Las familias también sufren los trastornos alimenticios

La anorexia y la bulimia son una enfermedad de nuestra sociedad, su cura es a base de paciencia y ayuda profesional y en ocasiones, no se tienen ninguna de las dos cosas
Según Marina Ponzó Papí, psicóloga de la Asociación de Anorexia y Bulimia de Elche (ADABE), desde 2008, la tasa de personas que padecen alguno de estos tipos de trastornos alimenticios ha aumentado en comparación con los años anteriores. Cada vez son más las personas que sufren alguna de estas enfermedades y la edad con la que empiezan a padecerla ha disminuido a los 11-12 años. El sexo dominante sigue siendo chicas, pero cada vez, se incrementa un poco más la tasa de chicos que sufren este desorden alimenticio. Cada vez hay más enfermos y a día de hoy los padres siguen sin saber qué hacer.

Marina Ponzó Papí psicóloga de la asociación ADABE

Marina Ponzó Papí psicóloga de la asociación ADABE

Manuela J. sufrió anorexia y bulimia durante su adolescencia, y a pesar de que lleva cinco años recuperada de estos trastornos, la incertidumbre y mal estar que había en su casa no se le olvida. “Come por favor” confiesa que le suplicaba su padre sentado al lado de ella, con un plato de comida delante.
A diferencia de otro tipo de enfermedades, esta no es producida por algún problema de nuestro organismo. Esto, obliga a las personas de alrededor a buscar culpables. En la cabeza de los padres siempre aparece el mismo culpable… ellos mismos. Un sentimiento de culpabilidad invade sus vidas causando que la enfermedad de su hijo o hija sea la protagonista de toda su vida.
La enfermedad se convierte en lo más importante y esto causa en el entorno familiar desesperación, incomodidad y conflictos familiares. Situaciones, que, de manera inconsciente, perjudica la recuperación del paciente, que tiende a sentirse responsable y con ello a no buscar una correcta solución para su problema.
Para evitar todos estos problemas, lo más recomendable es que todos los afectados, el paciente y su entorno cercano, se pongan en manos de responsables autorizados (psicólogos, nutricionistas) para evitar que el problema se agrande y las consecuencias puedan llegar a ser más difíciles de solucionar.

Según un documento facilitado por la Cruz Roja, en España existen un total de 32 asociaciones especializadas en ayudar tanto a las personas que padecen este tipo de trastornos como a sus familiares. En Elche se encuentra la asociación ADABE. En ella psicólogas, nutricionistas y trabajadoras sociales, ayudan a todas las personas afectadas. El principal objetivo de todas estas asociaciones es el mismo, que el paciente vuelva a su normalidad. Pero para lograr este objetivo se necesitan muchos procedimientos. El más importante de todos viene de la mano de las familias: conseguir no sentirse culpable.
El motivo por el que una persona se ha sentido obligado a no comer o expulsar todo lo que come, puede ser por diversos motivos. Desde una presión deportiva, una baja autoestima, un trastorno de personalidad etc. Pero nunca, nunca, es porque un padre haya realizado de manera equivocada su educación. Aceptado esto y que se necesita ayuda para salir de esta mala situación, se habrá logrado conseguir lo más complicado.
Evitar que se sientan acusados, no buscar conflicto ni pelea.
El segundo paso es conseguir que el paciente hable. En la gran mayoría de los casos, los padres no saben por sus hijos lo que está sucediendo, conocen esta situación porque hay razones externas que les hace sospechar lo que está ocurriendo: Ven que dejan de comer y comienzan a vestir con ropas más anchas, les han escuchado vomitar o encontrado comida escondida. Es el momento de afrontar la situación, siempre actuando de la misma manera, con paciencia. Evitar que se sientan acusados, no buscar conflicto ni pelea. Intentar con una voz tranquila y apacible trasmitirles la idea de: si necesitan hablar, ellos están dispuestos a escuchar. Marina Ponzo recomienda realizar preguntas del tipo: “¿Todo va bien?” “¿Hay algo que te preocupe o de lo que quieras hablar?”. Este es el momento de ponerse en manos de expertos. Lo más conveniente sería acudir al médico de cabecera y este se encargará de derivarla a los lugares y personas que sean precisos según su circunstancia. Lo mismo sucedería con un seguro privado, es el de cabecera el que decide si se debe ingresar. Estas personas saben que necesitan ayuda, pero tienen miedo. Por lo que hay que hacerles ver que no van a tener ningún problema y que todo irá bien.

