Las reválidas, el rompecabezas de la educación

Más de diez Comunidades Autónomas han decidido no realizar las polémicas pruebas

Cansados de gritar y de que nadie les escuche. Así están los alumnos de secundaria. Han pasado dos meses desde que empezó el curso y aún no tienen ninguna información sobre las reválidas que van a decidir su futuro. Estas pruebas están programadas para llevarse a cabo en el presente curso 2016/2017, pero la Conselleria aún no ha desarrollado las pautas a seguir de estos exámenes. En el caso de Bachiller las reválidas será la sustituta de la no tan vieja Selectividad. Mientras que antes eran siete exámenes en tres días ahora, las pruebas aumenta a nueve con una duración de cinco días. Además, en el caso de la Comunidad Valenciana el valenciano no se considera como asignatura troncal.

Esta es la situación con la que lidia María Mas estudiante de segundo de Bachiller en el IES Serra de Mariola de Muro y portavoz de los alumnos del centro. Desde el año pasado Maria Mas y su centro intentan movilizar al máximo a los afectado por estos cambios en educación. “Con las manifestaciones pretendemos parar las reválidas en cuarto de ESO y segundo de Bachiller y cambiar la forma de examinar en segundo de la ESO”, explica Maria Mas. Estas pruebas no se han realizado nunca antes, así que los alumnos que se juegan entrar a la universidad no saben a que se enfrentan. “Voy a clase sin ningún objetivo claro, quiero ir a la universidad, pero vivo con inseguridad, no sé a qué me enfrento”, comenta la estudiante. Los institutos de momento están realizando los exámenes estilo Selectivo, pero sin la certeza de que el nuevo modelo siga esa forma de evaluar. “Los exámenes parciales que estoy realizando son ejemplos del Selectivo, pero ¿Quién me garantiza a mí que este sea el diseño final?”, pregunta la portavoz estudiantil.

Manifestación en Valencia contra las reválidas/ Maria Mas

Manifestación en Valencia contra las reválidas/ Maria Mas

Los alumnos de cuarto de la ESO son los más afectados

La preocupación real de los docentes envuelve a los alumnos de cuarto de la ESO. Durante el año los estudiantes del último curso de secundaria se exponen a exámenes que decidirán si superan o no los conocimientos básicos. Los alumnos que aprueben estas pruebas tendrán que realizar un examen final para optar al graduado escolar. “Nuestra incertidumbre surge cuando uno de los alumnos suspenda las reválidas”, declara Jorge Cano profesor de Secundaria y Bachiller en el Colegio La Salle de Alcoy. En estos momentos no se han publicado las pautas necesarias para explicarle a los estudiantes que no pasen estas pruebas que deben hacer: repetir un curso que han aprobado, presentarse por libre o abandonar sus estudios, según afirma Jorge con un tono bastante desesperanzador.

“El año pasado se incorporaba sexto de primaria a la LOMCE y desde la Conselleria de Educación solo se pidió que se realizara un informe de cada alumno con su nivel de competencias”, asegura Francisco Borrell director del Colegio Carmelitas “La Presentación” de Alcoy. Las pruebas de evaluación del pasado curso quedaron como algo voluntario y en ningún caso fueron exámenes realizados por evaluadores externos. Los resultados tampoco tenían carácter vinculante para la obtención del título. “Este año se incorpora cuarto de ESO a la nueva ley y desconocemos cómo se va a realizar el proceso” afirma el director del centro alcoyano.

La preocupación real de los docentes envuelve a los alumnos de cuarto de la ESO. Los alumnos que aprueben el curso tendrán que realizar un examen final para optar al graduado escolar

Es muy negativo para los docentes y para los estudiantes que las leyes de educación puedan ser tan fáciles de cambiar. En los profesores crea cansancio y falta de perspectiva de futuro porque no acaba de crearse una estabilidad, ya que realizar nuevas programaciones, cambiar asignaturas, lenguas vehiculares, editoriales y demás elementos del sistema siempre es complejo y laborioso. “Esta inestabilidad acaba por afectar a los estudiantes”, garantiza Borrell. Medir el grado de consecución de objetivos de los alumnos y poder marcar unos mínimos, que permitan a las escuelas saber si están realizando bien su trabajo, siempre es algo positivo, “pero no creo que a través de estos exámenes sea la manera más acertada” afianza el directo y profesor de Las Carmelitas.

No obstante, los educadores no son los únicos que no tienen ninguna información al respecto. “Los padres estamos muy desinformados, pero los culpables no son los centros educativos”, alega MªRosa Simó Pedros portavoz de la AMPA del IES Matemátic Vicent Caselles Costa. Tanto los padres como los alumnos se sienten abrumados ante esta situación, de estos exámenes depende el futuro de muchos estudiantes y la situación que se vive en este ámbito es muy tensa. “Las reválidas nos parecen horrorosas, creo que la mayoría de los padres queremos que las quiten”, insiste Simó.

