La Universidad y el sexismo

La jerarquía empresarial de nuestro país es machista: solo dos mujeres presiden alguna de las mayores empresas del país, en el IBEX-35. También la jerarquía de los principales medios de comunicación: otras dos mujeres de un total de veintiséis. Y por supuesto, la jerarquía familiar: por cada dos horas dedicadas al hogar por los hombres, las mujeres entregan cuatro, según el INE. En una sociedad machista, donde el trabajo realizado por las mujeres no consigue igualar la retribución del masculino en las mismas funciones, la crisis de valores es causa y consecuencia directa. La educación, un sector que también pelea por colocar a mujeres en los órganos directivos de los centros escolares, debe ser la base para la formación de futuros ciudadanos conscientes de la igualdad. Y por supuesto, saltando la ambigüedad y el desgaste conceptual, la lucha feminista.

Ningún partido político introdujo la palabra ‘feminismo’ en su programa electoral para las elecciones europeas. En las pasadas elecciones generales, los partidos dedicaron apartados exclusivos a la causa, de nuevo augurando protección, endurecimiento de leyes (o paridad mediante la suspensión del agravante, según Ciudadanos). Una vez más, se habla del feminismo desde la visión débil de una mujer que debe estar alerta y saber protegerse. Y si no, el Estado tiene recursos. Una vez más, se falta al tronco central del asunto: el patriarcado y los valores de una sociedad dominada por el hombre.

La esencia del feminismo es combativa, y no hay mayor lucha que la del lenguaje. Se ha extendido entre las universidades la creación de un dossier contra el sexismo, para que toda publicación producida desde la institución no caiga en el ‘machismo léxico’. Por ejemplo, la Universidad de Murcia recomienda no caer en paridades que lleven a la caricatura la búsqueda de los términos en igualdad, por ejemplo: al no haber un sustantivo femenino para  ‘estudiantes’, se aconseja utilizar el impersonal. En lugar de ‘los estudiantes deben recoger el informe’, se proclama su reemplazo por ‘se debe recoger el informe’. Existen dobles formas asimiladas, como ‘madres y padres’ o ‘alumnas y alumnos’. También se ofrece la posibilidad de conjugar los sujetos según el último artículo: ‘los y las trabajadoras’ o ‘las y los usuarios’.

Por suerte, el ámbito académico avanza en el terreno de la paridad. Puedes salir de la Universidad siendo ‘diplomada’ o ‘diplomado’, ‘científico’ o ‘científica’, tener una buena relación con el ‘conserje’ o ‘conserja’ o incluso, haber recurrido al ‘decano’ o a la ‘decana’. Los ‘docentes’ siguen sin encontrar el término plural más allá del ‘profesor’ o ‘profesora’, aunque sea ‘asociado’ o asociada’.

La barbaridad que encuentra la mujer en el mundo laboral puede ser erradicada desde una educación paritaria. Los jóvenes deben aprender valores en primaria y secundaria, pero la Universidad debería funcionar como la última pieza de una formación igualitaria. Así, las mujeres podrán ganar los mismos sueldos que los hombres, obtener la misma independencia económica que los hombres, y podrán aspirar a puestos tan altos como los de los hombres.

Por ahora, la mujer tiene prohibido entrar en ámbitos que merece, al menos tanto como otra persona de distinto sexo pese a autoproclamarnos defensores de los derechos y libertades y desdignificar mediáticamente culturas como el islam en este ámbito.

Entre 50 y 80 mujeres mueren cada año por la violencia machista. Cada una con su nombre y apellidos, sus sueños frustrados y las lágrimas de su familia y amigos. Su agresor y asesino es un maltratador, pero el culpable de fondo es un sistema patriarcal donde el hombre manda y merece más que la mujer por su simple condición. Ante esto, la mujer se ve indefensa y capaz de buscar ayuda. Nuestra sociedad cree en la posesión, siempre del hombre dirigida hacia la mujer. “Eres mía, mía, mía, mía. No te hagas la loca eso muy bien ya lo sabías” canta Romeo Santos en una de sus bachatas más conocidas. Ya me dirán, desde la abolición de la esclavitud, desde cuándo alguien nos puede poseer. Es solo un ejemplo, encontrarán otros tantos en las novelas de un tal Grey, o en programas donde buscar novio significa pasar por una pasarela como si de una lonja de pescado se tratara.

Millones de jóvenes y adolescentes piensan que el amor es otra forma de posesión y desgraciadamente, muchas chicas que no se sienten queridas si sus novios no actúan de forma posesiva con ellas, controlando sus movimientos, su teléfono y su forma de vestir, pensando que eso que llamamos hoy en día machismo se llama amor.

Aplaudo a todas aquellas mujeres que se niegan, que no quieren formar parte de un sistema que las reduce y ridiculiza a ser el complemento sexual del hombre poderoso. Simone de Beauvoir anduvo inspirada, y afirmó: “El día que la mujer pueda amar con su fuerza y no con su debilidad, no para huir de sí misma sino para encontrarse, no para renunciar sino para afirmarse… Entonces el amor será una fuente de vida y no un mortal peligro”.

Realizado por Fran López y Begoña Lledó.

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