M. Ángel Díaz, presidente de ASNIE: “Las emociones siempre han existido, ahora solamente las estamos poniendo en valor”

Miguel Ángel Díaz Escoto (València) es licenciado en Psicología por la Universitat de València i tiene un máster en Dirección y Gestión de Recursos Humanos. En su trayectoria profesional son trending topic el liderazgo, la inteligencia emocional, la estrategia empresarial, la formación de personas y las conferencias, entre otros. Actualmente preside la Asociación Nacional de Inteligencia Emocional.

Foto Miguel Ángel
P. Miguel Ángel, desde la base, ¿de las tres definiciones de emoción que expone en sus conferencias con cuál se queda?

R. Hay tres caminos diferentes. Técnicamente una emoción es una reacción psicofisiológica porque actúan mente y cuerpo ante un evento que puede ser creado en el exterior o que lo hemos creado en nuestro interior.

La más sencilla, y con la que me quedo, es que una emoción es una combinación de dos cosas: un nivel de activación o de energía –hay emociones que activan más o que activan menos-; y la agradabilidad, hay que resultan agradables y otras no. De la combinación de estas dos variables empezamos a hablar de emociones.

P. ¿En qué se diferencian de un sentimiento y un estado de ánimo?

R. Primero que se generan en partes diferentes del cerebro. La durabilidad es la segunda diferencia. Una emoción dura segundos o minutos, es muy efímera. Un sentimiento, es más duradero. Desde horas a algún día quizá. Y el estado de ánimo es una emoción muy intensa que se queda enquistada que se queda durante varios días.

P. En uno de sus artículos menciona ‘educastración emocional’, ¿a qué se refiere?

R. Es el término que utilizo para que la gente recuerde y hacerles saber que creo sinceramente que no hemos sido educados en emociones, es más, hemos sido educados en un entorno que se nos ha invitado a ocultar las emociones, porque puede ser un síntoma de debilidad. Ni hemos sido educados para identificar emociones, ni nos han enseñado a qué hacer cuando sentimos una emoción que no es agradable ni a interactuar con personas que están sintiendo emociones.

Afortunadamente, hay centro educacionales en los que, aunque sea de manera opcional, se imparten clases de educación emocional. Y poco a poco los colegios también se van sumando.

P. Siguiente escalón y más importante… Inteligencia emocional.

R. Ahí vamos… La inteligencia emocional es un conjunto de habilidades que le va a permitir a una persona utilizar las emociones a su favor y no en su contra. Por ejemplo cuando dices algo a raíz de un enfado y te arrepientes al instante, la emoción te ha controlado a ti, sería justo lo contrario.

“A la gente se le contrata por sus conocimientos, sin embargo se les despide por su falta de habilidades”

P. ¿Cómo influye este apartado dentro de una empresa?

R. Es el gran asesino silencioso dentro de una empresa. A la gente se le contrata por sus conocimientos, sin embargo se les despide por su falta de habilidades. La Inteligencia emocional, desde que las empresas están formadas por personas que interactúan con personas, es muy importante tratarla. Hay estudios ya de cómo es el impacto del clima laboral de un equipo en la productividad de ese equipo, con datos bastante significativos. Un equipo contento va a rendir hasta un 30% más.

P. Es común la frase “yo hago mis 8 horas y a casa”…

R. Sí es cierto, la he escuchado muchas veces. Las personas que piensan así es porque no les apasiona su trabajo. He hecho alrededor de 3000 entrevistas de selección de personal y llegó un momento en el que dejé de mirar el CV. Miraba los ojos y veía si la persona quería y le iba a apasionar ese puesto o no. He visto gente haciendo cola delante de un reloj de fichar y marcharse, y he visto gente que tenía una tarea por hacer que le iba a llevar poco tiempo y se ha quedado. La diferencia es el grado de pasión. Habría que darle un golpe al mundo, cual tablero de ajedrez, porque son muchos los que no están en el sitio correcto y adecuado a causa del miedo.

P. ¿Estas habilidades de las que hablaba se pueden entrenar?

R. Hay que diferenciar entre actitud y aptitud. La actitud no se puede entrenar, la aptitud sí. A la hora de contratar, un idioma determinado se puede aprender, pero el encajar bien, llevarse bien con el responsable, etc, eso se tiene o no se tiene. Estamos poniendo el foco en los líderes, no en lo que ellos piden sino en lo que ofrecen a sus equipos. Hay que enseñarles a que se conozcan, a que sepan manejar emociones, a incidir positivamente en el clima de sus equipos, a resolver conflictos, a ponerse a disposición de los demás.
P. ¿Pero esto se gestiona solamente con las partes altas de un organigrama?

R. No, no se puede trabajar solo con un estrato. Debe ser un plan conjunto, ahora, eso sí, la dirección general se lo tiene que creer, si ellos no creen en todo esto, de nada sirve. Cada línea del organigrama tiene sus propias necesidades. No es lo mismo formar a la base, a empleados que solamente tienen que gestionarse a sí mismos, a cuando subimos niveles y ponemos la variable de gestionar a otros.

P. ¿Cómo se analiza la salud de un equipo de trabajo?

R. Hay varias maneras de hacerlo. De manera informal, por observación. Cuando el equipo trabaja de manera real, te pones en una esquinita, en una reunión, y ves qué sucede. A ver las relaciones. La otra, que cada vez se usa más, es la de medir de forma tangible. Se trata de preguntarle a personas que están alrededor de un profesional qué tal es, qué tal sus habilidades. Medir es la mejor manera.

P. ¿El deporte conjunto, como actividad extraempresarial, entra dentro de las pautas?

R. El problema es cómo combinarlo con la jornada laboral, porque si ya pedimos reducciones es complicado. Pero claro, lo que genera la actividad física es todo positivo. Si se consigue combinar con las horas de trabajo, perfecto.

“El talento no se puede retener, el talento escoge”

P. Todo esto, claro, supone una inversión…

R. Evidentemente. Pero la inversión es fundamental dependiendo del sector en el que te mueves y del producto o servicio que ofreces. Hay que fidelizar el talento, y eso pasa por generar entornos saludables. Si generas ese entorno, las personas no querrán marcharse. La inversión no pasa por cuánto puedes ganar sino cuánto puedes evitar perder. El talento no se puede retener, el talento escoge. Tenemos que generar climas donde ese talento quiera explotarse. Por otra parte, los malos nunca se van, y si haces mal las cosas te quedarás con los malos.

P. ¿Se muestran reacias las empresas en invertir en todo esto?

R. Cada vez hay menos empresas que necesitan mejorar las relaciones de sus trabajadores porque ya han desaparecido. Y siguen echándole la culpa a la crisis. No a la mala gestión. Aunque hay empresas que sobreviven, pero porque tenían y tienen buenas personas dentro. Existen sociedades que podrían aumentar de un 20 a un 30% su facturación si gestionaran mejor los vínculos. Vaticino una fuga de talento importante cuando se reactive el mercado laboral.

P. ¿Es nuevo el perfil del profesional encargado de mejorar esas relaciones?

R. No es algo novedoso. Pero ahora le estamos poniendo nombre y apellidos, y sobre todo poniéndolo en valor. Pero ha existido siempre. Las emociones son muy antiguas, pero cada vez sabemos más sobre ellas. Siempre ha habido empresarios que se han preocupado por sus trabajadores, han creado un buen clima. Ahora lo ponemos en valor porque se ha demostrado que realmente tiene un impacto sobre los resultados.

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