveno lugar con más estrés entre los 42 países europeos y norteamericanos que ha estudiado el organismo. La OMS advierte de que esta situación causa que los niños sufran episodios de dolor de cabeza, dolor abdominal, dolor de espalda y mareos junto a otros síntomas psicológicos como sentirse triste, tenso o nervioso.

Mª Llanos Felipe, maestra de Primaria, revela que desde el primer curso algunos alumnos y padres se obsesionan con las calificaciones cuando en primaria las notas no sirven para nada. En Bachiller sí tienen una función -afirma- porque es un modo de hacer una media para acceder a la universidad, pero en primaria no hace falta una nota de corte.

“Mientras el currículo siga así es necesario mandar deberes porque no da tiempo a dar todo el temario. En una clase de 45 minutos haces ejercicios y los corriges, explicas algo y no da tiempo a más. Si hicieran el currículo más ligero o de otra manera sí que se podrían quitar los deberes“, aclara Llanos.

La orientadora del centro escolar Victoria Kent de Elche, Carmen Soler, se suma a esta opinión: “Actualmente las clases están muy masificadas y no se puede atender a la gran diversidad de necesidades del alumnado. Si las clases fueran de 10 alumnos no tendría que haber deberes, pero tal como están las cosas los niños tienen que afianzar los conocimientos por su cuenta”.

La función de la familia es primordial en la educación. Soler recalca que los padres pueden apoyar a sus hijos con el refuerzo positivo, aclarando los conceptos o recordándoles que pregunten en clase las dudas. Sobretodo estando con ellos. El problema  es que por motivos de trabajo o por situaciones familiares hay muchos niños que por las tardes están solos y muchos otros que acaban en una academia. Llanos Felipe puntualiza que por mucho que el profesor se esfuerce por enseñarles, si en su casa no reciben unos principios básicos no sirve de nada.

“Si a los padres les da igual que los hijos lleguen tarde a clase, los hijos crearán el hábito de ser impuntuales. El gran problema es la educación que le dan o que no le dan al niño en su casa”, detalla Carmen Soler.

Del hábito a la responsabilidad

Los deberes ayudan al alumno a ser más responsable de cara a una formación profesional. “Si a un niño le da igual no llevar los deberes hechos, se va formando su carácter de tal manera que va a ser irresponsable sea cual sea la profesión que quiera ejercer. Lo que hace el hábito de estudio es que sea más competente en cualquier tipo de trabajo”, dice Soler.

La orientadora comenta que los niños que desde pequeños tienen la costumbre de leer aunque sea 5 minutos antes de acostarse, de llevar las tareas al día y de no hacer los trabajos a última hora tienen más éxito. Y añade que cuando antes se empiece a adquirir un hábito mucho mejor.

“A los de primero les mando que lean 10 minutos en su casa. No hace falta más. Pero en sexto, tienen que adquirir unos hábitos de estudio que les permitan adaptarse al instituto y trabajar solos. El problema es que hay veces que se ayuda tanto a los niños que no se les enseña a ser autónomos”, apunta Llanos Felipe.

Para saber cuánto tiempo deben dedicar al estudio los niños, hay que aplicar la regla de los 10 minutos de Harris Cooper (profesor de Psicología y Neurociencia en la universidad de Duke especializado en el ámbito del aprendizaje). Este sistema parte de que los niños de primero de primaria deben dedicar 10 minutos diarios a realizar ejercicios adaptados a sus necesidades. A partir de aquí, el tiempo para el desarrollo de los deberes se debe incrementar 10 minutos por curso hasta llegar a los 60 minutos en los niños de sexto.

La alternativa: Neuroeducación

Es fácil recordar el mágico momento de tu primer beso, la adrenalina que sentiste tras marcar tu primer gol o el placer de comer tu helado favorito, pero es más complicado recordar lo que te enseñó un maestro hace 10 años o qué comiste hace una semana.

La Neuroeducación es la ciencia que une los estímulos cerebrales con la enseñanza para conseguir los mejores resultados. El especialista en neurociencia, Francisco Mora, afirma que solo se puede aprender aquello que se ama y que la emoción es el ingrediente fundamental del aprendizaje tanto para quien enseña como para quien aprende.

“Por cuantos más sentidos aprendan los niños mejor. Es bueno que aprendan con el oído o el tacto, ya sea con una canción, con un juego o con materiales manipulativos para que desarrollen la imaginación. Los críos de hoy en día no imaginan nada, todo se lo dan hecho. Yo soy partidaria de todo lo visual ya que fomenta la creatividad”, expresa la profesora.

Las emociones positivas facilitan la memoria y el aprendizaje, mientras que las emociones negativas como el estrés bloquean el paso de información por el sistema nervioso

La sorpresa es otro factor que activa el cerebro, ya que es un órgano al que le gusta procesar patrones. Sin embargo, todo aquello que no forma parte de esos patrones se guarda de manera más profunda en el cerebro. De ahí que usar en la clase elementos que rompan con la monotonía fomenta el aprendizaje.

“Las rutinas ayudan mucho a los niños, que ellos sepan lo que tienen que hacer. Pero también les gusta que les sorprendas. Un día me los llevé al recreo para dar la clase de matemáticas e hicimos juegos dinámicos para enseñarles los números pares e impares. Otro día fuimos a dar la clase de sociales al parque del pueblo”, relata la educadora.

Niño leyendo un cuento

La lectura fomenta la creatividad de los niños/ I. Moreno

El psicólogo Nicolás Sánchez propone como alternativa a los deberes fomentar el amor hacia la lectura. Esta actividad ejercita el cerebro del pequeño, mejora la concentración, amplía su comprensión del mundo y aumenta sus habilidades lingüísticas

“El problema es que los niños en primero piensan que saben leer porque dicen: to-ma-te. Y eso no es saber leer, eso es juntar letras, porque cuando lo han terminado de leer ya no saben qué expresa el texto”, detalla la docente.

Otro problema que ocurre en la escuela -dice Llanos Felipe- es que muchas veces se empieza a forzar a leer al crío antes de tiempo, antes de que su cerebro esté maduro para ello. Entonces les cuesta mucho trabajo porque leer no es algo natural. Esto les crea estrés y una sensación de “no puedo hacerlo” cuando ellos sí son capaces.

“Si uno no sabe leer, por defecto no sabe matemáticas, ni sabe sociales, ni sabe de nada. Por eso, ahora se está trabajando la lectura comprensiva en los colegios de Primaria”, explica la profesora.

La maestra manifiesta que a muchos niños no les gusta leer porque no imaginan ni comprenden lo que están leyendo e insiste en la importancia de enseñar estimulando todos los sentidos para que su cerebro capte los conocimientos de manera más sencilla.

En clase de Llanos los alumnos no solo leen cuentos, sino que leen anuncios y panfletos de la localidad para que entiendan que leer es útil para todo y que ayuda a saber cosas que van a ocurrir o que están pasando.

Al enseñar, hay que enfocarse en los niños y no en las lecciones. Ojos iluminados, resplandecientes sonrisas, color, música y pasión. Educar a los niños es más que sólo impartir información. Es ayudar a los pequeños a que graben las enseñanzas en su corazón.

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