Lejos con mi sueño

Las historias de tres mujeres ligadas al mundo del fútbol

María Miret recorrió exactamente 8.540,39 kilómetros para poder vivir de lo que realmente quería: el fútbol. En Texas (Estados Unidos) estaba fijado su objetivo y apostó todo lejos de su familia y amigos. En cambio, Laura Mira juega al fútbol desde que aprendió prácticamente a andar, con cuatro años, y decidió intentar vivir del fútbol en su país, España. En el banquillo como entrenadora y preparadora física de las categorías inferiores del Elche C.F. está Rocío Fenoll, estudiante de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en la UMH.

L. Mira: “España está a la cola del fútbol femenino” Audio
La manchega Laura Mira no tenía duda de lo que quería ser: futbolista. Empezó a jugar a fútbol con chicos en la escuela de su pueblo con tan solo cuatro años. A los once, la llamaron de la Liga Regional para jugar en el Alcázar de San Juan Femenino, y no dudó en acudir. Poco a poco empezó a crecer -como persona y como futbolista-, se proclamó con la Selección de Castilla La Mancha subcampeona de España y, cuando cumplió dieciocho años se interesaron por ella en el club de Segunda División de Fútbol Femenino de Albacete. Siempre ha tenido claro lo que quería, y si en algún momento le propusieran irse fuera de España a jugar, indudablemente contestaría que sí, por que “sea como sea, las condiciones seguro que serían mejor”. Es más, las mejores futbolistas que tiene España en la actualidad, como ahora Verónica Boquete, Virginia Torrecilla o Vicky Losada, han tenido que emigrar para poder jugar y vivir dignamente de lo que consideran su profesión. Está cansada de escuchar comentarios como: “los partidos de los equipos femeninos son aburridos”, “nunca serán igual que los equipos de chicos”. En la actualidad, solo hay una mujer que juega al fútbol por cada diez hombres: en España hay 674.326 licencias en fútbol masculino mientras que en femenino sólo 38.154. Estados Unidos encabeza la lista de licencias en fútbol femenino con 1,4 millones, seguida de Alemania con 1 millón. Lejos queda España que dispone sólo de 40.000 licencias.

R. Fenoll: “Aún queda mucho camino por recorrer” Audio

Rocío Fenoll estudia Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en la UMH y justo hace un año empezó sus prácticas en el Elche C.F. Actualmente lleva dos equipos: el de benjamines en el que es la entrenadora fija y también forma parte del equipo filial femenino del Elche C.F como preparadora física y ayudante del entrenador. Una mujer en un mundo generalmente de hombres: entre los dieciséis equipos que compone la Primera División Femenina de Fútbol español, solo hay dos mujeres entrenadoras, Laura Torvisco y Milagros Martínez. Desde que Rocío empezó a formar parte del banquillo del Elche C.F. notó que algunos padres tenían algún inconveniente, incluso escuchó algún comentario despectivo dudando de su profesionalidad y conocimiento sobre fútbol por el mero hecho de ser una mujer. A nivel físico, existen diferencias entre mujeres y hombres, como la intensidad en los entrenamientos y partidos o el carácter de unos y otras para acatar las órdenes de los entrenadores. A nivel de rendimiento, absolutamente ninguna: tanto chicos como chicas entrenan las mismas horas, el reglamento es el mismo para ambos, siguen dietas estrictas y, por lo tanto, se sacrifican de la misma forma bien sean de un sexo u otro. Para Rocío, la gran diferencia es la repercusión mediática que se les da a unos partidos y en cambio a otros no. Aunque Iberdrola, el principal patrocinador de la Selección Española de Fútbol Femenino está empezando a apostar muy fuerte por ellas retransmitiendo muchos partidos en el canal en abierto GolTV, queda mucho camino por recorrer.
Rocío Fenoll dedica entre diez y doce horas semanales a la preparación física

