“Los refugiados están esperando hasta diez horas para poder entrar a un campo a comer o a lavarse”

Nuria Oliva | Coordinadora RAFAR

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Nuria Oliva en la primera asamblea de RAFAR en la Universidad de Alicante

La crisis de refugiados ha despertado el lado solidario y humanitario de la sociedad que en numerosas ocasiones queda mermado ante la desinformación de los medios. Distintas iniciativas ciudadanas han hecho un llamamiento a Europa para colaborar en la medida de lo posible con los protagonistas y principales sufridores de esta situación, los refugiados. En Alicante, la Red Alicantina de Familias de Acogida a Refugiados (RAFAR) ha movilizado a la población y ha puesto en marcha una Caravana Solidaria ante el conocimiento de una realidad arisca: las ayudas no llegan siempre a su destino y los que aún no son refugiados deambulan por las fronteras. Nuria Oliva (Madrid, 1976) es la coordinadora de RAFAR y cuenta cómo conectados con otras organizaciones, tejerán una red para hacer llegar esa ayuda sobre el terreno, el escenario que no todos ven.

Pregunta. – ¿Qué acogida ha tenido la caravana en la sociedad?

Respuesta.- La sociedad como siempre responde muy bien ante la solidaridad. Al principio parecía que no estaba teniendo mucha recepción pero en todas las campañas, cuando se acerca el final de la misma, todo el mundo se vuelca y hasta vamos a tener que alquilar un camión más grande para poder llevar la ayuda humanitaria.

P.- ¿Cuál será la ruta a seguir?

R.- Saldremos desde Mutxamel hacia el centro de Europa. El viaje dura siete días, se tarda un día en llegar a Austria, el punto de referencia y donde tenemos contacto con otras organizaciones. Una vez allí estableceremos el siguiente punto de la ruta porque la situación es muy cambiante, cada 48 horas es diferente. Al principio marcamos la ruta a Serbia, pero los compañeros que fueron a reconocer la zona no lo vieron viable. Ahora mismo la aglomeración está en Alemania, es impresionante lo que encontramos allí, los refugiados están esperando hasta diez horas para poder entrar a un campo a comer o a lavarse. Por eso creemos que lo mejor es una vez que estemos sobre el terreno dirigirnos al campo.

P.- ¿Qué contactos son los que tenéis allí?

R.- Son organizaciones que están trabajando sobre el terreno, han llevado ayuda humanitaria y han montado incluso campamentos. Hemos intentado contactar con ACNUR para que nos dejaran el mapa para ver donde estaban sus campos y repartir allí la ayuda y no hemos obtenido respuesta. Lo intentamos también a través de Gloria Vara, la concejal de inmigración del ayuntamiento de Alicante y de momento tampoco ha tenido respuesta ella de donde están ubicados y de cómo se van a hacer las cosas. Con Médicos Sin Fronteras sí que hemos contactado, el trato en España muy bien pero luego una vez allí nos encontramos mucha frialdad.

P.- ¿Cuáles son las ultimas noticias que habéis tenido de la gente que está allí?

R.- Retenciones kilométricas en las carreteras colapsadas de todos los vehículos que intentan acceder y registros continuos de la policía. Una vez allí no son muy receptivos. En Croacia son bastante ariscos con la gente que va a ayudar, y en Serbia hasta se reían de la iniciativa que habíamos planteado. En Hungría, que atraviesa una situación muy complicada, están reteniendo a refugiados porque los consideran inmigrantes ilegales. Es bastante triste lo que sucede, a nuestro entender no nos gusta como están tratando a los refugiados . No sabemos si llegaremos hasta Hungría o la iremos repartiendo por los campamentos en Alemania, Austria, pero a las fronteras con Hungría y con Croacia seguro.

P.- ¿Qué equipo formará la caravana?

R.- Somos diez personas las que vamos a viajar, casi todo mujeres y dos hombres confirmados. Además contamos con la ayuda de los voluntarios en Estrasburgo y de las otras organizaciones, por lo que en ese sentido no nos preocupa cómo repartir la ayuda. Pero vamos también para analizar la situación y ver de qué forma se puede seguir ayudando a esas organizaciones. Ahora mismo tenemos contactos en Alemania, en Francia, Austria, Hungría, Serbia y Croacia.

P.- ¿Qué es lo peor que puede pasar?

R.- Lo peor quizás sea asimilar lo que nos vamos a encontrar, esas personas arriesgan su vida desde el minuto cero en el que salen de su país en conflicto y lo peor será eso, cómo están las personas y ver que quizás no podemos hacer más.

P.- ¿Qué puede hacer RAFAR y otro tipo de iniciativas desde un punto de vista político?

R.- No podemos más que pedir a los que gobiernan que reaccionen lo antes posible y por supuesto que no cierren esas cuotas, porque ahora mismo la situación es muy dramática. En septiembre se hizo un protocolo desde la Unión Europea en el que se destinaban 14 millones de euros a Italia y a Grecia para que se encargaran de hacer los listados de seleccionar a las familias que iban a ser acogidas en Europa. Tenían dos días de plazo para empezar a hacerlo, no lo hicieron, y por lo tanto, la normativa que se redactó no entró en vigor hasta que empezaron a hacerlo. Ahora se hace en Hungría, en Grecia y en Italia, pero sólo para 120.000 personas. Hay cerca de medio millón o más de personas deambulando por las fronteras a las cuales se les considera inmigrantes ilegales. Lo único que podemos pedir es que haya más humanidad y más voluntad política y que por favor se acojan a más personas, no sólo lo que ellos han querido seleccionar.

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