A pesar de ser difícil y doloroso, hay que mantenerse al margen

Si alguna vez se encuentra al paciente vomitando, no hay que aporrear la puerta ni montar una situación de escándalo con el objetivo de que salga. A pesar de ser difícil y doloroso, hay que mantenerse al margen, dejar que salga cuando haya terminado y entonces volver a transmitirle la idea de que, si necesita hablar, puede hacerlo sin problema. Dejar que pase un rato desde su salida del baño y a continuación, acercarse. Se aconseja llevar la cuenta de las veces que va al baño y si vomita o no, para poder mostrarlo en la consulta del profesional.
La hora de sentarse a comer, no puede ser para ellos un conflicto bélico. Tampoco para los familiares. Por lo que hay que seguir unas pautas: La norma principal es que se coma o cene en familia mientras se mantiene una conversación, siempre ajena a la enfermedad. Es importante que esta persona no se sienta vigilada de si come o no. Hay que intentar que sea una situación normal como sería en todas las casas. Otra norma importante es que el enfermo no entre en la cocina para otra cosa que no sea, sentarse a comer con todos. No debe intervenir en el proceso de elaboración, ni decide las cantidades y tampoco realiza la compra. Se tiene en cuenta alguna de sus peticiones. Pero no por el hecho de que así coma, se prepara solo lo que pide. En caso de la bulimia hay que controlarle que coma las cinco comidas al día, evitando de esta manera, que, en un momento de ansiedad, no tenga hambre y no pueda darse un atracón. Hay que evitar comprar comidas atractivas, con el objetivo de que no caigan en la tentación de darse el atracón. Ellos ya se encargarán de conseguir la comida, pero no hay que ponérselo fácil.
Las cantidades deben ser las de cualquier persona sin enfermedad, la dieta equilibrada, evitando los hervidos. Las pautas nutricionales son que se coma de todo, desde fritos, a hidratos y plancha. Respetando también los gustos anteriores a la enfermedad.
Si la persona no quiere comer no se puede recurrir a chantajes, a castigos, ni amenazas. Con paciencia hay que hacerle comprender que tiene que comer, que es lo mejor para su salud. Todas las personas relacionadas con el momento de la comida, bien familia, niñeros, etc. Deben conocer la enfermedad y con ello conocer sus normas y pautas. Evitando de esta manera las manipulaciones por parte del enfermo o los comentarios inadecuados por parte del cuidador.
En ocasiones se busca que las personas cercanas no conozcan lo que está pasando, el problema que se está sufriendo. Esto hay que evitarlo. El colegio debe conocer lo que sucede, para que así puedan estar atentos a su comportamiento. Los familiares deben saber lo que pasa, para evitar opinar sobre su aspecto. Y el círculo de amigos, sobre todo en el caso de los adolescentes, es primordial que lo sepan y puedan así evitar que estas personas se aíslen. Los planes a realizar, las conversaciones o incluso los comentarios, sean los correctos según su estado. En el caso de adolescentes, es en ellos en los que se suelen apoyar y con los que se sinceran, y esto provoca en ocasiones, que el amigo no sepa afrontar la conversación y ayudarle con lo que necesita. Por lo que es aconsejable que las personas que puedan ser confidentes del paciente, también pasen por manos de psicólogos que sepan darles una serie de pautas a seguir.
Todos los padres de un hijo con trastornos alimenticios, tienen que recurrir a un profesional. Evitar buscar la ayuda en Internet para no caer en los consejos erróneos que incluso pueden llegar a afectar al paciente. No se tienen que abandonar como personas, tienen que seguir con su vida, trabajar, pasear, salir con amigos. Evitar que las conversaciones de pareja sean siempre relacionadas con la enfermedad, evitando de esta manera conflictos. Los padres, bien juntos o divorciados, tienen que estar en esta situación unidos para afrontar lo sucedido y ser el doble de fuertes a la hora de ayudar al paciente. Al igual que en el caso de tener más hijos, no se puede descuidar sus vidas por centrarse en la enfermedad. No se puede callar lo que uno siente: su desesperación, su tristeza, sus agonías… tienen que ser transmitidas, bien a la pareja, a amigos o incluso a padres que sufren la misma situación.

Página web de la asociación en contra de la anorexia y la bulimia de Elche

Página web de la asociación en contra de la anorexia y la bulimia de Elche

Desde la asociación ADABE, el primer lunes del mes, se reúnen todos los familiares asociados y realizan unos talleres donde se intenta que entre ellos se desahoguen, se ayuden e incluso se cuenten experiencias. También se les intenta enseñar cómo afrontar situaciones que pueden ser sufridas por su situaciones o talleres donde se les explica que es lo que están padeciendo sus hijos. Qué diferencias hay con otras enfermedades o como podría evitarse en la sociedad.
La anorexia y la bulimia no son otra cosa que dos enfermedades más asentadas en nuestra sociedad. Su cura no es a base de productos químicos, es a base de mucha paciencia y mucho amor. Tiempo e información y sobre todo ayuda adecuada. En ocasiones, esa cura puede incluso no llegar, pero entonces el objetivo pasara a ser, convivir con ella.

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