España necesita ponerse al nivel laboral de Europa

Asímismo, la nueva legislación no permite, a los antes llamados alumnos de diversificación (PDC) acceder al Bachiller, si reciben el graduado escolar, solo tendrán la opción de lo grados de formación profesional y la posibilidad de estudiar un ciclo superior. Según la nueva ley, aplicada el 8 de septiembre, las materias durante el curso final de secundaria se dividirán en dos ramas: las asignaturas orientadas al ámbito científico académico (Universidad) y las orientadas al ámbito práctico laboral (Formación Profesional).“Estoy seguro de que la intención de esta ley no era negativa” reflexiona Cano. La idea era fomentar la Formación Profesional, pero ha sido realizada de forma tan agresiva que solo han desprestigiado los grados medios y molestado a la población. La LOMCE pretende que la juventud española se situé al nivel de producción de los grandes países europeos como Francia. “España tiene el triple de diplomados universitarios que los países más productivos”, insiste el pedagogo.

En la Unión Europea prima la Formación Profesional porque se busca un dinamismo práctico en el ámbito laboral. En España la Formación Profesional no es la opción más escogida. Solo el 34% de los estudiantes españoles está cursando un ciclo medio o superior. La media europea oscila entre el 48% y 50%. Este porcentaje sitúa al Estado español entre los países europeos con menos alumnos en esta especialidad, según los datos Eurostat de 2014.

Las reválidas pueden crear elitismos educativos

Este tipo de pruebas finales de etapa determinan la titulación de los estudiantes de las etapas de ESO y Bachillerato sin tener en cuenta los resultados académicos obtenidos a través de la evaluación continua. “El resultado negativo en ellas supone dejar sin validez alguna los años cursados durante cada etapa y anulan el esfuerzo y el rendimiento de los y las estudiantes en los cuatro cursos de duración de la ESO y los dos del Bachillerato”,  asegura Vicenta Jiménez representante de Podemos en la Cámara Alta por la provincia de Alicante y profesora de secundaria.

El Grupo Unidos Podemos en el Senado, junto a otras formaciones políticas que han apoyado la acción, ha presentado una moción para retirar el Real Decreto que regula las reválidas en ESO y Bachillerato. Los motivos son muy diversos; una de sus mayores preocupaciones es el aumento del abandono escolar temprano, que según todos los indicadores internacionales, es una de las grandes lacras del sistema educativo español. “Es especialmente grave en el caso de la ESO porque dificultar el logro de una titulación tan básica y mínima, como es la de esta etapa , supone abocar a un sector de la ciudadanía a la exclusión educativa y, en consecuencia, a la exclusión social.” señala la Senadora.

“Esta situación facilitará el incremento de las desigualdades sociales y personales”, Vicenta Jiménez.

El valor y la configuración de este itinerario formativo dificultará su continuidad en el sistema educativo y, por tanto, su inserción en un mercado laboral.“Es un gran error plantear la educación como una carrera constante de obstáculos”, manifiesta la senadora y educadora. Durante las pruebas el desarrollo integral de las personas en formación se va a ser sustituido por una única evaluación. Las reválidas dirigirán tanto la propia metodología docente como el esfuerzo del alumnado hacia los aspectos que se van a evaluar en estas, sin tener en cuenta el desarrollo integral de las personas en formación. “Suponen dejar sin apenas credibilidad el criterio de los profesores y actuar con falta de consideración y confianza en la tarea de los profesionales de la enseñanza”, observa la filóloga Vicenta Jiménez.

Estudiante de segundo de Bachiller estudiando/ Sara Gómez

Alumna de segundo de Bachiller estudiando/ Sara Gómez

De igual modo, otro aspecto preocupante es la posibilidad de hacer públicos los resultados de estas pruebas ( la LOMCE lo permite). Esto fomentará el establecimiento de “rankings” entre centros educativos y potenciará la existencia de escuelas de primera y escuelas de segunda categoría. “Esta situación facilitará el incremento de las desigualdades sociales y personales”, sustenta Jiménez.

En cualquier caso, si no se retiran, con el curso ya comenzado, tanto los profesionales de la educación como el alumnado se enfrentarán a finales del presente curso a unas pruebas de las que nada saben, sin que se haya tenido la posibilidad de introducir en la programación escolar anual los elementos que pudieran facilitar a los estudiantes la superación de estas reválidas. “Al final, si se hacen las pruebas, deberemos entrenar a los alumnos para estos exámenes y no para ser competentes en general”, garantiza Francisco Borrell.

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