Música de aquí y de siempre

El pasado sábado los sonidos del rock se abrieron paso en la noche ilicitana con la tercera edición del Katakroken Fest. En la sala municipal de La Llotja, por sólo dos euros, los amantes del Heavy pudimos degustar una cata exprés de producto autóctono. De nueve a doce de la noche más de doscientas personas se reunieron para escuchar a los tres grupos que llenaban el cartel: Hela, Threat Inside y Metralla.

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Cartel oficial del evento

Tras la introducción del presentador de la Plataforma Musical Tinaja, promotores del evento dentro del programa Alternactiu, el grupo Hela llenó el recinto con las primeras notas. Los componentes de este grupo, que lleva ya grabados varios discos, son en su mayoría ilicitanos. En primera fila, demostrando la diversidad del público de esa noche, un niño mira atentamente a la cantante de pelo carmesí; tiene cinco años y si le preguntas te contará orgulloso que toca la batería. Detrás del grupo proyectan un peculiar videoclip que mezcla imágenes de tinte antiguo con letras en inglés y sueco. Poco a poco la música nos va envolviendo, refugiándonos de la noche en su ritmo al estilo Doom Metal.

Hela

Cantante y batería del grupo Hela en directo / Á.Martínez

Una vez roto el hielo llegó el turno de la banda alicantina Threat Inside. A pesar de que sus músicos ya tienen experiencia sobre los escenarios, como conjunto definitivo se estrenaban por primera vez. El nerviosismo de todo principio se compensó con la pasión que desprendía su música con  canciones como Justify. Incluso el niño de primera fila se animó a improvisar un solo de air guitar sentado junto a su amigo en las escaleras del escenario.

Threat Inside

Cantante del grupo Threat Inside con jóvenes admiradores /Á.Martínez

Entonces llegó el momento, ese momento en el que tomas conciencia de que estás viendo un concierto de heavy metal y te lo crees de verdad, no por el movimiento de melenas del cantante, ni por los espontáneos bailes de pogo del público, sino por la esencia de la música: el doble bombo de la batería agitó cada fibra de mi ser. Los cubatas a tres euros y el tinto de verano o cerveza a uno iban haciendo efecto y ya no eran sólo los amigos de la banda, que venían a apoyarles en su primer debut, los que acompañaban la música con la cabeza. Conforme se animaba la gente pasaba justo lo contrario que en cualquier discoteca de música comercial; no se formaban grupos. La gente se expandía mucho más y se mezclaba entre sí, desplazándose hacia la zona que mejor le viniera para disfrutar la velada, los puestos de merchandising, la barra, las primeras filas, las últimas o la típica “zona de baile” donde de jóvenes adolescentes a viejas glorias del rock chocaban entre sí descargando adrenalina. Pasado el epicentro de la velada el ambiente estaba ya caldeado, tanto que el selfie con el público que se hizo la banda incluía un baterista descamisado hacía ya tiempo.

 

Puede que sea lo que más enganche del rock duro, la sensación de ser parte de un grupo unido por la pasión de sentir intensamente cada nota.

ambiente

Público durante el festival /Á. Martínez

Llegó la última pausa antes del grupo final y la mayoría salimos a tomar el aire. Era el momento de contrastar opiniones y saludar a los rezagados, hablar con amigos que sólo encuentras en estos ambientes y por qué no, conocer a gente nueva del gremio. Lo bueno de estos pequeños festivales en pleno corazón de un barrio es que el ambiente es muy familiar, hablando dos minutos con una persona puedes acabar conociendo a la mitad de la organización. Además, al ser grupos emergentes, los artistas derrochan cercanía y humildad, con lo que es muy fácil expresarles tu opinión y conseguir información sobre su producto o futuros conciertos. Puede que esto sea lo que más enganche del rock duro, la sensación de ser parte de un grupo unido por la pasión de sentir intensamente cada nota. Durante unos minutos más disfrutamos del coloquio, hasta que el sonido de las púas rasgando las cuerdas y las baquetas percutiendo los parches nos reclamó de vuelta al interior para ver a los veteranos Metralla.

Metralla

Grupo Metralla tocando en directo /Á. Martínez

La experiencia es un grado y esta banda lo demostró. Supieron trasladar sin problema la música que tocaban en los noventa con su disco “La tortura de las muñecas”. Esta vez eran tres, dos de Elche y uno de Elda. Este último llevaba la voz cantante, nunca mejor dicho, quedándose con el público entre canción y canción, y animando el ambiente con ese acento vecino del medio vinalopó. Acento que desaparecía por completo cuando el torrente de voz de estos intérpretes se mezclaba con su música, transmitiéndonos una vez más la esencia del rock con la que despediríamos el encuentro.

El Heavy Metal no hiberna mientras siga latiendo en sus seguidores.

Y llegó el final del Katakroken. Fué como un eco de los conciertos propios de primavera y verano, resonando para recordar que el Heavy Metal no hiberna mientras siga latiendo en sus seguidores. Como dice Cristina, parte del público, “ya que hay pocos eventos de este tipo, cuando se organiza uno hay que venir”. Porque aunque la música de aquí no ocupe el top ventas de la indústria discográfica o no arrastre masas de adolescentes enloquecidas, mientras los que la hacen se unan para tocarla, siempre habrá gente dispuesta a escucharla y sentirla.

 

 

Testimonios:

Artistas (Guitarrista de Threat Inside y Vocalista de Hela con Guitarrista)

Organización (Presentador del evento y presidente de la Plataforma Musical Tinaja)

Opiniones (público aleatorio)

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