«Ser ludópata me ha costado 200.000 euros»

ricardo barreira

Ricardo Barreira Baños / Ex ludópata

Ricardo Barreira Baños / ex ludópata / AUDIO

Ricardo Barreira (Verín, 1972) llegó al infierno de la ludopatía en el año 2000. Su vida no ha sido fácil. La adicción por el juego le golpeó a edad temprana y le dio al billete a una odisea hacia el azar. Entre Vigo y Vitoria se desarrolla su historia: un relato de un escolta durante la actividad armada de ETA que acabó viviendo en su coche tras perder todo su dinero en las tragaperras. Tras terminar la relación con su mujer y mantener varios años de «contacto cero» con su familia, hoy es un hombre «rehabilitado» que ejerce como monitor en la Federación Española de Jugadorez de Azar Rehabilitados (FEJAR). «Durante la enfermedad no eres dueño de tu dinero», asegura.

Pregunta: ¿Cómo empezó su problema con el juego?

Respuesta: Mi contacto real empezaría sobre los 18 años, cuando echaba partidas al tute después de comer. Después me pasé al póker. Primero me jugaba con mis compañeros de trabajo los cafés, luego las copas y, al final, el dinero. A partir de ahí me enganché a todo lo relacionado con apostar y jugar.

P: ¿Le iba bien en el ámbito laboral?

R: Tenía trabajo estable desde muy joven porque antes había más oportunidades, no como hoy en día. Mi primer trabajo fue de vigilante en Vigo y luego fui escolta en el País Vasco, donde ganaba unos 6.000 euros mensuales.

P: ¿Cuánto dinero le ha costado ser ludópata?

R: Aproximadamente, puedo asegurar que he perdido unos 200.000 euros en todo este tiempo. No obstante, tampoco puedo decir que me gastaba grandes cantidades en mis inicios porque no es cierto.

P: Su mejor día…

 R: Durante mis años como ludópata, lo máximo que gané fueron 600 euros. Recuerdo que fue el único premio que me lo cobré con talón. Eso sí, me tocó después de haberme gastado en un día casi 5.000, por lo que la ganancia no fue real.

P: ¿Cuándo se dio cuenta de que tenía un problema?

R: La primera vez que entré en la Asociación Gallega de Jugadores Anónimos (AGAJA) fue en el año 2000. Estaba casado y seguía jugando y trapicheando con créditos hasta que un día toqué el dinero de la que entonces era mi mujer. En ese momento se descubrió todo el percal. Por desgracia, mis padres me pagaron todas las deudas. Yo tenía ingresos gracias a mi trabajo e iba a tratamiento, simplemente, para calentar la silla. Cuando fui a Vitoria para ejercer de escolta no tenía un autocontrol y no tenía que justificarme ante nadie. Tenía un nivel económico alto y no veía que la ludopatía me repercutiese. Con el pasar de los años, el sueldo iba bajando poco a poco, pero mis gastos seguían siendo los mismos  o incluso más. Llegué a vivir en mi coche. Un día me desperté y me dije: «Richard, hasta aquí».

P: ¿Qué sentía al jugar?

R: Una sensación similar a la de cuando te enamoras de primera vez. Tenía un hormigueo antes de empezar a jugar y mientras lo hacía. Solo por el hecho de hacer eso. Me daba igual ganar o perder. Es más, estoy seguro de que si el día que me tocaron 600 euros hubiesen sido 300.000, los habría apostado. Tenía descontrol por el juego. De hecho, los ludópatas nos excusamos con la idea de jugar todo el rato para intentar recuperar pérdidas. Cuantas más ideas a las que agarrarnos, mejor.

P: Rafael Catalá Polo, actual ministro de Justicia, fue secretario general y del Consejo de Administración de Codere, donde conserva aún el cargo de vocal de la fundación. ¿Qué le parece?

R: Es una vergüenza. Que Rafael Catalá sea ministro de Justicia es como que un lobo sea el encargado de vigilar un gallinero. Pero el tema de las puertas giratorias se puede extrapolar a cualquier asunto relacionado con la política de hoy en día. No tienen ningún sentido la forma de legislar en este país. La propia administración es operadora de juego al final. Un claro ejemplo es el de la lotería del estado. Luego, consideran a los ludópatas como unos viciosos, no como unos enfermos. Hay muchísimos intereses económicos por medio. ¿Qué se le va a hacer? ellos luchan por lo suyo y nosotros por lo nuestro.

 

 

 

 

 

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