Madueño: el retrato con voz propia

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Visitante con el folleto informativo de la exposición de Pedro Madueño en el hall de CaixaForum Madrid | SÁNCHEZ DÍAZ-HELLÍN

En la tercera planta del centro cultural CaixaForum, bailarines, escritores, actores y fotógrafos cuelgan de las paredes de un edificio que llama la atención de los viandantes por su destacada arquitectura y por hallarse en el conocido “Triángulo del Arte” de la capital española. Pedro Madueño abre la puerta al mundo interior de 50 personas célebres del ámbito artístico nacional e internacional en una exposición que va más allá de la inmediatez de la fotografía. Bajo el nombre “Cinco minutos. Retratos periodísticos. 1977-2015”, roba a todo aquel que la visita algo más de su tiempo.

El fotoperiodista del diario La Vanguardia, se cuela en habitaciones de hoteles y hogares para conseguir los mejores retratos de personajes que han sido en algún momento de esta época motivos de noticia. Comisariada por Julià Guillamon no es la exposición que más flujo de gente mueve en el edificio en el puente de diciembre. Muchos visitantes entran de paso, pero todo curioso que se asoma recorre la exposición entera. Unos sonríen al reconocer a las celebridades y otros comentan la vida de algunos de ellos. Como muchos, José Gutiérrez ha ido a ver la exposición de gran formato “Arquitectura orgánica, arte y diseño” de Alvar Aalto pero ha subido a la tercera planta a visitar al periodista. “No he venido a ver a Pedro Madueño a propósito pero me ha gustado mucho. Conocía algunas de sus fotografías y me ha sorprendido lo directo que es, no hay artificios”. Sin embargo, el éxito de la misma está asegurado por los números: “Tenemos alrededor de 500 visitantes diarios y ya vamos por 26.000. Es una cifra muy buena teniendo en cuenta que es una exposición de pequeño formato y que en CaixaForum la fotografía es una línea de programación que mantenemos en todos nuestros centros”, declara Eva Nogués, del área de programación de CaixaForum Madrid.

Bailarines, escritores, actores y fotógrafos cuelgan de las paredes de CaixaFórum

Primeros planos, detalles de miradas y las arrugas de algunos rostros revelan los aspectos más personales de los protagonistas. El artista recrea una relación de intimidad con la obra convirtiendo la sala en un pequeño hotel donde se hospedan  todos los retratados, en el que cada foto es la puerta de acceso a la habitación de cada uno de ellos.

Las fotografías se plasman en tres conceptos. El primero se titula: “Fotografía lo que no veas”. Once fotos que dejan ver lo que otros nunca han visto de sus protagonistas. Nazario Luque aparece desnudo y recostado sobre un cojín de leopardo con las piernas encogidas en el sofá de lo que podría ser su casa. Esta vez, el voyeur es el público, que lo observa en un hábitat donde los hibiscus que sujeta con su mano y tapan parte de su cuerpo desnudo dan un aire tropical y desenfadado al artista contracultural por antonomasia.

La sala se convierte en un pequeño hotel donde se hospedan  todos los retratados

Sorprende el primer plano del rostro del fotógrafo Manuel Esclusa boca arriba, de cuyos labios emana una perfecta nube blanca de humo que sobrevuela su cabeza contrastando con la intensidad del fondo oscuro. Ese contraste junto a la escasa iluminación (propia de las obras del mismo Esclusa) lo rodea del aura de lo característico de su trabajo. No es el único fotógrafo de la sala que posa para él. A Francesc Catalá Roca le dedica dos fotos. Una a su rostro, mitad iluminado y mitad en sombra, y otra al plano detalle de su mano arrugada sujetando el objetivo de una réflex analógica. Una foto del artista tomando otra foto.

El segundo concepto queda agrupado bajo las palabras “El retrato es el género más completo, la esencia misma de la fotografía”. Esta parte aglutina retratos de miradas. Miradas íntimas y desafiantes, como la de Ferrá Adría, con el pecho a descubierto; miradas sabias como la de un maduro Fernando Fernan Gómez 25 años atrás; seguras, como la de la vedette Tania Doris mientras sujeta sus pechos desnudos, o concentradas, como el contrapicado de José Tomás que intuye la otra parte de la foto: el torero sólo ante su objetivo en plena plaza abarrotada.

“Hay un paisaje en cada rostro, con relieves que explican la persona”. Esta es la última parte de la exposición que podría resumir con pocas palabras la esencia de Pedro Madueño. Quizá sea la parte más íntima, donde esos relieves también explican las sensaciones capturadas bajo la mirada de Madueño y de todos los visitantes. Sensaciones de seriedad observando a un Quim Monzó a medio afeitar y sensación acogedora con un Terrenci Moix recién levantado y en batín.

Desde Madrid, Madueño también muestra el lado vivo de la cultura de una Barcelona llena de artistas por la que pasea Eduardo Mendoza. El escritor desciende la calle con el abrigo abierto y las manos en los bolsillos, perseguido por su propia y alargada sombra, como si de unos de los personajes de la misteriosa “La verdad sobre el caso Savolta” se tratase. Viajes a libros, a bailes en directo, a hoteles, al movimiento cultural de Barcelona y a una intimidad propia del retrato saltan de las páginas del periódico al museo hasta el 10 de enero.

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