Cifras económicas desiguales

Alexandra Morgan cobra 2,7 millones de euros al año, y es comparable en el fútbol femenino mundial con Cristiano Ronaldo, que se desembolsa al año 32 millones de euros. Las diferencias no quedan ahí: un equipo campeón de Liga Femenina Absoluta puede desembolsarse 1.352 euros, frente a los 12.000 euros que recibe un equipo campeón de Liga Masculina Juvenil. A pesar de que cada vez el fútbol femenino se está haciendo un hueco en la sociedad actual, aún sigue habiendo diferencias tan abismales y reales como lo son estas cifras.
Entre el 6 de junio y el 5 de julio del año 2015 se celebró en Canadá el Mundial de Fútbol Femenino, séptima edición del máximo torneo femenino a nivel selecciones del mundo. Un total de 24 selecciones de alrededor del mundo se vieron las caras, siendo la primera vez que este evento tan importante se celebra en este país. Un total de 22,4 millones de euros fueron reportados por el gobierno canadiense para la remodelación de cuatro estadios y la construcción de dos nuevos, entre otros datos.

Pero, el mundo del fútbol sigue siendo desigual. Un año antes del Mundial Femenino, se celebró en Brasil el Mundial de Fútbol Masculino. Una media de 53.600 personas veían cada partido, una cifra que sigue estando muy alejada del femenino. Todo el Mundial fue retransmitido por las televisiones españolas, mientras del femenino no se emitió ni un solo partido. La gran diferencia entre el 1,4 millón de licencias de fútbol femenino que posee Estados Unidos y las 40.000 de España se refleja en que, en Estados Unidos, la final del Mundial Femenino de Canadá 2015 que enfrentaba a la Selección Estadounidense y a la Japonesa, fue el partido de fútbol más visto en la televisión americana. Un total de 26,7 millones de personas se sentaron frente a la pantalla de su televisión para ver dicha final.

El fútbol femenino sigue considerándose diferente. Y una de las razones es el dinero. De los dieciseis equipos que componen la Primera División española Femenina, la mayoría de ellos no cobran entrada para ver un partido. Lo más caro que puede costar una entrada son diez euros, como por ejemplo para ver el Athletic Club. La mayoría de los equipos -aún siendo de Primera División- han decidido no cobrar entrada al público para intentar lograr captar mayor afluencia. Entre este público, de unas 100 personas -a lo sumo- que pueden ir a ver un partido de liga de la Primera División, en torno a unas 80 son familiares y amigos, por lo que no sale rentable cobrar entrada.

Cruzó el charco por su sueño 

Audio En el año 1995 nació María Miret, natural de un pequeño pueblo costero de la provincia de Valencia. Con 5 años empezó a jugar a fútbol, deporte que considera que es “lo que más aporta a su vida y su verdadera obsesión”. Fue fija en las categorías inferiores de la Selección Española y, un día sin más, se vio obligada a emigrar y saltar el charco. Se alejó de su familia y amigos, exactamente a Estados Unidos. Allí le dieron una oportunidad que en su país natal no tenía: jugar a fútbol con un sueldo digno y al mismo tiempo compaginarlo con la carrera de Arquitectura. En España no tenía ninguna compensación económica por jugar en la Primera División, por lo que como siempre había barajado la posibilidad de irse, decidió emprender el viaje que cambiaría su vida. Allí conoció una nueva cultura, nuevos horarios y perfeccionó el inglés. A día de hoy, ya residente en España y dos años después de haberse marchado, considera que lo que más le ha aportado la experiencia americana es recuperar la ilusión por el fútbol. Se sigue comparando a España futbolísticamente con África, y no con Alemania, Francia o Estados Unidos, ya que no se avanza ni se le da la oportunidad ni los medios a las futbolistas españolas de crecer. Es por eso que tienen la necesidad de irse fuera de España: Inglaterra, Francia y Estados Unidos son los principales destinos de nuestra élite femenina del fútbol. Allí son consideradas piezas clave, ya que -igual como los hombres- dan todo de sí durante los 90 minutos de partido.

Miret fue fija en la Selección Española

Todas ellas se han planteado si lo que estaban haciendo en el mundo del fútbol -bien sean jugadoras o entrenadoras- iba a llegar a algo. Plantearse todas esas preguntas hace que lo vivan cada día intensamente y si no lo tuvieran sentirían que probablemente su vida está vacía.

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