“Mi meta en la vida es ser una obrera del templo mormón”

SOLEDAD SÁNCHEZ CAMPOS, Presidenta de Mujeres Jóvenes.

Hombres trajeados y de apariencia pulcra recorren las urbes en busca de nuevos adeptos a su fe. Entre el blanco impoluto de sus camisas abulta una chapa con la palabra elder. Tras estas cinco letras esconde la religión de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, mejor conocida como Iglesia mormona. Hablan de reinos y principados, de dualismo alma y cuerpo, e intentan acoger en sus creencias a todo aquel que se cruce en su camino para convertirlo en digno. Constancia de ello tiene Soledad Sánchez, presidenta de la organización Mujeres Jóvenes, encargada de educar a estas de acuerdo a la palabra del Padre Celestial.

Las culturas humanas se deslizan por el sistema nervioso que conforma la sociedad. Cada una de ellas con un propósito de vida y una creencia particular. Desde su existencia, el ser humano ha necesitado darle sentido y fortaleza a su vida mediante la fe, más allá de lo que el término representa en su significado más religioso. Desde fe en Buda, pasando por la fe en la ciencia o el coaching. Todos necesitan un colchón que les amortigüe en las épocas de mayor debilidad.

Soledad Sánchez encontró el sentido de su vida de la mano de la Iglesia mormona recién entrada en la adolescencia. Bautizada y comulgada por el Catolicismo, cambió de rumbo al adentrarse en esta nueva fe de la mano de las misioneras. “La Iglesia mormona comenzó a tener más sentido para mí que la católica. Descubrí el por qué estamos aquí y el sentido de vivir en la Tierra mediante el Plan de Salvación”, declara la creyente. A su vez, asegura que es una Iglesia más activa, “el vivir diario es lo que enriquece a nuestra religión. No se basa en ir a misa el domingo, escuchar el sermón e irte”. Si hay otro factor que simboliza la devoción por la creencia en las tres figuras de esta fe (Eterno Padre, Jesucristo y Espíritu Santo), es la contribución monetaria al grupo mediante el diezmo. Esta aportación se corresponde con el 10% del sueldo de la persona adscrita a la religión, como explica la entrevistada, “las cantidades van destinadas a los libros, manuales, construcción y mantenimiento de templos y capillas, material de oficina… Siempre se contribuye con el 10%, tengas ingresos de 10 o 2000 euros”. También se realizan donaciones libres o la Ofrenda de Ayuno.

Quizás, una de las prácticas que más llame la atención de los adeptos a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la enorme tradición vinculada a la genealogía. Una de las metas de los mormones es lograr realizar un gran árbol genealógico con sus antepasados, remontándose a épocas pasadas. Para realizar esta búsqueda e inscripción de antiguos familiares, los adeptos se sellan en el templo. La finalidad de esta acción es crear un vínculo entre los miembros de la familia para que estén unidos eternamente, una vez que el alma abandone el cuerpo terrenal. Así lo defiende la presidenta de Mujeres Jóvenes, “mi árbol genealógico por parte materna se extiende hasta 1721”. A su vez, añade, “realizamos ordenanzas y bautismos de los fallecidos por aquellos que no pudieron hacerlo en vida”.

Pero, ¿qué papel desempeña cada sexo en la Iglesia mormona? Soledad Sánchez declara que hay una diferencia clara en el campo de trabajo de cada uno, “la función de los hombres está encaminada hacia el sacerdocio. Ellos bendicen la Santa Cena, visitan a las personas ancianas, viudas… También son tesoreros encargados de llevar las cuentas de la Iglesia”. Sin embargo, el papel de las mujeres destaca en que “la mujer mormona tiene mucho más trabajo que la católica”, como esclarece la creyente. “Nuestra principal función es encargarnos de los llamamientos, es decir, de organizaciones como la Sociedad de Socorro, la Escuela Dominical, Mujeres Jóvenes…”. Asimismo, tienen un programa para las jóvenes, como explica la religiosa, “el libro se llama Progreso Personal, en él la mujer tiene una serie de metas, logros y virtudes que debe alcanzar”. También añade otro libro de importancia para la vida mormona, “una vez cumplen los 18 años, se les regala una medalla de Mujer Virtuosa, acompañada del manual de la Fortaleza de la Juventud. Este es una guía de normas del lenguaje, vestimenta, castidad, música, cómo comportarse con un chico…”, manifiesta la presidenta.

La crisis económica es un factor clave en la desesperación emocional de cientos de personas. Afectadas por la pérdida del trabajo o la disminución del salario, acuden a grupos religiosos en busca de fe y amparo. “El número de adeptos desde que tenía 15 años ha aumentado. Aún así, es un proceso lento, puesto que la gente muchas veces no quiere comprometerse al ser una Iglesia de tanto trabajo”, comenta. A su vez, declara que “hay mucha gente de paso, vienen porque saben que podemos darles comida y ropa, pero no suelen escuchar y adherirse al grupo”. No obstante, el compromiso mormón no es obligado y el grupo puede ser abandonado sin ningún tipo de represalia. “Para la desconexión la persona debe hablar con el obispo y escribir una carta declarando que desea abandonar el Evangelio”, corrobora la creyente.

Las doctrinas mormónicas son comparables con la tradición arraigada del Catolicismo. Posiciones negativas, como la postura ante la homosexualidad, no cambian. Sin embargo, conceden cierto grado de “libertad” en cuestiones como el aborto, el cual puede realizarse únicamente si la mujer ha sido violada, y los métodos anticonceptivos, los cuales no están perseguidos. Estos ideales chocan con los de los sectores más progresistas, como indica la entrevistada, “hace poco golpearon a un misionero en Francia. Siempre ha existido gente que se ha burlado o te ha agredido”. Aún así, en su experiencia personal presume de ser respetada y de no haber tenido muchos problemas.

Dejando atrás la palabra de los fieles, ¿qué pasaría si cualquier persona tuviese acceso a los órganos de las grandes religiones?, ¿se esconden secretos entre cálices y pregones?, ¿se podría ir en paz?…

Sea cual sea la verdad, se tardará en dar con ella, por los siglos de los siglos.

 

 

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